Recordar el pasado… para narrar las Historias de un largo recorrido presente

Por: Toño Sánchez Jr.

No hay nada que me guste más que narrar historias. Llegó el momento de contar una parte de este gran rompecabezas de lo que ha sido y es el conflicto armado en Colombia. Sólo puedo contar lo que pude documentar y conocí. Por supuesto, que en mis Columnas de Opinión hago muchas inferencias y análisis de ese pasado cruento. Estoy seguro, que, en algunos años, y con la inteligencia artificial, se contará este presente.

Estos nuevos recorridos me llevan a concluir nuevamente lo que todos en este país saben en exceso: que este es un cruel Estado abandonador de las Regiones. Con excepción de las grandes capitales donde se mueve el PIB de Colombia. Y también concluyo que todo está peor que antes.

La Historia, la que no nos gusta conocer, nos muestra que así ha sido. Donde no hay Estado hay pobreza, miseria y todo tipo de grupos al margen de la Ley. No importa el brazalete que tengan.

Dos ejemplos de esos abandonos:

El primero. Entre 1991 y 1994, por medio de un proceso de paz, se desmovilizaron varias estructuras del Ejército Popular de Liberación, EPL. Para las nuevas generaciones este fue un grupo guerrillero de los más sanguinarios que haya existido, se ensañó contra Córdoba y los cordobeses.

También se desarmó la gente de Fidel Castaño Gil, a quienes le decían ‘Los Tangueros’, porque su base estaba en la hacienda ‘Las Tangas’.

Después de este proceso de paz qué vino para estas regiones de Córdoba y Antioquia… ¡Nada! Nuevamente olvido… más violencia… más sangre…

Segundo. El proceso de paz que se inició en 2005, en Santafé Ralito, Tierralta, Córdoba.

Toca repetir el anterior párrafo.

Después de este proceso de paz qué vino para estas regiones de Córdoba, y Antioquia… ¡Nada! Nuevamente olvido… más violencia… más sangre…

Ni hablar de las otras donde operaban las Autodefensas.

Permítanme aquí un largo paréntesis para recordar un hecho que tiene que ver con el presente de estas regiones que recorrí hace unas semanas para un trabajo de memoria histórica regional.

Al parecer, Vicente Castaño Gil, siempre tuvo razón en el sentido de afirmar que el Gobierno de Álvaro Uribe los iba a traicionar y por eso no se entregó y montó a ‘Don Mario’ y a ‘Otoniel’ a comandar un nuevo ejército, al mando de exjefes del EPL y de las mismas AUC.

Por eso hoy más que nunca es famosa la carta que le envió al Gobierno donde se comprometía a entregarse si se firmaban los Acuerdos pactados en Santafé Ralito. Y que fuesen invitados los medios de comunicación bogotanos a su entrega.

La respuesta fue una trinca que se armó para asesinarlo por allá detrás de Ayapel, Córdoba, por Nechí, Antioquia. Hoy se sabe que él se mató dentro de un baño cuando vio que llegaron los comandos.

Toda esta situación desató un miedo en los demás comandantes de las desmovilizadas Autodefensas. Solo faltaba la extradición.

Los que decidieron quedarse en el monte se sintieron como liberados, al saber lo que les hubiera esperado, se rearmaron y comenzó otra guerra.

‘Don Mario’ y ‘Otoniel’ se convirtieron en unos cabos sueltos que había que abatir o capturar. Vivian del narcotráfico como todos los demás grupos al margen de la ley. Y como ‘prestantes’ ciudadanos que están montados en este negocio en donde permanecen bien agazapados.

No olvidemos que los millones de dólares y euros son lavados en paraísos fiscales, sector bancario y financiero. Y en grandes proyectos de viviendas, hoteles, centros comerciales y restaurantes y bares. Y nada de esto funciona en Santafé Ralito o cerca a los pueblos de Las Tangas.

Lo anterior lo escribo para corroborar que son a zonas olvidadas del Estado a las que etiquetan de todo lo malo.

Que los amos y dueños del narcotráfico eran ‘Don Mario’ y ‘Otoniel’, me cuesta creerlo. Más parecían unos bodegueros y despachadores. Que se ‘apuntaran’ en algunos kilos, a lo mejor, pero los verdaderos narcotraficantes hoy son ‘invisibles’.

Entonces se fue ‘Don Mario’, ‘Otoniel’ y otros. Pero todo siguió igual. Los que quedaron, para sobrevivir tienen que tener control territorial, mando responsable y combatientes. Según el Derecho Internacional Humanitario, estos son requisitos indispensables para considerarlos grupos alzados en armas.

Que, si pelean con la guerrilla o no, eso es un tema a tratar. En el sentido de que el conflicto colombiano ha mutado mucho, pero mucho.

Hasta aquí este extenso paréntesis.

Al llegar, a algunas zonas de estas donde estuve haciendo reportería hace más de 20 años para mis libros, regreso y todo es pobreza, miseria y olvido como lo he escrito desde el inicio de esta Columna de Opinión.

La materia prima para todos estos ejércitos irregulares es el que carga el fusil o la pistola o las dos cosas o más.

¿Y dónde la encuentran? En sus regiones de influencia. Allí donde los muchachos saben que el respeto se los puede dar un fierro, porque existe un Estado que no les da más opción.

Aquí es donde uno concluye, que pareciera que en Colombia existiera un perverso determinismo, en el sentido de que hay gente que no tiene opciones. Lo que le tocó.

Así es en todas las regiones conflictivas del país.

Ver cómo la gente aprende a convivir con el miedo es descorazonador.

Muy a pesar de todo ese panorama la gente sonríe y esperan que algún día todo cambie. Los niños siguen jugando a pie descalzo y sin camisa en una polvorienta calle con un descosido balón.

Hay que soñar con un verdadero y serio proceso de paz que tenga reglas claras y dé garantías a todos los que se desmovilicen. Esa gente no quiere pasar toda la vida en el monte tampoco.

Si va a haber una Paz Total que sea para todos los grupos y estructuras al margen de la ley. No como hoy se ve lo que pasa, que a unos les extienden ramos de olivo y a otros les dan plomo.

Colombia necesita reconciliarse y perdonarse de manera urgente. No le podemos seguir entregando nuestra juventud a la guerra y al mototaxismo.

Por eso este recorrido que hice para Narrar Historias y Crónicas se hace importante conocerlo para ver la una parte de la realidad de la otra Colombia.

Dirán, pero Toño sigue con lo mismo y se repite. Yo, solo respondo, pero si la guerra y la violencia se recicla y repite en nuestras regiones, lo tengo que callar para ser un ‘columnista políticamente correcto’. Y esta es nuestra dura y cruel realidad, y no le voy a dar la espalda ni ignorarla. Lo siento.

Que Dios Bendiga a Colombia y a sus colombianos.

En este enlace esas historias: https://www.youtube.com/@CanalTSanchezJr

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