Soy Toño Sánchez Jr.
Me encanta narrar Historias.
Esto es HISTORIAS Y CRÓNICAS NARRADAS.
Les conté la historia de los Rojas, cómo llegaron a donde Fidel Castaño.
Carlos Castaño fue un engendro de su hermano Fidel, siendo menor de edad estuvo en el curso de Yair Klein en el Magdalena Medio.
Pero Carlos Castaño no era Autodefensas, era PARAESTATAL, era paramilitar.
Por eso era informante del DAS y de la Policía. Sus alias eran ‘Fantasma’ y ‘Alekos’, no sé si este último lo tomó del libro de Oriana Falacci, ‘Un Hombre’.
Un día llegó a Las Tangas y esto pasó, según esta fuente.
Narro esta historia teniendo como fuente a la única persona que queda viva de lo que allí pasó.
No voy a dar su nombre, porque me lo pidió y si me hubiese autorizado tampoco lo daría.
El 26 de abril de 1990 cae quien fue comandante de la guerrilla del M-19, Carlos Pizarro, murió como caen combatientes de esta guerra.
No sé si los de la Universidad Javeriana y de los Andes sintieron ese dolor.
Pero vayamos a nuestra Historia.
A Fidel Castaño la guerrilla le hizo un envión en la finca ‘La 07’, también llamada ‘Jaragüay’, que fue de Juan Ramón Matta Ballesteros.
Por lo que se pasa para ‘Las Tangas’.
Allí llega Carlos Castaño una noche en un Mitsubishi Rojo de carpa.
Carlos duerme dentro del carro.
Fidel, que se levanta temprano, pregunta por ese carro, y ‘Móvil 5’ le dice que es ‘El Pelao’, quien está allí, que había llegado en la madrugada.
Fidel tenía un aprecio, respeto y cariño innegable por ‘Los Vaca’ (O los Rojas), pero en especial, por su hermano menor, a quien hizo su chofer y muchacho de confianza, como a otros, entre quienes estaba ‘Móvil 5’ y ‘Monoleche’.
La primera vez que Fidel vio la ‘finura’ de los Rojas para con él, fue un 7 de abril del año 1990. La guerrilla del EPL se robó un ganado, cerca de Valencia, en Córdoba, en una finca llamada ‘La Carolina’.
10 hombres, donde estaban cinco de los hermanos Rojas, salieron en dos carros de la finca ‘Las Tangas’, y se enfrentaron a la guerrilla y le quitaron ese ganado. Ese día mataron al primer Rojas en Córdoba, a Javier Rojas, alias ‘El Tigre’.
Fidel Castaño ordenó vengar la muerte de Javier Rojas, ‘El Tigre’.
Muchas muertes selectivas siguieron.
Un día de marzo de 1990 llega Carlos Castaño a ‘Las Tangas’,
Carlos no se baja del carro, duerme dentro de él.
Fidel, se levanta temprano y ve ese carro.
Llama a ‘Móvil 5’ y a uno de los ‘Rojas’, y pregunta: “Y ese carro”.
Carlos Castaño sale al instante.
“Hermano, soy yo”, le dice con su ronca voz.
“Vamos, le dice Fidel”.
Cuando Carlos se sube al carro, le dice a Fidel que saque a la persona que lo acompaña.
Es aquí donde se construye una de las más increíbles historias de la guerra en Colombia
‘Pelao’, este hombre es de mi entera confianza no importa que escuche. Además, él es quién lleva mi radio, yo no puedo hablar por radio cuándo me llaman y el que responde es él.
Voy a narrar como me lo narró mi fuente.
Ese día salimos de la finca ‘Las Tangas’, dándole la vuelta, pasamos por los pueblos de Villanueva y Guasimal.
Entonces Carlos le dice a Fidel Castaño hay que matar a Carlos Pizarro.
Fidel le responde, no me parece, porque Pizarro es candidato presidencial y si lo matamos nos toca irnos a una guerra con el ‘Doctor’, así era como llamaban a Pablo Escobar en ese tiempo.
Carlos Castaño responde, si no lo matamos ahora, Colombia no va a tener un Presidente, sino un idiota útil para Pablo Escobar y el narcotráfico en Colombia.
Fidel Castaño se silenció un largo rato.
Luego le respondió: “Listo, ‘Pelao’, usted tiene la razón. Y cómo lo va a hacer, preguntó Fidel.
“Tranquilo que de eso me encargo, para eso manejamos el Gobierno aquí en Colombia”.
Fidel se lo queda mirando y le responde: “Vete con mucho cuidado y organiza todo”.
Carlos se fue y regresó a los tres días y le dice a Fidel que ya todo está organizado, incluyendo al sicario, que lo trajeron y se lo llevaron para la Finca 50 o ‘Los Campanos’, para adiestrarlo.
El único testigo que está en esa conversación al escuchar que van a pagar 100 millones de pesos por la ‘vuelta’, le pide permiso a Fidel para hablar.
Fidel Castaño se lo concede.
En ese tiempo a Fidel se le conocía como Jaime Fajardo.
El testigo le dice: “Don Jaime, porque no me deja hacer a mí ese trabajo con mis hermanos y nos ganamos esa plata.
Carlos Castaño, que está allí, lo escucha y lo mira detenidamente y le dice: “¿Usted se atreve?”.
“Claro que sí”, le responde el testigo.
Fidel Castaño interrumpe, y dice:
“Ustedes no van hacer ese trabajo, porque quien lo haga no va a salir con vida de allí”.
En ese momento, esta fuente se dio cuenta del aprecio y afecto que Fidel Castaño les tenía.
Hasta aquí HISTORIAS Y CRÓNICAS NARRADAS. La próxima semana continuamos con el entrenamiento del sicario.
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PARTE II
Así planeo Carlos Castaño el asesinato de Carlos Pizarro
Soy Toño Sánchez Jr.
Me encanta narrar Historias.
Esta es la Segunda Parte HISTORIAS Y CRÓNICAS NARRADAS.
Cuando Carlos Castaño regresa, Fidel hace una reunión en el quiosco de ‘Las Tangas’.
Allí lo acompañan Jesús Ignacio Roldan, ‘Monoleche’, Manuel Salvador Ospina Cifuentes, ‘Móvil 5’, y el escolta de confianza de Fidel, que le contestaba el radioteléfono.
Allí Fidel le dice a Carlos que él se había reunido con otra gente después de que éste último estuvo en ‘Las Tangas’.
Al enterarme de lo que me enteré: “Le ordeno que mate a Carlos Pizarro lo más pronto que pueda. Y es verdad que quien va estar en la sombra como Presidente, va a ser Pablo Escobar”.
Carlos Castaño organiza todo para que la Finca Los Campanos o Cincuenta, que antes era de Fidel Castaño y estaba convertida en la vieja Escuela de entrenamiento de ‘Los Tangueros’, se entrenara al sicario que iba a matar a Pizarro.
Al sicario lo traen de Medellín y se le conocía como ‘Yerry’. Pero tiempo después se supo que se llamaba Gerardo Gutiérrez Uribe.
Carlos Castaño manda a comprar al pueblo de Valencia, Córdoba, 21 sillas de plástico y ordena a dos ayudantes de confianza que las organicen en un amplio espacio que había. Él coloca las tres primeras sillas, una al lado de la otra y pide que coloquen 6 filas de a tres.
Todo esto no era para dictar una conferencia.
Era asemejar como van las sillas en un avión comercial.
¿Por qué Fidel y Carlos Castaño sabían que la acción sería dentro de un avión?
Aquí voy a inferir una posible respuesta, porque detrás de ese atentado tuvo que haber colaboración de poderosos organismos de seguridad del Estado que querían a Carlos Pizarro muerto. Y también debía preocupar a los Estados Unidos la situación de orden público en Colombia y el poder que ya tenía el narcotráfico, superior al del mismo Estado. Para éstos tenía que ser un riesgo que se montara un Presidente de izquierda, señalado de ser cercano a Pablo Escobar Gaviria, temible jefe del Cartel de Medellín.
Allí en la finca Los Campanos, mi fuente se entera que, en Puerto Boyacá, están entrenando a otro sicario de igual forma por si éste no daba la talla. Pero a aquel nunca lo vieron.
A los Campanos sólo iba en esos tiempos gente de mucha confianza. Ya que el trabajo a realizar era muy confidencial. Allí Carlos le explicaba al sicario todo lo que tenía que hacer. Lo enseñó a parase y caminar hasta un imaginario baño en ese recinto de entrenamiento. Luego le daba una ametralladora sin munición, sentaba a tres de los que allí lo acompañaba y le decía cómo llegar por detrás y disparar.
“A penas dispare, suelta la ametralladora, levanta las manos y se arrodilla. Ese es el santo y seña que le va a salvar la vida”, le gritaba ‘El Pelao’.
También le decía que la plata se le entregarían a su familia. Que no se preocupara tampoco por el abogado.
El día del asesinato de Carlos Pizarro ya Fidel Castaño sabía el día y la hora en que iba a suceder “y nos dijo a todos los de confianza, que no éramos más de cuatro, alisten ropa, buena agua y café que nos vamos de aquí por unos días, y llamen también a H2”. Se fueron a esconder a una finca que no era de ellos y que, por los ataques de la guerrilla, se la pasaba sola, El Torno.
“Nosotros en el día la pasábamos en esa finca y en las parcelas de Costa de Oro y en las noches pasábamos en dos canoas para otra finca llamada Sobre las Olas, propiedad de los hermanos Ochoa, y allí dormíamos”, narra nuestra fuente.
Mientras tanto Carlos Castaño se había ido para Medellín y al día siguiente mandaron al sicario con un chofer.
Luego Carlos se va para Bogotá, no sin antes reunirse con una gente y después con Negüib Espinosa Cardona, un oficial del Ejército, que había sido expulsado, pero que todavía se ponía el uniforme con todas las insignias.
Este militar fue quien llevó desde Medellín la ametralladora a Bogotá. Y la entró al Aeropuerto El Dorado ‘chapeando’ de Alto Oficial. Y se la entregó a Ernesto Munarriz Salcedo quien era un recién contratista de Avianca, que revisaba los vuelos internacionales a Miami, México y NuevaYork con perros antiexplosivos y antidrogas.
Pero ese día jueves 26 de abril de 1990, extrañamente solo revisó el vuelo comercial de Avianca que cubría la ruta Bogotá – Barranquilla. Era el Boeing 727-100 Hk 1400.
Por lo que autoridades lo han sindicado de poner la ametralladora en el baño.
Ya por el Counter de Avianca había pasado el pasajero Álvaro Rodríguez Meneses, esa era su cédula. Le asignaron la silla 5C.
A otro pasajero, muy importante, le asignaron la silla 23C.
Para esos tiempos por disposiciones internacionales nadie debía ir armado dentro de los aviones, ni siquiera los escoltas. Pero, también, extrañamente, el escolta Jaime Ernesto Gómez Muñoz si llevaba su pistola de dotación. Esto ha de ser determinante dentro de un momento.
Pasan a sala de abordar y al poco tiempo comienza el embarque. Álvaro Rodríguez Meneses, que no era otro que ‘Yerry’, ocupa la silla 5C. Carlos Pizarro la 23C.
Despegan y a los varios minutos de vuelo la jefe de cabina del avión de Avianca toma el intercomunicador y sentencia el asesinato de Carlos Pizarro. Claro está, ella jamás lo supo.
“… ya pueden soltar su cinturón de seguridad…”.
Esta frase se la repetía Carlos Castaño cientos de veces a ‘Yerry’, que cuando la oyera se paraba y le decía a la azafata que necesitaba ir al baño.
Y así pasó.
Pizarro estaba a unos pocos pasos de morir.
‘Yerry’ entra al baño, coge la ametralladora que ya está desasegurada y sale rumbo a la silla 23C. Suelta el rafagazo. Pone la ametralladora en el suelo, levanta las manos y se arrodilla. Y suenan dos disparos.
Que fueron hechos por Jaime Ernesto Gómez Muñoz, el escolta de Pizarro. Hoy procesado por ese asesinato.
Pablo Escobar, por su parte, sacó un comunicado en donde negó haber asesinado a Pizarro y reconoció la simpatía que tenía por el M-19.
Tiempo después apareció muerto en Medellín, Negüib Espinosa Cardona. Aquel militar, expulsado del Ejército, pero que seguía uniformándose.
La gente no salía de su asombro que cómo se llevó a cabo ese atentado que acabó con la vida de Pizarro ese jueves 26 de abril de 1990. Quien 48 días antes había firmado la paz entre M-19 y el Gobierno colombiano.
Por este crimen fueron condenados Fidel y Carlos Castaño.
Con el regreso de Salvatore Mancuso a Colombia, la hija de Carlos Pizarro, pidió que se le escuchara sobre lo que pasó con su padre. La cuestión es que los tiempos no cuadran.
Ya que Salvatore Mancuso aparece en escena, ya militarmente con los Castaño, años después de 1990, aunque ya operaba con gente de la Brigada XI para combatir a la guerrilla y defenderse.
El crimen de Carlos Pizarro lo declararon de Lesa Humanidad, no prescribe. Pero todos los que saben cómo fueron las alianzas para coordinar una ‘vuelta’ de esta magnitud están muertos y el resto todo está herméticamente compartimentado.
NI Fidel ni Carlos Castaño, con todo su poder, podían hacer esta acción solos.
Por lo que esto abre una hipótesis de que detrás del crimen de Carlos Castaño pudieron estar aquellas poderosas fuerzas detrás de ellos, que al saber que estos en su proceso de paz tenían que contar la verdad para evitar 40 años de cárcel, podía revelar secretos inconfesables.
Solo como un suelto interrogante: Hubo gente de lo que llaman ‘Operaciones Encubiertas’, ¿de una agencia de inteligencia del norte con manos metidas allí? Lo reitero, es un mero interrogante.
Para la próxima vez. La historia de la Finca La Gallera o ‘La 21’. Donde Carlos Castaño estuvo a segundos de asesinar al coronel Danilo González, ex integrante del Bloque de Búsqueda y enlace con la gente del Cartel de Cali. Tiempo después se fue del lado del narcotraficante, Wilber Varela, Alias ‘Jabón’.
