Por: Toño Sánchez Jr.
Que quede claro desde ya: NO SOY URIBISTA (¡¡¡!!!) ni nada que termine en ISTA (Petrista, comunista, progresista, socialista, fascista, nazista, izquierdista) con excepción de PERIODISTA.
Pero causa dolor ver a una Colombia llena de odio, resentimiento, y lo que es peor, insolidaria.
Ustedes se pueden imaginar cómo estaría ardiendo este país si quien hubiera muerto hoy hubiese sido un precandidato presidencial del petrismo o progresismo, que es lo mismo.
Cómo sería el estallido de los progresistas si el condenado no fuera el ‘Monje’ de Álvaro Uribe, sino uno de la izquierda. Estaríamos ante una Colombia en llamas.
Estamos frente a una nueva sociedad, excesivamente agresiva, creada por el progresismo petrista que celebra las desgracias ajenas y hasta condenan la demora en morirse de Miguel Uribe. A quien se dedicaron a mostrarlo como una ‘mercancía’ electoral, cuando todos los especialistas sabían y diagnosticaban que nunca iba a ser el mismo así se salvara.
Sindicaban a la familia del muerto como ‘mercaderes’ porque no lo dejaban morir.
Hasta donde ha llegado la infamia de los progresistas.
Pero ninguno ha salido a exigir que se condene a todos los responsables de este criminal atentado, que apunta a las disidencias de las Farc, con las cuales el presidente de los progresistas tiene una inexplicable ‘atracción fatal’.
Aquí otro interrogante. Se pueden imaginar que un Presidente de Colombia, no de izquierda, estuviera negociando con las Autodefensas, y éstas, en plenas conversaciones de paz atenten contra un candidato presidencial, qué hubiese pasado.
La tengo clara. La guerrilla en este país perdió la guerra, pero ganó la paz. Las autodefensas ganaron la guerra, pero perdieron la paz. Y el Estado colombiano perdió la guerra, la paz, la dignidad, el respeto y la vergüenza… lo perdió todo. Y esto último lo sabe muy bien el progresismo.
La otra batalla que le ganó la izquierda, con su brazo armado, la guerrilla, a los colombianos fue tomarse el Poder Judicial, la Procuraduría General de la Nación y otros organismos de vigilancia y control.
También le ganó la izquierda a Colombia la batalla internacional. Mostraron al país como los más perversos parias. Por eso, todas esas ONG’s ‘vampirezcas’ se enriquecían con nuestro conflicto armado.
Hoy están cosechando todo eso y por eso mismo le están entregando el territorio a todas las disidencias guerrilleras y al Eln.
Con el Clan del Golfo están negociando, no por la paz de Colombia, si no para ‘sacar’ a este grupo de sus áreas de influencia, para entregárselas a las disidencias de las Farc y el Eln. (Y no dejemos al ‘Tren de Aragua’ por fuera ni al ‘Cartel de los Soles’).
Vamos a estar en un ‘supuesto’ proceso de paz, que no es otra cosa que el cambio de brazalete de unos grupos al margen de la ley respaldados por el progresismo.
Que se prepare Antioquia, el Urabá, Córdoba y Sucre. Lo peor está por venir.
Ningún congresista de Córdoba se ha atrevido a denunciar el miedo con el que viven sus paisanos, los mismos que votaron por ellos en un reciente pasado.
Pero sí están prestos, como Wadith Manzur, a aliarse con el diablo para saciar su avaricia.
Qué incertidumbre en la que está Colombia.
Podríamos terminar en manos de una terrorífica alianza de Petro – Benedetti – Roy Barreras.
Esto es el ‘apaga y vámonos’.
Ni en las épocas de Ernesto Samper se había visto tanto narcotráfico, corrupción y degradación de la política.
Se acabó la dignidad, el respeto, la grandeza y la decencia en política en Colombia.
Que venga el diablo y escoja… y que Dios se quede quieto en su Reino.
