Por: Toño Sánchez Jr.
Escribo esta Columna de Opinión con el Corazón en mi mano. Porque detrás de la persona de quien voy a escribir está una grandiosa mujer que quiero, porque fue muy buena conmigo cuando niño.
Pero mi compromiso, con esta profesión que escogí, jodida en estos momentos, me obliga a cumplirle, así no quiera.
Edgardo Miguel Espitia Cabrales tiene todos los apellidos de la gente grandiosa de Montería y Córdoba. No tiene excusa para equivocarse.
Permítanme decirlo de esta manera.
Hay personas que nacen en la mejor clínica privada de la ciudad. Los recibe el más prestigioso Ginecólogo – Obstetra del Departamento.
Pasan a manos de la más cuidadosa enfermera de esa clínica. Lo atiende el más grande Pediatra que se conozca.
Llegan al mejor colegio y pasan 11 años allí. Van a la más prestigiosa universidad de su país. Después se especializan en Yale, Harvard o en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. O cruzan el Atlántico y se van a Oxford.
Regresan y los está esperando un puesto en la Junta Directiva del Holding que tienen sus padres. Allí comienzan el camino para ser el futuro Presidente de la empresa.
Esta gente NO tiene derecho a EQUIVOCARSE.
A Edgardo Miguel Espitia lo ronda hoy una serie de sindicaciones, por las cuales es necesario que salga a responder.
Es obligatorio que diga cuánto costó su elección al Senado de la República.
Cada quien puede gastar su dinero como le dé la gana, pero lo más cierto es, que tienes que decirle al Estado cómo te gastaste ese dinero en tu campaña al Senado.
Fuentes de entero crédito afirman que hay deudas por más de sesenta mil millones de pesos.
Prestamistas (Hombres y mujeres) aseguran que les debes más de 10 mil millones de pesos. Dineros prestados al 2 y 3 por ciento.
El sueldo de un Senador de la República no da para pagar esos intereses. Ni de quienes prestaron por debajo de mesa.
Quiero aclarar, que deber esto en lo privado, no me interesa, y jamás escribiría sobre el tema. Pero es que te metiste a la ‘liga de lo público’, y esto me da la licencia de escribir sobre el tema.
En el año 2007 Edgardo Espitia fue concejal por el movimiento político de Mayorías Liberales. Por sugerencia de su tío, Giovanny Espitia. Gran amigo de Juan Manuel López Cabrales, quien fuera por muchos años Senador de la República (La historia de este Senador debe ser narrada).
Pero meses después el concejal Espitia Cabrales se ‘voltea’ para el Partido Conservador, liderado en Montería por Marcos Daniel Pineda Cabrales. Es allí que lo bautizan como ‘El Buñuelo’, por eso de voltearse con solo revolverlo en el aceite caliente.
Es aquí cuando impone en el concejo de Montería a su suegra para ser la Contralora Municipal. Y lo logra.
Tiempo después, traicionó al Alcalde de Montería, Marcos Daniel Pineda García.
Todo vino por un ‘vuelto’.
Afirman los concejales de ese entonces que fueron tumbados.
Aquí debo recordar ese dicho que sentencia: “Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”.
Que quede claro. No estoy sindicando de nada a nadie. Es un dicho popular.
Sigamos…
En una Columna de Opinión anterior dije que Abelardo de la Espriella, era como Carlos Camargo.
En el sentido de nombrar a profesionales que estudiaron con ellos, en altos cargos. Elogié, y lo sigo haciendo, esa manera de llevar a sus amigos a esos puestos.
Edgardo Miguel Espitia fue uno de esos favorecidos en la Defensoría del Pueblo de Montería.
Tiempo después, empezó un serio rumor en la Defensoría del Pueblo de Montería, en el sentido de que su diploma como abogado no era verdadero.
Aquí, sí un llamado a la Universidad del Sinú, para que aclare esto. Porque sería injusto que siga esta especie en ese sentido.
Pero sigamos.
Pelea con Marcos Daniel Pineda García, pero sigue siendo entrañable amigo de David Barguil, a quien lo acompaña en su elección como Representante a la Cámara, en aquel entonces.
Hoy, todas sus actuaciones, están perjudicando a mucha gente que no le dio autorización para hablar o negociar a nombre de ellas.
Es el momento de que Edgardo Miguel Espitia Cabrales salga a decir qué hizo. Y dónde está todo ese dinero.
¿Lo tiene escondido su esposa?
Es un interrogante, más no una sindicación.
¿Por qué una señora que vende diamantes y barras de oro dice que su esposa le compró muchos lingotes?
Lo reitero. Es un interrogante. Más no una sindicación.
Esta es una Columna de Opinión que busca un llamado a la reflexión, para con todos nuestros jóvenes que buscan una salida rápida para enriquecerse con el Estado sepan que no es así.
Por allí no es.
El título de esta Columna de Opinión dice que tenemos que aprender ‘a separar el trigo de la paja’. Una cosa es Edgardo Espitia y otra Hugo Kerguelén.
Escribir esta Columna de Opinión me duele. Sé que me van a condenar por hacerlo, pero no me puedo quedar en silencio.
Yo no soy santo. Pero nunca engaño y me robo al Estado.
A todas esas personas que no me van a volver hablar…
Lo siento… Y Bendiciones de Corazón.
