Como un ejercicio de Historia transcribo esta Columna de Opinión escrita el 29 de enero de 2005. PARA QUE CONSTE!
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Por: Toño Sánchez Jr.
La entrega de fusiles no sirve de nada si no está adobada con una sobredosis de inversión social que mejore, en corto plazo, la calidad de vida de los cordobeses.
Creo que de Córdoba a nivel nacional sólo se ha hablado medio bien cuando se creó oficialmente como departamento en 1952; en los 80 cuando Happy Lora fue campeón mundial; en los 90 por los procesos de paz con el Ejército Popular de Liberación —EPL—, y en los inicios de la siguiente nueva década con las desmovilizaciones de los paramilitares. Los grandes titulares los acapararon como siempre los terribles acontecimientos que por supuesto fueron más resaltados, lo que ha creado un prototipo de cordobés totalmente desconocido para el común de los sinuanos.
¿Qué tiene Córdoba para que por aquí haya pasado lo mejor y lo peor de este país? Creo que el encanto es su gente trabajadora y de gran corazón, sus fértiles tierras y los 127 kilómetros de costas frente al Caribe. Ningún otro departamento ha tenido tantas oportunidades como este para cambiar. Y esas épocas llegaron con la realización en su territorio de los más exitosos procesos de paz del país. Pero, ¿qué le ha quedado a los cordobeses? Nada. Y con el pasar del tiempo vuelve otro fenómeno y los azota. Ya suena como a sonsonete decir que hay que conocer la historia para no cometer la estupidez de repetirla, lo que nos lleva a concluir, tal vez equivocadamente, que nos volvimos estúpidos o que no nos gusta cambiar.
Esta región, sin el permiso de nadie, fue tomada por la violencia. Esta tierra siempre nos ha sido arrebatada para la guerra, pero siempre la hemos cedido con gran generosidad para la paz... pero nada cambia. Córdoba ha puesto las víctimas: las viudas, los huérfanos y los desterrados, pero nadie se conduele de ella. Los medios nos han encasillado y estigmatizado, primero como guerrillos, luego como paras, después como narcos y ahora como lavadores. La mayor responsabilidad no es de los medios de comunicación sino del Estado y de los mismos cordobeses que siempre vivimos esperando los resultados sociales de estos procesos.
No es si no desempolvar los archivos, para ver el caudal de promesas de desarrollo proyectado para las zonas donde ubicaron los campamentos de paz para la desmovilización de los guerrilleros del EPL y verán que esas regiones están hoy peor que antes. Y ni hablar de las que les hicieron a los desmovilizados. En Juan José ni siquiera se pudieron realizar elecciones populares en el debate pasado. A pocos kilómetros de allí se cayó el puente que conduce a Tierradentro y nadie dice nada. En Cedro Cocido no se sabe si todavía existen seres vivientes.
A los colombianos nos gusta la guerra pero bien lejos de nuestra casa; también nos encanta la paz, eso sí, que sea regalada. ¿Y dónde está establecido que la paz es gratis? Ni siquiera en nuestra casa. A veces pienso que son más los que aman la guerra que la paz, ya que la primera origina caos y es una forma de aprovecharse de los demás y de reinar.
Por una fuente directa supe que cuando se iniciaron los diálogos con las autodefensas ilegales, le presentaron al Alto Comisionado una propuesta social de desarrollo para las zonas donde tenían influencia. Este último de un tajo les dijo: “todo eso está entre los 100 puntos del programa del presidente Uribe”. Entonces, ¿qué le queda a Córdoba? Desmovilizados a granel.
Mirando por el espejo retrovisor puede uno observar que siempre hubo incumplimiento del Gobierno en los pagos de las mesadas en los programas de resocialización y en los proyectos sociales de inversión. Esta retrospectiva nos hace presagiar que podemos estar a las puertas de mano de obra baratísima para el delito: robo, atraco, crimen selectivo, cobro de cuentas personales, el secuestro flash (estilo paseo millonario), bandas delincuenciales de todo pelambre y muerte.
Hay por allí un cuento que los funcionarios de poder no pueden ir a Valledupar en cualquier época del año, porque terminan dejando grandes rubros para inversión. Aquí en Córdoba, nos han robado nuestro territorio para la guerra con la indiferencia cómplice del Estado y sólo hemos recibido migajas y ni siquiera las gracias.
Es el momento ideal para que venga un nuevo aire de paz y desarrollo para Córdoba. Ya está bueno de tantos discursos retóricos por la paz y de tantas fotos al lado de comandantes paramilitares. Lo que se necesita ahora es inversión social seria y verificable.
Este país, para bien o para mal, se benefició del paramilitarismo. Algunos oficiales del Ejército reconocen que en un cercano pasado la guerrilla no se tomó muchas regiones por las acciones de los para. Hoy día está demostrado que el mejor poder es el institucional, pero para institucionalizarlo se necesita que vaya de la mano de la inversión social y de la colaboración de la ciudadanía. Es importante que esta última le entregue su confianza a las fuerzas militares y públicas.
Esto de entregar fusiles a cambio de nada no funciona. Sólo acuérdense en 1991 cuando Henry Pérez en Puerto Boyacá desmovilizó las autodefensas del Magdalena medio. Casi nada se cumplió y esos mismos desmovilizados regresaron a las armas o se mataron entre ellos. Después llegó el Estado y recogió lo que quedó para perseguir a Pablo Escobar.
Es importante que exista una desmovilización integral que contenga un claro y preciso marco jurídico y un obligatorio componente social y sicológico. El Estado sabe que con la normatividad que existe puede desmovilizar al 90% de las autodefensas pero, ¿qué pasará con los comandantes? No quiero pensar que les están quitando la gente para luego caerles. Es por ello que también se hace necesario decirle al país cuál será el tratamiento que se le dará a estos comandantes y a los narcotraficantes que combinaron su accionar entre la lucha subversiva y las drogas. Porque puede darse el caso que el Gobierno sólo quiera desmovilizar a los que considera verdaderamente autodefensas, para arrancarles luego el resto. Esto conduciría a una terrible batalla interna, cuyo epicentro serían las calles de las ciudades donde tienen su influencia las autodefensas. ¿Están preparados los cordobeses para una nueva guerra urbana estilo Pablo Escobar o más moderna aún?
Este proceso, nos guste o no, va a marcar el nuevo aire que puede darse en el Departamento, por lo que no podemos estar desentendidos. Si fracasa, las próximas víctimas serán los miembros de esta sociedad, y si se logra capitalizarlo con obras de inversión social gana Córdoba y nuestra economía.
