Por: Toño Sánchez Jr.
Vamos a valernos de la famosa frase de Bill Clinton en 1992 cuando sentenció: “Es la Economía, Estúpido”.
De las 376 mil hectáreas de cocaína sembradas en el mundo, Colombia aporta el 67 por ciento, esto es, aproximadamente 253 mil hectáreas. Pero este gobierno progresista se niega entender el problema y sale es a cuestionar la metodología de cómo se obtuvieron las cifras. El eterno problema de los zurdos.
Esto no lo dice ninguna fundación u Ong, lo afirma la entidad más progresista del mundo, la ONU, en el Informe Mundial de Drogas, del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, en donde concluye que Colombia es el principal productor de cocaína del mundo.
Según datos del Sistema Simci, los cultivos de mata de coca crecieron en Colombia un 12 %, pero la producción del alcaloide subió geométricamente a niveles nunca antes vistos.
Pero miremos este dato, en Antioquia hay sembradas aproximadamente un poco más de 37 mil hectáreas de matas de coca. En la región que abarca a Bogotá hay 163 mil hectáreas.
Toda esta producción debe pasar a unos laboratorios para sacar la ‘panela’ de dos kilos que sale para los mercados de Estados Unidos, Europa, Asia y África.
La situación es que el Departamento que está al lado de Antioquia, que es Córdoba, tiene 127 kilómetros de playa frente al mar Caribe y por años ha sido la bodega y despachadero más grande de Cocaína de Colombia.
Córdoba llegó a tener, para los 80 y los 90, más de 25 pistas de aterrizaje y despegue, entre legales e ilegales.
Con un dato adicional, aquí el narcotráfico entró por los estratos más altos con el famoso ‘apuntarse’, pero esto es para otra historia.
La cuestión es, que con este monitoreo lo que observamos es que la política antidrogas de este gobierno progresista fue y es un desastre. Con esto no quiero decir que el problema de los cultivos ilícitos de matas de coca y producción es responsabilidad exclusiva del presidente de turno, no. Nunca. Lo cierto es que en este período se creció de manera desmedida en cultivos y producción, con el riesgo de que Colombia pueda ser desertificada por los Estados Unidos.
Quienes defiende a este gobierno alegan que las incautaciones han crecido, pero es lógico, hay tanta coca en Colombia que ya no hay donde esconderla. Por lo que han crecido las incautaciones.
Pero vayamos a un tema que siempre me ha inquietado. Los monitoreo de matas de coca en Colombia se han hecho por satélites, pero como cosa curiosa la región de Córdoba, Colombia, donde están las matas de coca es en el Parque Nudo de Paramillo (Se llama oficialmente Parque Nacional Natural Paramillo con una extensión de más de 504 mil hectáreas), pero allí, por cuestiones atmosféricas y climáticas, siempre hay nubosidad, lo que hace imposible que los satélites puedan monitorear las áreas sembradas.
Esto quiere decir que jamás se ha sabido con certeza la cantidad de hectáreas sembradas de matas que hay en esta región. Situación que conocen muy bien los narcos.
Aquí recuerdo, cuando después de 2005, Salvatore Mancuso le propuso al gobierno de turno arrancar manualmente todas las matas de coca en el Parque Nudo Paramillo. No se olvida una foto que le dio la vuelta al mundo, en donde él estaba con muchos combatientes, listos para arrancar las matas y crear proyectos productivos en esa área.
Pero, inexplicablemente, el gobierno de turno no apoyó la idea y dejó que los cultivos ilícitos crecieran más.
Aquí es cuando uno se pregunta, cuál es el cuento de Colombia con el tema de las drogas. Por qué tanta hipocresía y doble moral.
No quiero escribir ni hablar, por ahora, del lavado de esos miles de millones de dólares que genera este negocio de la coca. Eso no lo lavan en Puerto Libertador – Bijao, en Repelón, Atlántico, en Caucasia, Antioquia. Esto se lava en las grandes capitales de Colombia con la ayuda clandestina del sector financiero.
Hoy no sabemos si el apartamento donde se vive fue construido con dineros producidos del lavado del narcotráfico. Si el hotel donde te bajas, o el restaurante, o la concesionaria de carros son parte del ‘holding’ del billete del narcotráfico.
Hoy todo esto es un misterio. Por eso, ni hablar. Vemos, pero no sabemos.
Mientras la cocaína causa estragos en el mundo entero, también produce excesiva riqueza y lujos en otras personas. Es una balanza mortal en la cual mucha gente quiere estar.
Quiero terminar esta Columna de Opinión con unos párrafos del Editorial del Diario El Tiempo del domingo 29 de junio 2025.
“Así las cosas, urge entender que mientras el Estado siga improvisando, el narcotráfico continuará arrasando con la naturaleza, el tejido social, los espacios de organización y acción comunitarios, las economías lícitas y la propia legitimidad institucional. La cocaína es el combustible de la máquina de guerra que hoy asfixia al Cauca, Catatumbo, al sur del Meta y a la región del Pacífico. Es el motor que alimenta el reclutamiento de menores, el desplazamiento forzado, la deforestación y la corrupción local. No hay transformación territorial posible si antes no se arrincona con firmeza a esta industria ilegal que da pie a otras tantas, como bien lo advierte el informe”.
“El desafío es impedir la consolidación de un sistema criminal con ejércitos privados capaces de controlar rutas, imponer impuestos, intervenir procesos electorales y gobernar de facto amplias regiones del país. No se trata ya de capos visibles, sino de redes sofisticadas que se nutren del desorden institucional, de la ausencia del Estado y de la resignación, confusión y sensación de falta de apoyo del centro que se percibe en las autoridades locales”.
“Lo que está en juego es demasiado grande: el orden social, la legitimidad del Estado, la seguridad de millones de personas y la posibilidad real de una paz duradera. El país necesita entender, de una vez por todas, que la lucha contra el narcotráfico no es solo una batalla de seguridad, de una lucha por la democracia, la equidad y el futuro mismo de Colombia”.
Para que conste que un Editorial lo dijo, y no salgan años después a decir que nadie nos alertó.
