Por Toño Sánchez Jr.
Hace 21 años asesinaron al máximo comandante de las Autodefensas, Carlos Castaño. Este artículo es un aparte del libro HERMANOS DE SANGRE.

Vicente Castaño, ‘El Profe’, estaba sentado a las 6:00 a.m. a un lado de la piscina de su finca conocida como La Construcción a pocos kilómetros de La 15. La casa de esta hacienda era una belleza. Era una rústica construcción hecha toda en teca. La escalera que daba al segundo piso era toda una joya de ebanistería. La puerta de la entrada principal a la finca estaba inspirada en Jurassic Park.
‘El Profe’ tenía una toalla húmeda que cubría su cabeza y su mirada fija en el suelo, era una costumbre que tenía cada vez que se sentaba al lado de una piscina. Estaba a pie descalzo, con una bermuda y una camiseta. Se alcanzaban a ver en el fondo de la alberca los bellos azulejos que la decoraban.
Cuando estaba así, en esa posición como de meditación, sus trabajadores no se le acercaban si él no los llamaba, pero esta vez ‘Móvil 5’ rompió con la costumbre, llegó y lo saludó.
—Viejo, quién nos está matando a toda la gente amiga mía en Medellín —fue su respuesta al saludo.
—El problema fuera si no lo supiéramos, pero usted sabe que es su hermano Carlitos —le ripostó ‘Móvil 5’.
—Si, yo lo sé. ¿Qué hacemos? —preguntó ‘El Profe’.
—Yo sé que a mí quienes puede matarme son usted o Carlos, yo prefiero arrancarle.
Vicente se quedó en silencio. Fue un largo silencio. Y tenía que serlo, estaba a punto de tomar su decisión más trascendental.
De un momento a otro llegó a la reunión ‘Monoleche’. Saludó al patrón, pero este no respondió y ni siquiera alzó la cabeza. ‘Móvil 5’ y Leche se miraron, se hablaron con la mirada y decidieron regresar a la casa principal. En ese momento Vicente Castaño dice con una pasmosa frialdad y firmeza:
—‘Móvil 5’… ‘Leche’… ¿ustedes se atreven a arrancarle a Carlos, pero ‘frentiao’? No quiero que lo embosquen. Quiero que sepa que le llegamos de frente —agregó—Tampoco quiero que sufra ni que lo amarren —aclaró.
No dejó que nadie contestara. Se paró rápido de la silla, miró hacia su leal hombre y dio la orden.
—‘Móvil 5’, encárguese de eso, bregue a matarlo usted solo —y siguió hacia la casa.
‘Móvil 5’ lo alcanzó y le hizo una letal petición:
—Yo le mato a Carlos, pero el día que lo haga déjeme matar a ‘H-2’ también.
Vicente hace otro largo silencio. Se queda mirando para las lejanas montañas que se divisan y rodean esa bella hacienda. Respiró profundo.
—Hágale —y se fue.
Comenzó la cuenta regresiva para el máximo comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia. Tic…tac… tic… tac… tic… tac…
La toma de la decisión de la muerte de Carlos Castaño fue la suma de varios hechos que hicieron parecer que el máximo jefe de las Autodefensas quería que lo mataran.
Comenzó con un persistente ataque en contra de todo el ala narco de las Autodefensas que ya hacían parte del proceso de paz. Esto sorprendía a todos los comandantes, ya que fue Carlos Castaño quien presentó a muchos mafiosos de Cali, norte del Valle y Antioquia en las AUC. Además, les recibía millonarios aportes para la guerra a narcos como ‘Macaco’, ‘Los Mellizos’, Wílber Varela, ‘Chupeta’, ‘Techo’, ‘Rasguño’, Orlando Henao, Iván Urdinola y José Santacruz.
El Bloque Central Bolívar, BCB, era el más afectado con los ataques de Carlos Castaño. A mediados de 2002 hubo una reunión en la finca La 21, también conocida como La Gallera, allí el comandante Castaño trató muy mal a Javier Montañez, ‘Macaco’ —quien no estaba presente— y a todo el BCB.
‘Julián Bolívar’, comandante militar del BCB salió en defensa de Montañez, luego se paró de la reunión y se retiró con los hombres que lo acompañaron. El segundo día de reunión ‘Julián Bolívar’ no asistió, pero sí lo hizo ‘Ernesto Báez’, jefe político del BCB.
Después de la reunión Salvatore Mancuso y Edwar Cobos (alias ‘Diego Vecino’), fueron a hablar con Vicente Castaño para que hablara con ‘Macaco’ a fin de que no se alejara de la mesa de diálogo que se estaba conformando. Luego, decidieron ir hasta donde Carlos para proponerle una especie de desagravio para con Javier Montañez. Carlos aceptó. Pero la respuesta de ‘Macaco’ fue: “Yo por allá no vuelvo”.
Esto indignó aún más a Carlos Castaño, quien al día siguiente publicó en la página web de Colombia Libre un terrible editorial en contra del BCB con lo que se rompió la unidad de las AUC. El Gobierno lo sabía y empezó a jugar con esa tensión interna. El siquiatra Luis Carlos Restrepo fue el Comisionado de Paz delegado por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y el encargado de manipularlos a todos.
El BCB decidió buscar unos asesores políticos particulares, para que los apoyaran en la propuesta que le hicieron al Gobierno de una mesa de negociación aparte con ellos. No querían estar al lado de Carlos Castaño. Comenzaron a promover la propuesta en otros frentes. Pero el Gobierno nacional no quería esto, aunque lo permitió al inicio para poder tenerlos sentados así fuera por bloques, e insistió en que al finalizar las conversaciones de acercamiento todo debía terminar en una mesa única de paz. El mismo comisionado Restrepo reconoció en privado que el BCB era el mejor organizado para el proceso.
Después, Carlos Castaño tuvo otro agrio altercado con Rodrigo Tovar Pupo, ‘Jorge 40’; esta sí fue una pelea que rompió en mil pedazos esa añeja amistad. Ya la gente comenzó a preguntarse quién estaba con quién. Carlos se empezó a quedar cada vez más solo.
Más adelante vino lo inevitable… Lo neutralizaron. Carlos Castaño nunca superó el golpe de que le hubiesen quitado las claves de la página web y de que todo comunicado debía ir firmado por los comandantes de la mesa de negociación escogidos.
Para finales de 2002 e inicios de 2003 Carlos Castaño hizo un testamento donde repartía todo. Era como si se estuviera preparando para lo inevitable. Hasta sus escoltas se comenzaron a alejar de él ya que eran maltratados por su compañera según lo afirmaron muchos de los que se habían ido de su lado con antelación.
Carlos llegó a tener una relación con sus escoltas de mucha familiaridad. Todos tenían la convicción de dar su vida por su comandante. Su exmujer, ‘Merceditas’, fue la responsable de acercar a Carlos con la gente que lo cuidaba. Era una mujer de una conmovedora dulzura y tenía como un toque mágico para tratar a las personas que la rodeaban. Hay excomandantes de las AUC, muy cercanos a lo que se conoció como La Casa Castaño, que se han atrevido a asegurar que de estar ‘Merceditas’ al lado de él ese no hubiese sido su final. Vicente Castaño la adoraba.
Antes de su último cumpleaños, 15 de mayo de 2003, ‘Merceditas’ y Carlos se veían, lloraban juntos y recordaban todos aquellos bellos momentos que vivieron. Una noche, fue a esperarla hasta el mismo kilómetro 15 de Montería. Un sitio que se llama El Quince. Eran dos camionetas, la de él y en la otra iban cuatro escoltas. Paró al costado derecho de la vía a pocos metros de una estación de gasolina. Les dijo a los escoltas que se camuflaran en el monte.
Se subió al platón de la Toyota Hi Lux y se acostó en una de las tablas donde se sentaban los escoltas. Luego se sentó y cogió la botella de Chivas Regal 21 años que tenía a un lado, y se tomó un largo trago a pico de botella que se le derramó por la comisura de sus labios porque ese exclusivo trago, que viene en una botella de porcelana, solo fue hecho para servirse en vaso.
Se acostó otra vez en la tabla y comenzó a mirar al cielo que estaba estrellado y con una bella luna. Allí comenzó a soñar con el proceso de paz que recién había iniciado con el gobierno Uribe.
—Vienen grandes cosas para Colombia. Vamos a ayudar a construir un nuevo país. Las Farc también tienen que negociar.
Y volvía con sus sueños de ver a sus comandantes de bloque sentados con los de las Farc en una gran mesa de paz y reconciliación.
En ese momento sus cavilaciones son interrumpidas con los gritos de su escolta Buelvas, quien comienza a gritarle a un taxi que venía de Montería:
—¡Ey, para, para, para!
Castaño se levanta como un resorte, se lleva la mano al cinto, saca su pistola y dice:
— ¡Cuál ‘para’ güevón, si los ‘para’ somos nosotros! —y comienza a reírse.
Ya sabía quién se iba a bajar del taxi.
Se bajó una deslumbrante mujer con una bella sonrisa, ‘Merceditas’. Se abrazaron y se besaron largamente. Pretendió que se subiera al platón de la Toyota por un ratico.
—No señor, este acto de irresponsabilidad no te lo voy a patrocinar.
—Bueno, bueno, no me vaya a regañar.
Y gritó su más repetida orden.
—¡Saliendo muchachos!
Estaba feliz. Fue una de las últimas veces que lo estuvo. Ya se le estaban acabando esos momentos, faltaba su último cumpleaños: 15 de mayo de 2003.
“VAYAN A VER QUÉ PASA CON ‘CHOROTO’”
El viernes 16 de abril de 2004, ‘Choroto’ llama bien temprano a La Construcción y notifica que tiene un serio problema con una gente que está talando unos árboles que había reforestado ‘El Profe’ hacía unos años. Vicente Castaño da la orden a ‘Móvil 5’ para que vayan hasta allá.
‘Móvil 5’, que sabe que Carlos se mueve mucho por esa zona para donde van a ir, decide reunir a toda la gente en La 15. Todos los combatientes que habían llegado de Urabá hacía unas semanas estaban acantonados en tres fincas (La 35, la escuela Acuarela y La 15), ninguno sabía que la misión era ‘arrancarle’ con todos los ‘fierros’ al comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia, Carlos Castaño.
Mientras los patrulleros escogidos estaban reunidos a un costado de la finca, sus comandantes fueron llamados al quiosco por ‘Móvil 5’.
—Vamos por Carlos. Solo lo saben ahora ustedes. No le digan nada a los patrulleros —y se acomodó su Ak-47. Luego agregó:
—Más bien díganles que se preparen, que el ‘candeleo’ puede ser bravo.
‘Móvil 5’ le dice a ‘Monoleche’:
—Llame a ‘Fantasma’ y dígale que llame a la escolta de Carlos, que vamos para el cerro El Caballo a arreglar un problema y que vamos con gente armada.
Fantasma era la cabeza de la base de comunicaciones de las Autodefensas, ubicada en un cerro de la finca La 35, en Antioquia, desde donde podían tener comunicación sin interferencia alguna con Montería. A esta base de comunicaciones le decían también Amarillo, ya que los dos que la operaban tenían como ‘chapa’ eran alias ‘Fantasma’ y alias ‘Amarillo’. Con tanto tiempo en la zona, todo mundo sabía quién estaba al radio.
La gente de Carlos Castaño recibe el mensaje. Se lo pasan al comandante y este no responde nada.
Mientras tanto en La 15, ‘Móvil 5’ se monta en la primera camioneta con alias ‘El Cura’ y cinco patrulleros más. En la segunda camioneta va alias ‘Noventa’ con siete más. La tercera camioneta la va conduciendo ‘Monoleche’, allí también van ‘Sarley’ y ‘Giovanny’ con siete combatientes más.
Primero van a una zona por donde Carlos tenía un escondedero que está en la vía a donde se van a encontrar con ‘Choroto’. Carlos no está. Recogen a ‘Choroto’ y arreglan el problema con la gente que estaba deforestando. ‘Móvil 5’ sabe que ese es el día del encuentro con Carlos. Una emoción y un torrente de adrenalina le recorre el cuerpo.
Da la orden de coger para La 37, una finca recién adecuada por Carlos ubicada arriba de Guadual. Desde lejos notan que las camionetas del comandante de las AUC no están allí. Pasan despacio por el frente de la finca y constatan que no hay nadie allí. ‘Móvil 5’, que iba adelante, frena antes de subir un bello puente colgante que allí está sobre el río San Juan, y se pone a pensar.
Nadie hablaba por los radios.
La vida tiene sus terribles ironías… o coincidencias… Varios meses atrás el comandante de un bloque de las Autodefensas, ‘el Alemán’, llegó como a las 5:30 a.m. donde Vicente Castaño en La Construcción y después de saludarlo, le dijo:
—¿Es que su hermanito Carlos no duerme? Me lo encontré en una tienda llamada Rancho al Hombro por la entrada a Guadual, metido allí en Internet.
No era un comentario del otro mundo. Todos sabían que Carlos era también excéntrico y que no dormía casi. La cuestión es cuando ‘El Alemán’ hace el comentario, al lado de Vicente estaba su leal hombre ‘Móvil 5’, a quien se le quedó grabado ese dato. Nunca supo por qué. Pero ese 16 de abril de 2004, lo supo.
A ‘Móvil 5’ se le vino a la mente ese recuerdo y dijo:
—Vamos a salir por el otro camino que arreglamos para llegar a Guadual… por donde está Rancho al Hombro.
Se estaba refiriendo a la vía que está a un lado de Rancho al Hombro, donde hacía un rato había llegado Carlos Castaño con sus escoltas.
Se acercaba el fin.
“¡LLAMEN A MI HERMANO!”
‘Pegunta sorprendido.
l Cura’ cuando ve que ‘Móvil 5’ se mete por esa vía pre-
—¿Por qué te vas a meter por aquí?
‘Móvil 5’ no responde, sino que sigue conduciendo.
Van bajando despacio una loma cuando se divisan unos carros, son la escolta de Carlos Castaño.
—¡Allí está! —grita de emoción ‘El Cura’ y desasegura su fusil.
Ya el AK-47 de ‘Móvil 5’ venía desasegurado desde que salió esa mañana a buscar a Carlos.
Carlos Castaño estaba sentado donde siempre lo hacía en Rancho al Hombro, en medio de las dos casas de palma donde estaba una mesa y la conexión a la línea de teléfono. Estaba comiéndose una bolsa de papas fritas con el portátil abierto sobre la mesa y hablando por celular.
—¿Quién viene? —preguntó cuando oyó el ruido de los carros.
—Es la gente de ‘Monoleche’ que esta mañana nos dijeron que iban a estar por acá.
La adrenalina comenzó a fluir.
‘Móvil 5’ tragó lo poco que le quedaba de saliva en la boca. Pasó al frente de los escoltas de Carlos que estaban en esa esquina apostados. Los saludó. Giró a la izquierda y siguió para no ‘dar visaje’. Paró más adelante. Medio abrió la puerta y no se bajó. Entonces comenzó la balacera.
‘El Cura’ se bajó, y por la misma puerta derecha también se tiró ‘Móvil 5’. Se resguardaron detrás de un gran árbol de ébano. ‘El Cura’ alineó a ‘Richard’ y lo mató de un disparo. Habían derribado al único que les podía dar pelea. La otra gran baja para la escolta de Carlos fue la de ‘El Duende’. Lo mató ‘Giovanny’ (hermano de alías ‘Otoniel’, el comandante del Clan del Golfo recién capturado), lo había alineado desde el cerro donde se apostó.
Los escoltas de Carlos Castaño todavía no se habían dado cuenta de lo que pasaba. Al escolta que le decían ‘El Nuevo’ lo mataron desarmado cuando salió corriendo para buscar el fusil que había dejado en el carro.
A la avanzada de escoltas de Carlos, que estaba apostada en la vía que conduce hacia Arboletes y eran cinco hombres, les cayeron por la parte de atrás de la casa de Rancho al Hombro, y por el costado donde estaban los hombres que venían con ‘Móvil 5’. A estos escoltas de Carlos Castaño se les acabó la munición y se rindieron. A unos los ajusticiaron ahí mismo y a los otros los capturaron y los desarmaron.
Con el primer disparo Carlos Castaño salta de la silla y corre hacia la parte de atrás de la casa, donde hay una corta pero empinada loma. La pistola se le cae porque no podía sostenerla. La deja tirada y llega hasta una cerca de alambre de púas, la pasa y le sale ‘Monoleche’:
—¡Quieto, Carlos!
—¡¿Qué es esto?! ¡Paren el fuego! ¡Paren el fuego! —gritaba desesperado Carlos Castaño.
—Usted sabe cómo es ‘Móvil 5’ que no deja de disparar hasta que no le dispare nadie a él —le dice ‘Monoleche’.
Enseguida lo coge del brazo izquierdo y le dice:
—Venga para acá Carlos y no ponga resistencia.
—¿Quién ordenó esto? ¿Quién ordenó esto? —preguntaba Carlos mientras lo conducen.
‘Monoleche’ lo sube por un caminito que sale a la vía que va a Guadual, por donde bajaron los carros para caerle a Castaño. Lo lleva al patio de una vieja casa de palma y tabla. Coge un taburete y lo sienta. Siete hombres se ponen frente a él apuntándole con los fusiles, entre los que se encuentran ‘Sarley’ y ‘Giovanny’.
—Carlos, no vaya a hacer ‘güevonadas’ —le advierte ‘Monoleche’—‘Sarley’, si se para le dispara —ordenó.
‘Monoleche’ cogió el radioteléfono y comenzó a llamar a ‘Móvil 5’. Carlos desde la silla comenzó a gritar:
—¡No llame a ‘Móvil 5’! ¡No llame a ‘Móvil 5’! ¡Llame a mi hermano! ¡‘Monoleche’, llame a mi hermano! —imploraba Carlos Castaño.
—‘Móvil 5’, ya tenemos el caballo ensillado —ese era el santo y seña para confirmar que Carlos Castaño estaba capturado.
—Ya subo —respondió ‘Móvil 5’.
—¡‘Monoleche’, llame a mi hermano! ¡Llame a mi hermano!
La voz de Carlos Castaño ya no se escuchaba igual. Había un tono de desespero… y hasta de miedo.
El miedo es una de las más potentes emociones del ser humano. Pero ¿qué puede pasar en el cuerpo de un ser humano cuando se está ante un inminente peligro de muerte?
¿Qué sintió nuestro protagonista? Todo depende de cuál era su estado de conciencia. No hay duda de que para ese momento el torrente circulatorio de Carlos Castaño estaría inundado de cortisol, por lo que su taquicardia sería inocultable. Todo su metabolismo estaría acelerado y todos sus músculos preparados para la huida, pero allí no había forma de huir.
Recordaría en esos momentos cuando tuvo a víctimas en una misma situación. A lo mejor… o tal vez el miedo no se lo permitió…
—Ya viene ‘Móvil 5’ subiendo—dijo ‘Monoleche’.
—¡Llamen a mi hermano! —volvió a pedir Carlos.
—¡Llamen a mi hermano!
Luego, cambió a la pregunta:
—¿Quién ordenó esto?
No hubo respuesta.
Desde la parte de arriba, donde estaba ‘Monoleche’ custodiando a Carlos se alcanzaba a ver la figura que venía subiendo. Era ‘Móvil 5’. Venía con la cara sucia de polvo y sangre, pero se le notaba la satisfacción por lo que venía, por lo que había esperado por años…
Después de ese tronar de fusiles y granadas por más de 20 minutos, el silencio que había intimidaba más que el combate que terminó.
‘Móvil 5’ tenía el mando… y todos lo sabían. ‘Monoleche’ se le acercó y le dijo a baja voz:
—No lo ‘vayás’ a matar aquí, mira que hay un poco de campesinos viendo.
‘Móvil 5’ ni contestó. Más bien se dirigió a Carlos.
—¡Quihubo ‘socito’!, ¿qué se siente estar así?
‘Móvil 5’ acostumbraba a decirle “socio” a los demás y el diminutivo que usaba era “socito”.
—¡Llame a mi hermano, ‘Móvil 5’! —volvió a rogar Carlos.
—¿Cómo se atreve a pedirme eso después de todo lo que me hizo? —le contestó ‘Móvil 5’.
Ahí comenzó un duro memorial de agravios que nadie de los presentes conocía. ‘Móvil 5’ le recordó a Carlos lo que le hizo a su hijo cuando tenía cuatro años.
Una vez en Villanueva, Montería, Córdoba, Carlos Castaño encerró en un carro al hijo de ‘Móvil 5’. El niñito comenzó a gritar y llorar dentro del carro. Carlos, por su parte, se comenzó a reír a carcajadas y a decir: “Cascarrabias, igual que el papá”. ‘Don Berna’ intervino y le pidió las llaves del carro a Carlos para sacar al niño. Este accedió.
‘Móvil 5’ también le recordó otra vez que lo iba a hacer matar. Carlos Castaño intentó pararse del taburete y ‘Móvil 5’ le gritó por primera vez a un Castaño:
—¡Se me sienta o lo siento! —y templó su AK–47… el de la ocasión especial.
—¡‘Móvil 5’, lléveme a hablar con mi hermano!
—¿A usted no le da pena?, un tipo tan torcido como usted, ¿pedirme ese favor a mí?
‘Móvil 5’ sintió que ya no había más nada que decir, lo miró a los ojos con desprecio y apretó el gatillo de su AK-47.
Fue un rafagazo corto.
Carlos Castaño salió despedido del taburete. Cayó al suelo. Su camisa ya no era blanca. Era totalmente roja. Comenzó a resoplar y a botar sangre por boca y nariz. En ese momento ‘Móvil 5’ se acordó de lo que le dijo Vicente Castaño: “Que no sufra”.
Soltó el fusil que quedó colgando en su pecho. Llevó su mano derecha a la pistola, la desenfundó, no necesitó desasegurarla, se acercó al máximo comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia y le pegó un tiro en la cabeza.
Ahora sí aseguró la pistola, la enfundó y miró a un escolta.
—¿Usted sabe manejar? —no esperó la respuesta—. Suba a los que están abajo y se regresa para subir a este en el platón y me los tapa con esas ramas de palma.
—¿Dónde está ‘El Curita’? —preguntó ‘Móvil 5’.
—Aquí estoy.
—Hermano, vaya y tráigame a ‘H-2’. Tenga cuidado.
‘H-2’ había salido de su casa ubicada en un punto llamado El Policía en su Toyota blanco 4.5 hacia El Tomate. Al llegar, ‘El Cura’ y sus hombres lo cogen de ‘quieto’. Llevaba consigo un fusil Galil, una pistola y mucha munición.
‘Móvil 5’ llega a El Tomate y ya ‘H-2’ está amarrado con el poliéster.
—Hágame esas hojas de palma a un lado —le dijo a un escolta—.
Mira, allí va tu ‘patroncito’ a quien le lamiste toda la vida.
—‘Móvil 5’, yo trabajo para usted, no me mate —pidió ‘H-2’.
No sirvieron los ruegos. Lo llevó a un potrero de La 15 y allí lo ‘rafaguió’ con su AK-47.
—Súbanlo al platón —les ordenó a sus escoltas.
Después de esa faena, ‘Móvil 5’ decidió que era el momento de ir a almorzar y se fue para La Construcción. Cuando estaba almorzando bajó alias ‘HH’ o ‘Care’pollo’, lo abrazó y lo cargó. Le pidió el fusil con el que mató a Carlos, pero este se negó a entregarlo.
Luego, subió la deslumbrante escalera de teca de esa finca rumbo al cuarto de ‘El Profe’. Estaba en una hamaca, se levantó y se abrazaron. Le dijo que lo tenía allá abajo en una camioneta y le preguntó que si quería verlo. Vicente respondió que no.
—Bueno patrón, voy a seguir ‘bulteando’ —con esto se despidió y se fue a enterrar a sus muertos.
Esperó hasta las 8:00 p.m. para salir a enterrar a Carlos. Lo hizo en un hermoso paraje de la finca Jaraguay . Al terminar, se fue a descansar a La 15.
Todos creyeron que, con la muerte de Carlos Castaño, acabarían los problemas de las Autodefensas; pero era allí donde empezaban.
Había un cabo suelto que ponía a temblar al gobierno de turno: Vicente Castaño Gil. Se avecinaba un crimen de Estado en compañía de miembros de las Autodefensas… y del Gaula. Había que matar a Vicente Castaño Gil como fuera. Para eso había que buscar a ‘Panina’ y al ‘Gordo Pepe’…
Comienza la otra cacería en el alto San Jorge de Córdoba y el bajo Cauca antioqueño.
El reloj para ‘El Profe’ se acelera. Tic… Tac… Tic… Tac… Tic… Tac…
