Volvió a ser Montería una guarida de narcotraficantes…

Por: Toño Sánchez Jr.

“La maestra de la vida es la Historia”. Cicerón.

Con todo el debido respeto permítanme iniciar de la siguiente manera esta Columna de Opinión:

(*) “Los narcotraficantes vieron una gran oportunidad con la situación de orden público de Córdoba. Ganaban con sello y con cara tampoco perdían. Comenzaron a cooptar a esos grandes hacendados, a una gran mayoría, no a todos. A unos les compraban las tierras y a otros les prestaban el dinero para que deshipotecaran sus propiedades. A quienes le compraban no registraban las escrituras de venta, para que no se notara un cambio en la tradición del bien. De manera que, si el narco caía en desgracia, sus bienes no”.

(*) “Fue así como se comenzó a notar una gran diferencia con el fenómeno del narcotráfico en el resto del país, y con respecto a lo que aconteció en México. Mientras que en las regiones de Colombia y México el narcotráfico entró en su mayoría con gente de estratos emergentes, en Córdoba lo hizo por los más altos estratos. Los narcos pasaron a tener como una especie de ‘franquicia’ para presentarse ante la sociedad monteriana. Era muy común verlos departiendo en el Club Campestre. No pasó mucho tiempo para que todos tuvieran su residencia en el exclusivo barrio El Recreo. Era una época en donde le hacían la venia a los más grandes narcotraficantes de Colombia. Podría decirse que Córdoba se convirtió para esos tiempos en una especie de ‘cooperativa’ del narcotráfico. Todo mundo se quería ‘apuntar’”.

(*) “Con respecto a la política también existió una clara diferencia para aquellos tiempos. Mientras que a los narcos en México no les interesaba para nada meterse en política, solo se limitaban a mandarle a los políticos la ‘feria’ (el billete en dólares americanos), en Colombia los narcos permearon la política y hasta pusieron presidentes”.

(*) “Para los años 80 y principios de los 90, Córdoba era el epicentro del narcotráfico en Colombia. Todos los carteles de la cocaína despachaban y salían desde estas tierras del Caribe colombiano. Si existe una frase para describir a esa Córdoba, sería la de afirmar que era el ‘despachadero’ por excelencia del narcotráfico. La sociedad cordobesa fue cooptada por los narcos en aquellos tiempos”.

(*) “No es sino recordar cómo la sociedad monteriana se arrodilló ante ‘don’ Hernando Restrepo (‘HR’), Miguel Solano (‘Miguelito’), Orlando Henao (‘el Hombre del Overol’), Hernando Gómez Bustamante (‘Rasguño’), Diego Montoya (‘Don Diego’), Gonzalo Rodríguez Gacha (‘el Mexicano’), Leonidas Vargas (‘Don Leo’), Fidel Castaño, Iván Urdinola, Carlos Molano, José ‘Pelusa’ Ocampo, a este se le recuerda por ser el dueño de la discoteca Kevins en Medellín donde se dieron las primeras reuniones de Los Extraditables ; José Olmedo Campo, le decían ‘Olmiedo’ quien murió de un infarto cuando se practicaba una operación, Ricardo ‘Cuchilla’ Londoño Bridge, Fernando ‘El Negro’ Galeano, los hermanos Elkin y Beto Cano, los Ochoa Vásquez, Gilberto Rodríguez y muchos más ya muertos, a este último le hicieron para aquellos años un sentido homenaje en el Hotel Sinú, donde asistieron personalidades de la política y la sociedad monteriana. Recoger esas fotos costó un billete largo”.

(*) “El otro que vivió un homenaje, pero este fue con un remate de ganado extra y con varias peleas de gallo, fue Rodrigo Castillo en el Club Campestre de Montería. Pero la dicha duró poco, porque a los pocos días lo asesinaron en la glorieta que está a la salida del aeropuerto Olaya Herrera en Medellín. Nefasto sitio para muchos narcos. Los mandaban a buscar y allí caían, como Felipe Eljach, Albeiro Areiza, alias el Cabezón, hombre muy temido dentro del Cartel de Medellín y cercano a Pablo Escobar; Camilo Rister y otros más”.

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Todo lo anterior lo tomé del libro Hermanos de Sangre (Editorial Intermedio Editores). Páginas 102 a 104.

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Son dos épocas diferentes pero el fenómeno es el mismo: El narcotráfico, sin mencionar el accionar de los grupos armados al margen de la ley.

Cabe recordar que, en Córdoba, para mediados de los 80, funcionaron más de 35 pistas, entre legales e ilegales, y la bonanza de los pilotos fue inmensa.

El narcotráfico era el amo y dueño de este Departamento y esa cruel realidad no debe molestarnos porque es nuestra vergonzosa verdad. Que al parecer hoy sigue siendo la misma, pero más soterrada, y representada en un ‘eslabón’ del narcotráfico del cual se beneficiaban las grandes ciudades: El lavado de activos provenientes de los embarques de cocaína. (Y habría que agregar el de la corrupción que hoy en día está asociado también al narcotráfico).

Montería es hoy en día una ciudad capital muy apetecida para lavar dineros producto de la coca.

No nos llamemos a engaños al creer que el crecimiento de Montería no ha estado ‘adobado’ de estos dineros. Lo que nos ha llevado, desde los 80, a manejar una ‘cultura narca’.

‘Cultura narca’ que se ha vivido en ciudades como Medellín y Cali, principalmente, por colocar solo estos dos ejemplos, pero que estas mismas capitales, con el pasar de los años han venido quitándose ese rótulo. Y lo han logrado.

Pero pareciera que en otras capitales quisieran que ese rótulo fuera su impronta.

No es un secreto la gran cantidad de narcos capturados en estas tierras y con fines de extradición.

Aunque ustedes no lo crean, la DEA tiene desde hace años un grupo, junto con aguerridos agentes colombianos, trabajando en Córdoba y el Caribe. Y el mando sobre ellos no lo ejercen los oficiales de acá, son operaciones amparadas por la Embajada de los Estados Unidos, que hacen parte de los programas de cooperación para la lucha contra las drogas.

Así como el narcotráfico alimenta la guerra y la corrupción en Colombia, el lavado de esos dineros alienta la avaricia, la codicia y las ansias de tener dinero a como dé lugar, sin importar los riesgos y consecuencias.

Con el lavado también se facilita la corrupción, como por ejemplo para licencias y permisos exprés para construir. Para financiar campañas políticas. Para comprar contratos públicos. Compra de deudas y haciendas. Y demás inversiones en gastrobares, por mencionar sólo este ítem. En fin, el ‘portafolio’ para invertir en lavado es increíblemente largo en estos pueblos donde ya nadie quiere ni trabajar ni estudiar, solo quieren ser, no ricos, sino millonarios de la noche a la mañana.

El párrafo anterior casa perfecto para los dineros que se lavan producto de la corrupción pública.

Todo esto florece con facilidad en Montería, porque esta es una sociedad, en gran o mediana mayoría, avariciosa y perversa, que te perdona todo, todo, hasta que seas bandido, menos que seas ‘mondao’.

Aquí no preguntan: ¿Quién es esa persona? La pregunta ‘correcta’ es: ¿Quién es ese ‘mondao’? y si es mujer le ponen el femenino a esa anterior frasecita.

Pero tengo que reconocer que esta Montería de ahora no es ni sombra de la Montería de hace muchísimos años.

Nuestras fértiles tierras, nuestros 127 kilómetros frente al Caribe, nuestra maravillosa gente, no han servido para que gobernantes y políticos ayudaran a forjar un próspero desarrollo; más bien, por omisión, han permitido que se hayan usado para actividades ilegales, que han descompuesto el corazón de muchos cordobeses.

Como lo escribí anteriormente, esta es nuestra dura realidad, no tienen que verme como un enemigo por narrar hechos que hacen parte de nuestra vergonzosa historia, más bien que nuestro pasado, incluido el reciente, nos lleve a reflexionar qué clase de sociedad le queremos legar a nuestros hijos.

Cada quien se labra su futuro, esa en una lapidaria sentencia, pero cuando una sociedad te empuja al ‘todo vale’ y al ‘nada importa’, creo que nos estaríamos autodestruyendo. Y entonces nuestros referentes serían los malvados y cuando esto pasa…recontra apaga y recontra vámonos.

Inicié con una cita de Cicerón, ahora quiero terminar con dos más de este grandioso filósofo y político.

“Ignorar lo que ocurrió antes de nacer es seguir siendo siempre un niño. Porque, ¿qué valor tiene la vida humana si no está entretejida en la vida de nuestros antepasados por los registros de la historia?”.

“No aprendemos nada de la historia, excepto que no aprendemos nada de la historia”

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