Aquel 15 de mayo de 2003

Por: Toño Sánchez Jr.


Quiero recordar esta fecha para relatar lo que pasó ese último cumpleaños del quien fuera el comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia, extintas AUC, Carlos Castaño, que ese jueves 15 de mayo de 2003 cumplía 38 años de edad. Y que su organización ya estaba en tanteos con el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Recordemos que ya el miércoles 9 de octubre de 2002 las AUC le respondían al Gobierno de Uribe, por intermedio de Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, su voluntad de llegar a una mesa de negociaciones para desmovilizar a las Autodefensas.

Pero ya el martes 1 de octubre de 2002 Carlos Castaño le enviaba un mensaje al ‘Ingeniero’ que decía así: (Transcribo textualmente el mensaje sin corrección alguna).

“Reciba mi cordial saludo. De parte de Mancuso, Mía, y de las ACCU, le dice al Ingeniero que estoy dispuesto a liderar, en compañía del comandante Mancuso, la negociación de las Autodefensas con el Gobierno Nacional que iniciaría con las ACCU, y sin duda se unirán las demás fuerzas aliadas. Somos concientes de la capacidad de confrontación que ejerce ahora el Estado sobre las guerrillas, que permitiría iniciar una negociación con las AUC en el momento que el gobierno lo considere oportuno.

El asunto del canje y sus consecuencias es responsabilidad exclusiva del Gobierno, respetamos cualquier esfuerzo en ese sentido. Estamos en contacto con monseñor Giraldo para cuando se considere una respuesta a nosotros. Somos respetuosos del Estado, siempre lo seremos. Si no se abandonan las practicas del narcotráfico en las AUC, conformaremos unas Autodefensas solo integradas por los que no somos narcos para buscar salidas civilizadas. Respecto al tema de la extradición, considero que cada cual está en su derecho de demostrar su inocencia lealtad y compromiso es con Colombia y su gente honesta”. Cordialmente Carlos Castaño. (Lo reitero, transcribí textualmente el mensaje enviado al presidente Uribe por medio del ‘Ingeniero’).

Todo este Background para poder entender lo que se puso hacer Carlos Castaño desde inicios de 2003. Comenzó a asesorase de cómo debían ser los sitios de concentración para los combatientes, él no quería que sucediera con las AUC lo que pasó en 1991 con los combatientes del Ejército Popular de Liberación, EPL, cuando se desmovilizaron.

Comenzó una gira por varios pueblos de Urabá para hablar con miembros del EPL para escucharlos y pedirles recomendaciones.

Y es ahí cuando llegó la reunión del 15 de mayo de 2003.

Fue en todo el enclave del Eje Bananero, zona de responsabilidad de Raúl Hazbún, quien antes tuvo como nombre de combate ‘Pedro Bonito’.

Coincidencialmente ese día Carlos Castaño cumplía 38 años. Sería su último cumpleaños.

*****

Para ese entonces yo estaba inmerso en la escritura de mi segundo libro, en donde Carlos Castaño era fuente principal, sin mencionar a otras.

Quería estar solo, por lo que desde enero de 2003 me mudé a Bogotá a un bello sector en aquel entonces, que toda la vida me había tenido embrujado: El Park Way de Soledad (Me dicen que ya hoy eso no es lo mismo, lástima). Allí, en un hermoso edificio de cinco pisos, muy cerca del directorio de los Godos, y de un Gaula. arrendé un apartamento.

Era encantador salir en las tardes, a eso de las cinco, sentarse en una banca del parque, y comenzar a leer los borradores escritos en ese día. Después, irme caminando hasta el Carulla y comprar una barata botella de vino blanco o tinto para terminar la noche. No había para más.

Estando en ese supermercado, en la noche del lunes 12 de mayo, entra a mi celular una llamada de un conocido, pero reservado número para mucha gente.

Respondo: ‘Aló’.

Y una ronca e inconfundible voz me saluda con respeto y a la vez con calidez.

–      “Cómo va su libro, Toñito… sí será capaz de terminarlo alguna vez”. Y suelta la risa.

–      “Ahí vamos. Como dicen, las cosas buenas para los que saben esperar”. Le respondo yo, también riéndome.

–      “Lo voy a invitar a una reunión para que algún día la cuente. Está dispuesto”. Me dice.

–      “Claro que sí”, le riposto.

Luego me indica que debo viajar a Medellín, dormir allí y salir al día siguiente desde el aeropuerto Olaya Herrera para Urabá. Me recomienda que sea a Apartadó.

El miércoles 14 de mayo estoy temprano en Apartadó y me siento a esperar en el aeropuerto.

A eso de las 9 y media de la mañana me llama y me pregunta dónde estoy. Le contesto que, en el aeropuerto de Apartadó, él mismo reconoce que se equivocó y que pensaba que había llegado a Carepa. Me dice que espere allí. Al poco tiempo llega una camioneta Toyota Hi Lux, con dos personas y me recogen.

Fue un viaje como de dos horas y media.

Había muchos cultivos a lado y lado. Y ‘peajes’ donde todo mundo pagaba para el mantenimiento de las vías, que eran destapadas, pero estaban en perfecto estado.

Llegamos a una casa, no ostentosa, pero hecha solo en madera. Me hicieron pasar al segundo piso donde había una reunión en donde estaba Carlos Castaño con varias personas, entre ellas Aníbal Palacios, alcalde titular de Turbo en ese momento, había sido elegido en octubre de 2000.

Aníbal Palacios era desmovilizado del EPL.

Me senté y escuché cómo Carlos Castaño le pedía a Aníbal Palacios que le contara la experiencia del EPL cuando los concentraron.

Castaño quería aprender de la experiencia del EPL para que no se repitieran los mismos errores.

Palacios fue generoso en contar todas las experiencias y en reconocer que todo empezó mal cuando los concentraron en esos lugares sin las más mínimas condiciones de higiene. Ni siquiera les construyeron baños.

Contó que los negociadores del Gobierno se desaparecían y los guerrilleros se desesperaban porque creían que los iban a traicionar y muchos se evadieron.

No les daban las provisiones para comer bien.

Carlos Castaño iba anotando todo en una libreta amarilla.

En un momento Castaño le preguntó el por qué los concentrados se iban del sitio de concentración a extorsionar y a hacer retenes, si ya estaban negociando.

Aníbal Palacio le dijo que ellos comenzaron a perder el mando de la tropa por el incumplimiento del Gobierno y que muchos guerrilleros, a escondidas, salían a hacer fechorías.

Como la que hicieron en una carretera en esa área.

Vamos a recordarla.

Venía un viejo Toyota corto blanco, le decían Care’Vaca’.

Al volante iba un tipo que hablaba gago, de gorra. A su lado una señora y atrás un muchacho.

El retén lo montaron 10 guerrilleros del EPL que estaban camino a la desmovilización.

Comenzó In Situ, una negociación. El que hablaba como gago les aseguró un billete, pero dijo que lo debía ir a buscar, pero que el carro ya estaba casi sin gasolina.

Los guerrilleros, que no eran unos ‘Gilbertos’, le dijeron que fuera a tanquear y le montaron a un guerrillo en la parte de atrás, atrás. Por donde había una puerta pequeña. Los del retén se quedaron con la señora y el otro pelao.

Llegaron a un viejo y destartalado surtidor y tanquearon.

Cuando salieron de allí. El conductor comenzó a acelerar y correr como un loco en ese carro. Se iba a un lado y otro de la destapada vía. El guerrillo asustado gritaba que lo iba a matar.

El conductor le respondía que lo hiciera para matarse los dos.

En un momento el guerrillero dijo algo insólito: “Si no paras me tiro”.

Abrió la puerta y se tiró con todo y fusil.

El conductor llegó a una finca, se bajó, y mandó a que trajeran 20 hombres bien armados

Llamaron por radioteléfono y pidieron que mandaran 20 patrulleros a ‘La 2”.

‘La 2’ no era otra que ‘Las Tangas’.

Y quien se bajó del Toyota no era otro que Vicente Castaño Gil, ‘El Profe’.

Los del retén del EPL nunca supieron que tuvieron a un Castaño entre sus manos, pero un 16 de abril de 2004… sí que lo tuvieron.

A los pocos minutos de llegar a ‘Las Tangas’, a Bernardo Gutiérrez, máximo comandante del EPL, que estaba negociando con el Gobierno, le llegó un mensaje claro y preciso: “Cómo le pase algo a Sor Teresa y al muchacho esta misma noche los matamos o todos”.

Sobra decir que Gutiérrez devolvió a los ‘retenidos’, sanos y salvos.

*****

Carlos Castaño no quería que el proceso con el que soñaba, se dañara por una acción como esa.

La reunión termina y todos a almorzar. Sirven un gigantesco tamal, que en esa zona llaman ‘Sarapa’. Tenía de todo, gallina, cerdo, carne, pollo. Hubo invitados que solo dejaron el bijao limpio.

Allí nos despedimos todos.

Castaño me invitó a seguir con él. Fueron como casi dos horas de viaje. Allí me narraba todo lo que se imaginaba con los sitios de concentración para con los combatientes de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá). No se refería a los frentes del resto del país.

Ya estaba cayendo la tarde. La noche ya había derrotado al sol.

Llegamos a una bella casa y allí nos esperaba Raúl Hazbún y otras personas que no conocía. Al rato llegó Sor Teresa y la compañera de Carlos en ese momento.

Prepararon mariscos, muchos mariscos. Había vino blanco, no del mismo que yo compraba en el Carulla del Park Way de Soledad. Se hizo el brindis con Champaña y se celebró… nadie se imaginó que sería el último cumpleaños de Carlos Castaño.

Allí se tomó una foto que estuvo ‘desaparecida’ por muchos años, pero que yo la hice pública en mis redes sociales

Fue la segunda foto donde aparezco con Castaño, ya que la primera fue en su matrimonio un tiempo antes. No existe otra.

Como a las 9 de la noche cada quien a sus hamacas, otros decidieron ir a cuartos.

A las cuatro de la mañana ya todo mundo afuera.

Es en ese momento, sentados ante una larga mesa, tomando café, es cuando Carlos Castaño me dice qué va a pasar esa mañana.

Me cuenta que se va a reunir con todos los poderosos directivos de las empresas bananeras y que allí estará el presidente de Augura. Que todo programado para que inicie a las nueve de la mañana. Y así fue.

Y me pide un favor.

Que un helicóptero va a llegar faltando 10 minutos para las 11 de la mañana. Cuando aterrice yo debo subir a la sala donde se está desarrollando la reunión, toque la puerta y entre. Luego le pregunte que sí el piloto apaga la máquina.

Y me avanza que él va a contestar que no. Y así fue.

Ese fue como el ‘santo y seña’ para él terminar la reunión.

Salió y me invitó a irme con él.

Llegamos a la finca ‘Los Campanos’ o ‘90’. Me preguntó sobre las dudas que yo tenía sobre lo que habíamos conversado para mi libro y me las aclaró.

También noté que estaba emocionado porque los bananeros iban ayudar a la desmovilización y darle oportunidades laborales a los desmovilizados. Con respecto a las víctimas de esa región iban a fomentar cooperativas de desarrollo dándole prioridad a las mujeres.

Pero todo eso murió un mediodía del 16 de abril de 2004.

Esto pasó ese 15 y 16 de abril de mayo de 2003. Nadie me lo dijo, yo lo viví.

Que sea un mero testimonio de lo que pudo ser y no fue.

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