Soy Toño Sánchez Jr.
Me encanta narrar historias.
Esto es Historias y Crónicas Narradas.
La mística y moral que siempre tuvo cuando se metía en el camuflado del Ejército de Colombia la tenía cuando se puso el otro, aquel que en el brazo derecho llevaba el brazalete que decía ACCU, Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá.
Su identificación en el camuflado decía en mayúsculas: DOBLE CERO y en la gorra: COMANDO.
Pistola Pietro Beretta a la altura del muslo derecho, fusil Galil en la mano derec ha. Y proveedores al cinto.
Siempre que se sentaba, el fusil lo tenía recostado a su pierna derecha y desasegurado. Este tipo era mística pura. Y a su izquierda estaba sentado ‘Pipo’ un gigantesco perro que lo acompañaba a todas partes.
Llegaba bien temprano a una casa en Cristales, en donde decían que se la pasaba el ‘Cura’ Pérez, comandante del Eln, cuando iba de visita a esa región.
La primera vez que fui a Cristales y llegué con él a esa casa, me dijo: “siéntese allí, que allí se sentaba el guerrillero del ‘Cura’ Pérez”. Yo me sonreí y me senté donde me indicó.
En esa mesa, tuve las más grandes lecciones de la historia de este país. Que nunca vas a aprender en Universidad alguna.
Mandaba a pedir un litro de Pepsi, no le gustaba la Coca Cola. Y se la tomaba el sólo, fría o al clima. Y la apretada para que no se le fueran los gases. No le daba a nadie más, por eso pedía otra para los demás.
Era en esos momentos en que no entendía como cómo Carlos Mauricio García Fernández había terminado en un grupo de Autodefensas. Y la única respuesta que encontraba y encontré era que fue un antisubversivo de alma, corazón, mente y cuerpo. Primero fue un militar puro del Ejército de Colombia, y después un Autodefensas pura sangre de la ‘Casa Castaño’.
Era un combatiente que no conocía el miedo.
Cuando te miraba fijo a los ojos, te estaba escaneando. Y sabía ya quién eras tú. Y si percibía que lo estabas engañando… perdiste.
Tenía un terrible humor negro y manejaba un escalofriante sarcasmo que te hacía reía a veces a carcajadas y no todo mundo tenía esa virtud.
Nuevamente lo digo, en Cristales andaba con un gigantesco perro, que lo conocí cuando dormí por primera vez en ese frío cerro, en el apartamento donde se alojaba.
Entramos, y cuando vi que semejante perro gigantesco se me vino encima me asusté.
“Quédese quieto y deje que lo huela”, ordenó. Eso hice, casi al punto de orinarme del susto.
El perro, al terminar su olfateadora conmigo, se giró y comenzó a mover como loco la cola y a pararse en dos patas sobre el pecho de ‘Rodrigo’. A mí me regresó el alma al cuerpo.
Esa fue una larga noche hablando de la vida, de la historia de Colombia y del futuro de las Autodefensas. Allí noté que ya estaba preocupado por la influencia del narcotráfico en la Organización.
También esa noche me habló de un medicamento que debía tomar todos los días. Y que lo obligaba a ser un Estoico. Pero de eso no vamos a escribir. Esa era su guerra interna y que día a día la ganó. Aquí creo que ‘Rodrigo Doble Cero’ hubiese sido un gran conferencista y Coach de como triunfar en la vida en otros escenarios.
En los días siguientes me puso a todos los combatientes que venían de las Farc y del Eln y ahora eran Autodefensas.
Noté algo que me golpeó muy duro.
Yo todas las entrevistas las iniciaba de manera espontánea, buscando quitarle la tensión al entrevistado. No usaba grabadora porque esos los ponía inquietos, se quedaban mirándola y empezaban a responder con monólogos. Todo eso lo aprendí en esos momentos. Fue cuando empecé a usar libretas amarillas. Eso los sosegaba.
Había un momento en que después de preguntarle ciertas generalidades de su vida les decía: ‘¿Cuántos años tienes?’.
Por ejemplo, me respondía, tengo 28. Yo de inmediato levantaba la vista y me quedaba mirándolo. No se lo decía, pero en mi mente, me decía: ‘Dios mío, este muchacho parece que tuviera cincuenta años”.
Allí supe que la guerra te envejece más rápido.
Hay tantas historias inéditas por contar, que tengo en esas libretas amarillas, de esos combatientes.
Tuve la libertad en Cristales de hablar con quien quisiera. Y así lo hice. Todo mundo recordaba la terrible época de un tal alias ‘Filo’ (‘Filosofo’) que azotó a sangre y muerte a toda esa región. (De él escribí hace poco en la Historia del Bloque Metro y en mi libro ‘Historias de un país herido: Crónicas que da miedo contar’).
‘Filo’ no hizo parte de las ACCU, fue un engendro de unos ganaderos del Magdalena Medio. Abusó de toda esa población, hasta que Vicente Castaño le dijo a Carlos Castaño: “O lo mata usted o lo mato yo”.
Y fue ‘Jota’, el segundo de ‘Rodrigo Doble Cero’, en el Bloque Metro, quien lo mata en la bomba de San Juan con 70 en Medellín, por allá a finales de 1997.
*****
A Carlos Castaño le encantó Cristales y se la pasaba en ese golpeado y bello pueblo. Se hizo a una pequeña finca un poco más allá de San José del Nús. Era todo un laberinto para poder llegar hasta allá. Los carros que se acercaban a la casa se divisaban desde bien lejos. Y había dos puestos de control. En donde la gente estaba de civil y los fusiles escondidos.
Castaño no quería que la gente que transitaba por allí en sus bestias y motos se sintieran intimidados.
Se compró la versión nueva de un Suzuki SJ 410 de capota, de color blanco, para desplazarse por allí, y que le sirviera para mandar a buscar personas a Medellín.
Para ‘Rodrigo Doble Cero’, la estadía de Carlos Castaño allá era una cuestión fregada. Le daba alegría de tenerlo en Cristales, hablar de la historia del conflicto y del país; pero a la vez, era una responsabilidad muy grande cargar con la seguridad de Carlos. Que muchas noches, se le daba por irse a San José del Nús, vestido de paisano y con una gorra, a sentarse a tomar aguardiente y enamorar a las peladas del pueblo.
Todo estaba bien en el parque o refresquería donde se sentaba, hasta que abría la boca y retumbaba su vozarrón. Todo mundo se giraba a ver.
Se hacía acompañar de dos pelaos de civil, que se acomodaban discretamente a cierta distancia.
‘Rodrigo Doble Cero’ me decía después: “Usted cree que esos dos pelaos iban a aguantar un arrancón de los milicianos de la guerrilla. Usted no sabe el poco de gente que me tocaba poner de civil y uniformada alrededor de todo ese sitio, pero él siempre fue así. En Urabá, en Santa Catalina, tocaba militarizar eso cuando se iba para allá”.
“El Pelao, fue una creación de Fidel”, recuerda ‘Rodrigo’.
“Fidel lo amaba y lo formó, hizo que fuera al curso con Yair Klein. Pablo Escobar y sus sicarios respetaban y le tenían miedo a Carlos”, me contaba ‘Doble Cero’ en Cristales.
Muchos militares activos le tenían un inmenso respeto a ‘Rodrigo Doble Cero’. Le mandaban informes de inteligencia a Cristales para que golpeara al Eln y a las Farc.
Es así como decide montar una escuela de formación en Cristales que le puso por nombre ‘Corazón’. Esas eran sus ironías.
Un día en Cristales termino de entrevistar a todos los combatientes que me podían dar una historia. Me monto a mi espalda el morral y comienzo a caminar. Cristales es una calle larga, que toca terminar al otro extremo para dar la vuelta cuando se va en carro. Pero si sigues derecho llegas a San Roque.
Un carro se detiene a mi lado y me dice el conductor: “Señor, buenos días. Me puede decir donde encuentro al comandante ‘Rodrigo’”.
Yo llevaba una gorra que me tapaba bien la cara. Y miro al pasajero del carro y de inmediato sé quién es. Un alto General del Ejército de Colombia. Iba de civil. Yo traté de que mi voz no sonara tan costeña.
Les indiqué donde estaba ‘Rodrigo’ y me desaparecí.
¡Dios mío! Allí supe que estaba en medio de un poder que me podía matar.
¿Qué hice?
Presté una moto y dije que tenía que ir a San Roque. Me la prestaron y me fui para allá. Me advirtieron que la vía tenía unas curvas que te empujaban a los abismos que había a derecha e izquierda.
Bueno, como uno es irresponsable y no cree, casi me voy a un abismo de esos. Paré la moto y comencé a temblar. Y le di Gracias a Dios por haberme salvado.
Para que quede como constancia. Esa noche jugó Colombia contra Brasil en Bogotá, martes 28 de marzo, fue el gran cambio de las Eliminatorias Mundialistas, que era todos contra todos, fue el 2000, quedaron cero a cero. Yo me vi ese partido en una cantina en el parque de San Roque.
Me vendieron una botella de Whisky que casi me mata.
Como al día siguiente no aparecí en Cristales, desplegaron una búsqueda intensiva. Y todo se complica cuando Carlos Castaño empieza a preguntar por mí.
Me encuentran en una casa de familia, donde me arrendaron una pieza por dos noches. Allí estaba muriéndome por ese Whisky malo que me tomé.
Fue toda una anécdota maravillosa. Que me permitió sentir todo el afecto y aprecio que esa gente sentía por mí.
Aborrecí el Whisky… por un tiempo, pero después nos reconciliamos.
No puedo negar que me encantaba estar en San José del Nús, Cristales y San Roque. En este último pueblo me entero de lo que hizo ‘Filo’ con unos comerciantes y que le prometí a una señora que un día narraría eso. Y lo hice en mi libro ‘QUIÉN FUE EL VERDADERO CAÍN: HISTORIA Y MUERTE DE VICENTE CASTAÑO’.
Cuando miro hacia atrás en mi vida, el estar con ‘Rodrigo’, ‘Jota’, ‘Panadero’, ‘Freddy’, en Cristales, no puedo negar todo lo que aprendí de la historia del conflicto en Colombia y cómo eran esos ‘juegos de guerra’ y de ‘guerra sucia’. Era para no creerlo.
Ya en San José del Nús, Cristales y San Roque me conocían y me invitaban a sus casas las familias. Me sentía honrado. No necesitaba hotel, dormía en donde me cogiera la noche. Era mi morral, mis libretas y yo.
Todo esto se lo debo y agradezco a Carlos Mauricio García Fernández.
Un día ‘Rodrigo Doble Cero’ está hablando con Carlos Castaño por radio teléfono, créanlo. Fue una antena que subieron a un altísimo cerro en Urabá que permitía comunicarse con todos los frentes de autodefensas.
Y oigo cuando Carlos le dice a ‘Rodrigo’: “Entonces, me robó a Toñito”.
‘Rodrigo’ se echa a reír, y le dice: “Hoy mismo se lo mando”.
Pero Carlos le responde: “Dígale a Toñito que se vaya para Medellín ya mismo. Que necesito un favor de él. Dígale que ya hablé con la gente del CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja), porque él es muy arisco”.
Hoy reconozco que Carlos Castaño me pidió tres favores, bien tesos en su vida: este en Cristales y dos en Sur de Bolívar. Todos amparados por la gente del CICR.
Viene y me dice que hay una persona en Medellín que quiere hablar con él de paz, se estaba comenzando a tramitar la ‘Ley de Alternatividad Penal’, después conocida como la ‘Ley 975 de Justicia y Paz’, pero esa persona no se atreve a salirle a nadie en quien no confíe. Y le da a Carlos Castaño el nombre mío. Una persona cercana a Carlos del CICR recibe la información de que se va a dar una reunión para tratar un tema de paz.
La persona que quiere hablar con Carlos Castaño acepta de inmediato, cuando sabe que yo soy quien lo va a acompañar. El problema era cómo llegamos a Cristales.
Y es cuando Carlos Castaño me recuerda aquello de que ‘acuérdese de las dos canchas de fútbol dónde hay que aterrizar en Cristales, y que todo se ve diferente desde arriba’.
Salimos de Medellín en un helicóptero para Cristales, antes de mediodía. Cuando íbamos llegando el piloto me pregunta en cuál de las dos canchas aterrizamos.
Es allí que recuerdo otra vez lo que me dijo Carlos: “Mire bien, que todo se ve diferente desde arriba”.
Yo llevaba unos auriculares por donde hablaba con el piloto. Él me pregunta: “Dónde aterrizo”. Yo le respondo: “Puedes sobrevolar otra vez el sitio”. Y lo hace. Es cuando le señalo donde debe aterrizar.
Cuando el helicóptero se posa en tierra varias personas uniformadas y enfusiladas se aparecen. Llegan dos camionetas. Y nos dan orden de no bajarnos.
Como 20 minutos estuvimos en el helicóptero hasta que pudimos desembarcar. Nos subimos a los carros y en menos de tres minutos estábamos en el sitio de la reunión.
Estuvo Carlos Castaño, ‘Rodrigo Doble Cero’, el invitado y yo.
Con todo lo escuchado nunca me imaginé que la paz en Colombia tenía que pasar por el beneplácito de la izquierda. Nunca había entendido, como ese día, que la dinámica de la política de paz en Colombia es perversa.
También tuve claro, en ese momento, que la paz en Colombia no va a existir por tanto odio y resentimiento.
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Una de las acciones más osadas de Carlos Castaño tuvo el respaldo de ‘Doble Cero’, con el apoyo logístico de alias ‘Merchán’ en Medellín.
José Santacruz Londoño, ‘Chepe’, era uno de los máximos jefes del Cartel de Cali, que venía de colaborar con la muerte de Pablo Emilio Escobar Gaviria, líder del Cartel de Medellín.
Ernesto Samper Pizano, Presidente de Colombia (1994 – 1998) estaba enredado en el escándalo de la narcopolítica, más de seis millones de dólares entraron a su campaña. Que vinieron del narcotráfico, del Cartel de Cali.
Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela caen en manos de la justicia en diferentes operativos comandados por la DEA en Cali.
Esto lleva a que los otros dos jefes del Cartel de Cali, Helmer ‘Pacho’ Herrera y José ‘Chepe’ Santacruz, se entreguen a las autoridades colombianas.
‘Chepe’ Santacruz es capturado el 4 de julio de 1995 en el afamado restaurante de Bogotá ‘Carbón de Palo’ de la Avenida 15 en el norte de esa ciudad.
Samper, en su asquiento cinismo, dice que él es quien ha llevado a la cárcel a los narcos y que no se le puede asociar con ellos.
Pero todos saben en Colombia es que los Estados Unidos ejercieron una presión tal, que llevaron a una Reforma Constitucional, que revivió la extradición, que había sido abolida con la Constitución de 1991.
Siempre se dijo que los Estados Unidos querían que Ernesto Samper se cayera y eso fue falso. Los gringos lo que querían era que Samper obedeciera… y obedeció.
Pero el 11 de enero 1996 ‘Chepe’ Santacruz se vuela de la cárcel ‘La Picota’ en Bogotá y todo cambia para Colombia.
Esto fue un escándalo y una bofetada para Ernesto Samper. El reclamo de los Estados Unidos no se hizo esperar.
‘Chepe’ Santacruz se va a refugiar a donde un antiguo socio y amigo, Carlos Castaño Gil.
Llega a la finca ‘Las Tangas’, pasa allí unos días y se lo llevan para ‘La 15’. En esta queda en manos de un comandante de las Autodefensas que se encarga de cuidarlo y atenderlo.
Aquí se inicia una tenebrosa historia.
Aquel Capitán de la Policía, que hacía parte del Bloque de Búsqueda, y que ahora era Mayor, Danilo González, decide buscar a Carlos Castaño.
Acuerdan encontrase en ‘Montecasino’, la casa de los Castaño en el barrio El Poblado de Medellín.
Allí llega Carlos con ‘Rodrigo Doble Cero’ y ‘Merchán’.
Danilo González le manifiesta a Carlos que va de parte del Gobierno Nacional a pedirle un favor. Y que el Gobierno de los Estados Unidos está al tanto de lo que van a hacer, pero que no quieren participar en nada.
“Y cuál es el favor”, pregunta ‘El Pelao’, alias con el que también conocían a Carlos Castaño.
“Que nos entreguen a ‘Chepe’ Santacruz, pero muerto”, dice con toda calma y frialdad Danilo González, como si estuviera pidiendo un café en Starbucks.
“Y cuál será la contraprestación del bandido de Samper para con nosotros”, pregunta con sarcasmo, Carlos Castaño.
‘Rodrigo Doble Cero’ estaba mudo. Solo miraba con detenimiento a Danilo González. Este estaba de civil, pero llevaba una ametralladora Ingram en la mano, que no soltaba.
En un momento se acercó a Carlos con ella en la mano y de inmediato ‘Rodrigo Doble Cero’ y ‘Merchan’ se pararon de la mesa y llevaron sus manos a sus pistolas. Danilo, dijo ‘tranquilos’, y puso la Ingram en la mesa. Esto no pasó inadvertido para estos guerreros de las Autodefensas.
El arreglo por entregar a ‘Chepe’ Santacruz fue que la presión y persecución contra las ACCU se detenía.
Fue la época en donde crecieron exponencialmente las Autodefensas y en 1997 se crearon las ACU, las Autodefensas Unidas de Colombia.
Y comenzaron a funcionar con todo las Convivir.
Carlos Castaño llega a ‘La 15’ y le dice a ‘Chepe’ que ya le arregló todo, que hay que ir a Medellín a entregarse y que hay que dar un billete.
El mafioso de Cali se pone contento y acepta.
“Nos vamos mañana”, le dice Carlos.
Esa noche ‘Chepe’ se toma unos aguardientes con la gente que en ‘La 15’ lo atendía. Al comandante que siempre lo acompañó le regaló 40 mil dólares.
Llegan en helicóptero a Medellín y se van para Montecasino.
Allí lo matan y lo llevan a la ‘Cola del Zorro’ donde lo tiran y se lo dan a la Policía, a Danilo González.
Estando allí Danilo le pregunta a ‘Rodrigo Doble Cero’ por Carlos.
‘Doble Cero’, que había acordado con Carlos no ir juntos a esa ‘vuelta’, se la huele y le dice: “El no quiso venir y está esperando que lo llame, qué le digo”.
Danilo se queda por unos segundos pensando y le dice: “No, que gracias y que el acuerdo se mantiene”.
Carlos, ‘Doble Cero’ y ‘Merchán’ siempre quedaron con el convencimiento de que, si los tres estaban en la entrega del cuerpo de ‘Chepe’ Santacruz, Danilo los iba a matar y dar el positivo con el que soñaba.
Tuvieron que pasar muchos años para que Carlos Castaño se la cobrara a Danilo González en ‘La 21’.
‘Don Berna’ llevó a Danilo a ‘La 21’ para hablar con Carlos.
Allí Carlos Castaño sacó su real cara cuando estaba en ‘Los Pepes’, sacó la pistola y le apuntó a Danilo González en la cabeza, quien ya era trabajador de uno de los jefes del cartel del Norte del Valle.
“Hijueputa, lo voy a matar aquí mismo, se acuerda cuando nos iba a matar en Medellín, cuando la vuelta de ‘Chepe’ Santacruz”, le dijo.
‘Don Berna’ intervino y le rogó a Carlos que no lo fuera hacer. Danilo González se arrodillo y le pidió que no lo matara.
Por esas cosas de la vida. Carlos guardó su pistola y se fue de la finca. Nunca más se vieron. Y los dos murieron asesinados con dos semanas de diferencia.
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‘Rodrigo Doble Cero’ fue quien ayudó a fugarse de la Cuarta Brigada al Mayor David Hernández Rojas y al Capitán Diego Fernando Fino, estos fueron quienes comandaron el retén militar, un miércoles 10 de marzo de 1999, donde fue asesinado Álex Lopera, Asesor de Paz de la Gobernación de Antioquia, junto a otras personas más. Esta Historia, para después.
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Carlos Mauricio García Fernández se le dio por coger a todos los pelaos de las comunas de Medellín y llevárselos a una especie de ‘Retiros’ en la zona rural de Cristales, para alejarlos de las drogas y del ‘gatilleo’.
Esto no le gustó a alias ‘Orión’, de la ‘Oficina’ y comenzaron los problemas.
Allí se metió ‘Don Berna’, ‘El Profe’, Carlos Castaño, la ‘Oficina’, el Bloque Central Bolívar y ‘Macaco’. Allí comenzó el principio del fin de ‘Rodrigo Doble Cero’.
Quien en septiembre de 2002 le escribió a mano alzada una sentida y dura carta a Carlos Castaño. Tuve la oportunidad de leerla y no tuve una copia porque no existía en Cristales una fotocopiadora.
Para inicios de 2002 hicimos un recorrido con Carlos Mauricio y Albeiro Quintero por todo el Magdalena Medio. Viajamos en un Vitara gris cuatro puertas. Al primer pueblo donde llegamos fue a Puerto Boyacá.
Allí llegamos a una heladería y fue la única vez que lo vi tomar cerveza. Se tomó ¡tres! Albeiro se burlaba de él por verlo tomarse tres cervezas.
Dormimos en una casa de familia, de esas que en los pueblos las cogen de pensión.
Al día siguiente llegamos a La Danta, Puerto Triunfo, donde se la pasaba Ramón Isaza. Allí conocí a este campesino, otro autodefensa puro. Quien me narró inéditas historias que están en mis libros.
Nos dio permiso para ir a la Hacienda Nápoles. Llegamos hasta allá y nos tocó subir por una gigantesca puerta de madera. Ya adentro Carlos Mauricio nos hizo un tour de cómo era todo allí cuando se llegaba. En la sala, donde había un inmenso comedor, para aquellos tiempos, nos mostró el orden en que se sentaban todos. Nos relató que una noche le tocó dormir en el mismo cuarto con Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’.
En ese recorrido por esa finca aprendí tanto del narcotráfico, de esa guerra y de los ‘protocolos’ que se manejaban en ese mundo.
Visitamos varias unidades militares, pero de eso no voy a escribir, porque allí no se habló de nada militar ni operacional, eran visitas de cortesía para saludar a sus amigos y ‘curso’. Era grato ver el respeto y deferencia que le profesaban. Me sentí honrado de poder ver eso.
Fue una semana completa ese recorrido. Nunca lo he olvidado y muchas historias de esos momentos están narradas en mis libros. Allí vi y conocí a Carlos Mario, el humano, a la persona fuera del conflicto.
La segunda vez que vi algo así, fue cuando llegué a Cristales y me hizo pasar a un sitio donde estaba una bella niña y una señora muy elegante y hermosa. Eran su hija y su esposa. Allí supe que esa persona me apreciaba y confiaba en mí. Me presentó a su familia.
Un día le escribí al correo que respondía Freddy y le dije que iba para allá y me mandó a decir que era muy peligroso que no me podía garantizar mi seguridad, allí supe que no lo iba a ver más.
Después llamé aun teléfono de una panadería en Cristales, donde sabía que iba a ciertas horas de la mañana y tarde a comer pan. Allí estaba y me lo pasaron al teléfono. Era la voz aguerrida del guerrero, pero yo que ya lo conocía, sabía que había tristeza y dolor en esa voz.
Al colgar supe que no nos íbamos a hablar más. Y así fue.
Carlos me preguntaba si hablaba con ‘Rodrigo’, yo que ya sabía que las lealtades estaban reventadas en mil pedazos le decía que no. Que le escribía por correo y que no me respondían.
Fueron tiempos de miedo… mucho miedo.
Hasta que un día en el Rodadero, en Santa Marta, alguien lo entregó o lo puso y lo mataron.
FIN
