Así conocí a ‘Rodrigo Doble Cero’

Soy Toño Sánchez Jr.

Me encanta narrar historias.

Esto es Historias y Crónicas Narradas.

Esta historia debería iniciar cómo conocí primero a Carlos Castaño, quien fue el que me llevó a conocer a ‘Rodrigo Doble Cero’, pero ante tanta incredulidad, a raíz de una entrevista que le hice a éste último, a finales del año 2000, he decidido narrarles cómo lo conocí.

Era mediados del año 2000, yo estaba haciendo un trabajo de investigación a base de entrevistas a comandantes y combatientes de las ACCU, Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá.

Carlos Castaño me escribe y me dice que va a haber una reunión de comandantes de las ACCU en una finca ubicada más arriba de San Pedro de Urabá. Me invita a que vaya para que allí aproveche conocerlos y concertar futuras entrevistas. Por supuesto que yo acepté al instante.

‘Montador’ me recoge a las seis de la mañana en Montería y salimos rumbo al sitio. Nos fuimos por el lado más largo, por la vía a Tierralta, Córdoba. Creo que lo hicimos por esas rutas para que cuando yo llegara no tuviera oportunidad de escuchar lo que allí se trató. Eso se lo he agradecido con el tiempo a Carlos Castaño.

La otra ruta, la más cercana, era por Canalete, Córdoba. Se llega a Garrapata, en la vía que viene de Arboletes, se gira a la izquierda y de allí a San Pedro de Urabá.

Llegamos a una hermosa hacienda, que tiene un paisaje que te sosiega. Allí me dicen que debo esperar en la casa principal. Todavía no habían terminado la reunión.

Me embriago viendo todo ese deslumbrante paisaje.

A los 20 minutos oigo el vozarrón de Carlos Castaño: “Toñito, va a tener usted un placer con el que sueñan todos los periodistas del mundo, conocer a parte de la máxima comandancia de las Autodefensas”.

Lo cierto es que tiempo después comprobé que allí faltaron algunos comandantes, que no pudieron asistir porque había en las vías muchos controles de la Fuerza Pública.

Lo que primero noto es que todos llevan camuflado del Ejército de los Estados Unidos. Los apellidos que identifican cada uniforme son gringos. Pero también observo que hay unos cuantos ‘criollos’, que sé, que no son americanos. Pero no digo nada. Estaba confundido. Pero al escucharlos hablar todo se me despejó.

Advierto que uno de los que porta ese camuflado, sí tiene estampa de parecer gringo. Alto, blanco, atlético, de bigote, de mirada fija e intimidante y con un impecable porte de militar del que no hay duda.

– ¡Rodrigo, venga! – Grita Castaño.

“Quiero presentarle a este amigo mío”, le dice Carlos Castaño a ‘Rodrigo’.

Quien se gira y camina hacia Carlos es la persona que les acabo de describir.

Es en este momento que conozco a este gran comandante de las Autodefensas, que con el pasar del tiempo lo considero un sincero amigo. Muchos meses después, en una larga conversación en Cristales, San Roque, Antioquia, supe que su nombre era Carlos Mauricio García Fernández.

En esa misma finca conozco a otra persona que era ‘el llave’ o parcero de ‘Rodrigo Doble Cero’, se trata de Albeiro Quintero. Termino teniendo con éste unas aleccionadoras e inolvidables tertulias. Más adelante sabrán por qué me refiero ahora a él.

Carlos Castaño dice que yo voy a estar en la mesa principal del almuerzo.

Allí noto muchas cosas.

Carlos le dice a ‘Rodrigo’ que se siente a su derecha.

Veo en Carlos el inocultable respeto y admiración hacia ‘Rodrigo’. Se refería a éste con deferencia.

‘Rodrigo’ le decía Carlos a secas. Ambos tenían un vozarrón en diferentes decibeles.

Créanme, sentí allí, en esa mesa, que el verdadero comandante de las ACCU era ‘Rodrigo Doble Cero’, esto lo digo por primera vez.

Cuando nos despedimos supe que tenía un amigo… y así fue… y así lo comprobé con el pasar del tiempo.

Pasaron unas semanas y Carlos Castaño me dice: “Bueno, Rodrigo lo espera en Cristales, allá le va aponer un poco de gente para que le cuente la historia del conflicto. Lleve bastante ropa”.

Yo le respondo que como en tres días me voy para allá, para dejar todo arreglado en Montería.

A los dos días, Carlos Castaño me llama y me dice que me van a recoger, que lleve ropa. Llego a ‘Las Tangas’ y de allí me llevan a la zona bananera de Urabá.

Allá nos encontramos y estaba el ‘Alemán’. Dormimos en una finca.

A las cuatro de la mañana del día siguiente ya estábamos tomando café, hablando y riéndonos.

De un momento a otro Carlos expresó que tenía hambre. El ‘Alemán’, que le decía a Carlos ‘Primito’, le dijo todo lo que le podía mandar a preparar.

Pero Carlos se acordó que en la noche anterior le habían mandado una Cazuela de Mariscos y la mandó a calentar. Fue la primera y única vez en mi vida que vi como desayuno una cazuela de mariscos a las 4:30 a.m.

A penas aclareció el ‘Alemán’ mandó por la ‘Máquina’. Que no era otra cosa que un helicóptero.

Nos alistamos y nos embarcamos. Íbamos rumbo a Cristales.

Adelante iba el piloto y el ‘Alemán’. Atrás, Carlos y yo.

Por esa ruta había que subir una ‘pared’, que es como le dicen a una elevación de un cerro demasiado alto, pero la visibilidad tenía que ser excelente. Carlos cada rato preguntaba por la visibilidad. Él y yo llevábamos unos auriculares, pero era él quien mantenía comunicación con el piloto.

De un momento a otro gritó: “Alemancito, deje de estar piloteando la máquina, deje que lo haga el piloto”. Estaba supremamente nervioso.

Cuando el piloto dijo que ya iban a subir la ‘pared’, ni las aspas ni el rotor del helicóptero se escuchaban de la tensión que había allí dentro.

Cuando el piloto dijo que ya habían pasado la ‘pared’, Carlos se puso eufórico.

Y me dijo: “Aprenda a donde vamos aterrizar, porque desde arriba uno se confunde”.

En ese momento no entendí ni dimensioné el comentario.

Había dos canchas de futbol, pero sólo una era la indicada para aterrizar.

Bajamos y allí estaba ‘Rodrigo Doble Cero’ y ‘Jota’, éste último el segundo al mando.

Allí estuvimos diez días que me permitieron hacer muchas entrevistas y conocer la historia de los orígenes de las ACCU.

Allí conocí a alias ‘Copito’ el guerrillero de las Farc que puso el ‘Burro Bomba’ en Chalán, Sucre. Pero esta Historia para después.

*****

‘Rodrigo Doble Cero’ fue reclutado para las Autodefensas por Doña Rosa, la mamá de los Castaño Gil. Así lo decía con agrado Carlos Castaño en todas las reuniones donde se tertuliaba sobre la historia de Colombia y el conflicto armado.

Cuando Carlos Mauricio García era Capitán del Ejército le tocó patrullar por mucho tiempo en una zona de Amalfi, por donde quedaba la finca de los Castaño.

Doña Rosa les regalaba el ‘refresquito’ y allí Carlos Mauricio conoce a parte de la familia Castaño.

Tiempo después lo llaman a curso de Lancero en la Décima Brigada en Tolemaida (Hoy lo llaman Fuerte Tolemaida). Aquí se enfrenta a un abusivo superior, lo que marca su salida del Ejército de Colombia, hecho que rompió su corazón, pero no doblegó su moral y convicción antisubversiva.

Dicen que el ‘hubiera’ no existe. Pero eso no es óbice para uno preguntarse, qué hubiese sucedido en la vida de este tropelero oficial sino se hubiese tropezado con aquel abusivo superior. Son interrogantes que a mí me gusta hacerle a la vida… al Universo… a…

Carlos Mario, aunque ustedes no lo crean era querido y admirado ante la alta oficialidad del Ejército de Colombia.

Su radical decisión de irse fue lamentada por muchos.

Por esos giros misteriosos de la vida, Carlos Mario, termina siendo la persona que comienza a manejar la seguridad de Fidel Castaño.

Aunque amo la Crónica, que su magia está en los detalles, hoy hago una excepción y me abstengo de narrar los pormenores de cómo llega allí.

En ese tiempo acompañaba a Fidel a todas partes y a la Hacienda Nápoles. En 2001 hicimos un recorrido, junto con Albeiro Quintero, por esa mítica propiedad. Allí nos enseñó cómo eran esas reuniones. Más adelante les narro todo.

Pasa un corto tiempo y Carlos Mario le dice a Fidel que quiere hacer otra cosa.

Fidel, quien lo quería mucho, le dice que pruebe; que, si no se amaña, regrese.

Se va a trabajar como Jefe de Seguridad de una empresa bananera en el Urabá antioqueño. Allí, al ver el maltrato que les daban a los trabajadores decidió renunciar antes de irse contra el dueño. Regresó a donde Fidel Castaño y ya aquí no hubo regreso. La suerte ya estaba echada sobre quien iba a tener el nombre de combate: ‘Rodrigo Doble Cero’.

Entonces comienza algo que el mundo entero conoció como ‘Los Pepes’.

Fidel y Carlos Castaño, junto con ‘Rodrigo Doble Cero’ eran los verdaderos comandantes de ‘Los Pepes’.

Recordando esa época, una larga noche en Cristales, le pregunto a ‘Rodrigo’ sobre cómo era Carlos Castaño en esa guerra y me respondió: “Vea, Toñito, ‘El Pelao’ para la guerra en el monte no es bueno, pero para la urbana, demostró que era un tipo áspero, muy, pero muy, peligroso. Pablo y su gente le tenían miedo”.

Cuando escuché esa respuesta un helado frío recorrió mi cuerpo. Porque estaba escuchando cosas de una persona que conocía en otro escenario.

Hay un hecho que está narrado en mi libro HERMANOS DE SANGRE, pero que someramente voy a referirme a él.

Cuando se lo planteo a ‘Rodrigo’ él se sorprende de por qué yo sé eso. Le digo que una vez en ‘La 21’ yo estoy allí con Carlos y él esperaba a un amigo que había salido de una cárcel en Panamá. Que había estado con él antes y durante ‘Los Pepes’.

Con lo que escuchaba podía deducir que hablaban de esa época y de muchas acciones. El llegado era un negro, parecía una berenjena. Lo único blanquísimo que tenía era su impecable dentadura y la pepa de los ojos.

Carlos le pidió que recordara como fue que mató a un tipo, en la época de ‘Los Pepes’, que no daba la pata (Término para referirse a una persona que era difícil de arrancarle).

El negro soltó una carcajada y recordó al detalle todo. Dijo que montó un carro de helados y paletas cerca de un semáforo donde estaba el edificio donde vivía la víctima. Contó que se mando hacer un uniforme, con gorro y todo, de heladero.

Por más de un mes estuvo en esa esquina vendiendo helados, hasta que el tipo dio la pata.

La fila de carros dio a que el vehículo del tipo a matar quedó en todo el frente del carro de helados. El negro levantó una especie de cortina que no dejaba ver qué había en esa parte de abajo del carro de helados. Cogió una ametralladora Ingram se acercó al vehículo, apretó el índice derecho y ya todo es historia.

La conversación de Carlos y el Negro continúa. Este último, se ríe y dice: “Lo más hijueputa, que hizo que todos esos malparidos nos ayudaran contra Pablo, fue lo de la casa. Ese poco de ahorcados en la sala de la casa”.

Cuando el negro termina de decir esto, Carlos me mira avergonzado y me dice: “Toñito, ahora no está como Periodista, yo después le cuento más para que lo narre”.

Era tal las historias que escuchaba qua ya ni hambre tenía. Solo soñaba con escribir eso algún día.

Pero regresemos. ‘Rodrigo’ se sorprende de que yo sepa eso. Cuando le narro el contexto en que lo supe, me dice que eso fue verdad; pero me aclara que él no sabe a quién se le ocurrió eso. Porque ya ‘Los Pepes’ eran muchos, así los comandantes fueran los Castaño.

La cuestión es que cuando empezó lo de ‘Los Pepes’, muchos de los trabajadores de Pablo Escobar no quería colaborar. Entonces los ‘apretaron’ y los empezaron a citar a una inmensa casa en El Poblado.

Al pasar el umbral de la puerta seguía un corto zaguán y se llegaba a una inmensa sala. Allí había varias personas colgadas. El ‘Polyester’, al roce con la madera, hacía un macabro crujido con el vaivén de los cadáveres.

Todos los que llegaban, al ver semejante ‘antesala’, afinaban enseguida.

Allí, ‘Rodrigo’ y Carlos, conocen muy bien al entonces Capitán de la Policía Danilo González. Aquellos dos saben y coinciden que es un tipo supremamente peligroso. Que había que tener cuidado con él a futuro. Y no se equivocaron.

El 2 de diciembre de 1993 cae Pablo Escobar.

El 6 de enero de 1994 cae Fidel Castaño.

Llega Vicente Castaño y Carlos Castaño al mando. Lo primero que hacen es llamar a ‘Rodrigo Doble Cero’.

Fin de la Primera Parte.

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