Por qué ese apellido les genera tanto odio…

Por: Toño Sánchez Jr.

Mi padre se llama Toño Sánchez Charry, cumplió el pasado 17 de junio 95 años, tiene una Página en Facebook en donde escribe de la vieja Montería. Como yo soy suscriptor del Diario El Tiempo, Portafolio y la Revista Semana me exige que se las mande a penas termine de leer todo eso; que a veces, ni siquiera leo todo eso. Y se los juro, él se lee hasta los clasificados y avisos judiciales, no sé si los años nos llevan a eso, pero él es feliz leyendo.

Por qué les escribo esto, porque es de los pocos cordobeses que quedan vivos que conocen quién es quién en Córdoba.

Fui su hijo menor, de tres hijos, dos hermanas mayores y yo, unas cancamanas que no viven en Colombia hace muchísimos años. Una de ellas es una bella y prestigiosa bruja por allá en el sur de Miami. Y la otra, le gustó ser un hermoso ángel, en hogares de geriatría. Yo no me atreví a irme y me quedé acá. Y todavía no sé si fue lo correcto.

Con mi padre aprendí a andar con gente adulta, porque me llevaba a todas sus tertulias como compañía. No puedo negar que metía el oído para escuchar lo que hablaban y no entendía. Pero cuando íbamos en su viejo y bacano Jeep Willys 1954, le preguntaba por todo lo escuchado.

Se echaba a reír, me imagino porque no pensaba que yo estaba escuchando, si no jugando. Mi padre me hablaba como si fuera un adulto. Y toda mi vida me enseñó a andar con adultos.

Por eso Raymundo Méndez Cabrales, Alfonso Ordosgoitia Yarzagaray, Abelardo de la Espriella Juris, Elías Bechara Zainum, Alonso Patiño, William Salleg Sofán, Mauricio Barguil Flórez, Ramiro Cabrales Anaya, Rudesindo Sánchez Kerguelén, Augusto Méndez y otros grandiosos personajes de Montería y Córdoba me conocieron como el hijo menor de Toño Sánchez Charry.

Pero mi padre tenía una relación muy especial con Don Elías Bechara, éste le decía a mi padre ‘Toñote’. Casi todas las tardes mi padre pasaba por la calle 30 con carrera 5 a visitarlo. Era un señor de una sonrisa contagiosa.

Mi padre, a los 95 años, me dice que yo un día le dije: “Quién es ese señor, que se ríe tanto”.

Mi padre me dice, yo no lo recuerdo, “ese señor es un iluso que sueña con cosas grandes que no sé si sean verdad”.

Lo cierto es que, por aquellos años, Don Elías Bechara se le aparece a Germán Bula Hoyos en Bogotá, éste congresista estaba en compañía de Marcos Díaz Castillo, de Chinú; también estaba Manuel H. Iriarte, y les llegó con la propuesta de un Colegio Público. Se miraron entre ellos, pero para no alargar esto, miren el Colegio Conalco de Montería. Allí nació. Después vino La Universidad de Córdoba, el ITA y la Universidad del Sinú.

Si Elías Bechara Zainum no es un grandioso cordobés… quién lo es.

O es que vamos ahora a honrar a quien monta un grupo al margen de la ley y no a un gran forjador de la educación.

Todo lo anterior lo he escrito porque yo viví desde niño y adolescente esto, no he necesitado que nadie me lo cuente. Mi padre siempre fue un gran amigo de los prohombres de Córdoba y yo los conocí. Y doy fe que lo eran y lo fueron. No necesitaban darme nada para saberlo y sentirlo. Era solo un adolescente.

Elías Bechara era uno de esos prohombres.

Que hoy lo quieran desconocer, lo entiendo, porque hay una generación alienada por la izquierda que le duele que hayan existido prohombres. Hoy juzgan cruelmente el pasado a su conveniencia.

Permítanme una anécdota.

Yo no quería estudiar Periodismo. Pero mi padre me dijo, que si no estudiaba Periodismo no pagaba otra carrera universitaria.

Y lo hice. Me matriculé en la Universidad Externado de Colombia, pero en mis horas libres me la pasaba en las clases de primer y segundo semestre de Derecho. Allí me hice amigo de Emilio Otero Dajud (Fue un guía para mí en esos años), de Miguel Alfonso de la Espriella, de Galo Torres, del hijo del General Maza Márquez y de un combo de sanandresanos bacanos. Como era un buen arquero (Fui el primer arquero suplente de la Selección de la Universidad Externado en 1983), por lo que cuando hubo el torneo Intercolonias (Que es famoso en el Externado), terminé jugando con los sanandresanos y quedamos subcampeones. La celebración todavía la recuerdo. Uno de esos sanandresanos terminó hace unos años en un lío político en su isla.

Pero sigamos.

Estudiando Comunicación Social me presenté a Derecho y pasé. El maestro Fernando Hinestrosa me reconocía en la Universidad. Fue quien me hizo la entrevista de admisión.

Le propuse a mi padre. Te estudio Periodismo en Inpahu de noche, y me dejas estudiar de día Derecho. Y mi padre, no aceptó. Fue de los golpes más duros de mi vida.

Comencé a odiar al Periodismo, así lo estudiara.

Lo terminé y me fui a trabajar como Visitador Médico, para cobrársela a mi papá.

Gané mucho dinero en ese oficio, pero no era feliz.

Era inicios de marzo de 1993, estaba en un restaurante de comida corriente, en la ciudad que más amo, después de Montería, Cali;  allí había un televisor encendido mostrando noticias. Y de pronto veo cuando anuncian que el exsenador Amaury García Burgos fue asesinado en Córdoba.

No puedo negar que dejé de comer. Y comencé a ver la noticia con detenimiento.

Allí sentí que algo me decía dentro de mí: “Te gusta la Crónica”.

Medio terminé el ‘corrientazo’ y me fui a visitar a mis médicos de la tarde. Pero esa noche, en la cama no dejaba de pensar en eso.

Pasó el tiempo y me di cuenta que yo quería otra cosa, pero que no sabía hacer, porque la había despreciado: Periodismo.

Y busqué ser Periodista. Y me costó.

Regresé a Montería a reencontrarme con el Periodismo. Y con otros ‘pendientes’.

Por lo que un día fui a una oficina que quedaba al lado del Banco de Occidente, en la calle 29 con carrera tercera.

Había una bella señora atendiendo. Yo me le acerqué y le dije que si podía hablar con Don Elías Bechara. Ella me dijo: “Para qué”. Le mentí.

“Le traigo una razón de Toño Sánchez Charry”.

“Tú quién eres, hijo”, me dijo.

“Yo soy hijo de él”, le respondí con una sonrisa.

Entonces siguió un efusivo saludo y me hicieron pasar a donde estaba Don Elías. Y le conté todas mis cuitas y que yo quería estudiar Derecho.

Me escuchó sonriente y me dijo: “Cuál es el problema”. “Ve a matricularte y hacemos un acuerdo de pago”.

Hoy soy Abogado, por esa conversación. No me he ganado un peso en esa hermosa Profesión, pero este señor me ayudó a cumplir un sueño que mi padre, por la razón que sea, no quiso que lo fuera, pero a la vez me enseñó que los sueños se cumplen.

Cómo no estar agradecido con ese viejo Elías Bechara (Con todo respeto y afecto lo digo), de esa sonrisa, que tú sabías que no te ibas a ir con las manos vacías.

Yo soy uno de esos agradecidos.

Pero antes de seguir, quiero decir que todo lo he recibido del Periodismo. Gracias, viejo. Gracias Toño Sanchez Charry.

Fue una larga anécdota.

Pero ahora sí, vamos pa’ encima.

No he podido entender por qué esta sociedad monteriana odia y ataca a esta familia Bechara.

Todas las familias tienen generaciones nuevas que toman decisiones que jamás aquellas se imaginaron que podían tomar. Y eso hace que pierden ese grandioso legado que han dejado.

Yo me quedo con el viejo Elías Bechara y su grandiosa esposa Doña Saray, aquel matrimonio de un Bacteriólogo que se creó la Educación en Córdoba.

Que hizo que hoy, miles de cordobeses, que fueron ordinarios cordobeses, sean hoy extraordinarios profesionales. (Que algunos tomen un mal camino, eso hace perverso a Don Elías…).

No creó un ‘combo’ para ‘traquetear’, ni un grupo al margen de la ley, ni un clan… Montó lo que verdaderamente nos cambia y nos da riqueza limpia: La Educación.

Nunca sabremos por qué pasan algunas cosas, se lo preguntaremos a alguien celestial en su momento.

Pero Don Elías yo no es Don Elías… Ya se fue…

Nadie, nadie, ni siquiera su familia se esperó eso. Que se fuera como todo mundo se va… de pronto…

Y es cuando aparece esa grandiosa mujer, que estaba agazapada, detrás de su esposo, para hacerlo brillar, Saray Castilla.

Nadie se imaginó la grandeza de esa mujer, lástima que jamás permitieron que diera una entrevista para hablarnos de liderazgo. Cuanta enseñanza nos hubiera regalado a mujeres y hombres. Y lo más importante, cómo ser esposa de un hombre grandioso.

Esta familia ha crecido, ya hay una nueva generación que ni siquiera tiene que ver con Don Elías y Doña Saray, pero eso no es malo.

La pregunta que me hago es: ¿Se perdió el legado?

Me respondo: ¡Claro que no! Allí está. Que no lo quieras ver, eso es otra cosa. Que solo quieras ver lo malo o defectos, me salgo de ese ‘análisis’.

Yo he aprendido a quedarme sólo con lo bueno de los demás. Además, que no reparto ‘diplomas’ de quien es bueno o malo.

La mayoría de las veces queremos y exigimos la perfección en las familias ajenas, sin ver lo que está pasando en las nuestras.

Que la familia Bechara incursionó en política. Yo pregunto: ¿Dónde está el delito?

Que son una familia poderosa social, económica, política y académicamente… vuelvo a la pregunta: ¿Dónde está el delito?

Que miembros de la familia Bechara han estado incursos en situaciones incómodas, llámalos escándalos. Eso puede ser cierto, ¿pero eso degrada lo que has construido?

Que un hijo tuyo, tome una decisión que vaya en contra de todo lo que le has enseñado, ¿eso te hace miserable y despreciable…?

Quiero escribir sobre algo que sólo fui el ÚNICO que lo hice. Fue cuando Mara Bechara tuvo un problema jurídico.

Escribí una Columna de Opinión en donde planteaba todo lo que estaba pasando y defendía su buen nombre.

Se ha venido defendiendo en Derecho y espero que lo logre. La cuestión es, cómo me vas a pisotear y acabar por algo que ni siquiera se ha demostrado.

Todo por resentimiento y odio.

Cómo me vas a condenar porque en mi pasado un hijo tomó una mala decisión. Porque no te di lo que me pedías. Porque no te di un contrato. Porque no te nombré a la persona que no llenaba el perfil profesional.

Condenarme porque a una bodega de resentidos (Y resentidas para lo de enfoque de género) no se le entrego la nómina de mis empresas y de la Gobernación… eso no es ser honesto. Eso es ser extorsionista y bandido.

A mi criterio, es mejor que se esa gente se ponga al servicio del Clan del Golfo.

Ya quiero terminar.

La familia Bechara no es una Santa Familia. Como tampoco lo es la mía.

Pero sí tengo que reconocer, que mi padre Toño Sánchez Charry, creo un nombre como Periodista grandioso. Tuvo sus hijos, y cada cual hizo lo que quiso hacer. Yo hubiese tenido el deseo de que hubiésemos sido una única familia, pero no lo fuimos, pero eso no lo hace malo a él ni me hace malo a mí.

Pero las familias por eso son familias, porque en los momentos difíciles algo sale de dentro de ellos que los hace grandes y aprenden a superar las dificultades y embarradas de los que vienen atrás.

La magia, es que aprendan con el dolor de los de atrás.

Yo estoy aprendiendo todavía…

Dejemos de juzgar y condenar… nadie sabe el desierto por el que está atravesando esa persona, amigo o familiar que tienes al frente.

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