Por Toño Sánchez Jr.
Aunque parezca mentira, en Córdoba sucedió con mucha anterioridad lo que está viviendo Colombia hoy. Antes de que las Farc fueran sindicadas de narcoguerrillas ya el EPL llevaba años de traqueteo en Córdoba y Urabá.
Tal vez los guerrilleros reinsertados, que luego regresaron al monte y se enrolaron en las Farc, les hablaron de la rentabilidad del negocio. Lo cierto es que un reinsertado del EPL relató que uno de los motivos de la división en la Coordinadora Nacional Guerrillera, conformada por las Farc,
M-19, EPL, se produjo porque un ala de las Farc pedía condenar las prácticas del narcotráfico y secuestro. El Estado Mayor de las Farc en 1984 condenaba el secuestro como “método impropio de revolucionarios, porque viola los Derechos Humanos y contradice el ideal humanitario del socialismo”. Además, reconoció que en sus filas había miembros que practicaban este método, pero que serían delatados al país. Esto aconteció en los diálogos con el gobierno de Belisario Betancur. Pero hoy parece que esa facción fue derrotada o ajusticiada.
El narcotráfico estaba ya haciendo estragos en todo lo legal e ilegal. Por su parte, los pocos miembros de la sociedad cordobesa que cohonestaron por miedo, acción u omisión, pero que aumentaron sus capitales con los narcos, se encontraron en una encrucijada.
Para 1988 había dos problemas que preocupaban a los narcos que operaban desde el Alto San Jorge: uno, la pérdida de mercancía y dinero; el otro, la alianza entre algunos mafiosos y la guerrilla. Había un rumor que retumbaba en muchos oídos, en el sentido de que el EPL estaba al
mando de un mafioso de origen español de apellido Fernández. Quien luego de salir de la zona le cedió el mando del grupo subversivo a César Cura.
La “lealtad” del EPL con los narcotraficantes era pagada con embarques de armas que llegaban a las mismas pistas del Alto San Jorge, de donde se despachaba el alcaloide. El armamento salía de Panamá en lanchas rápidas y entraba por el Golfo de Urabá, principalmente por Turbo, a las veredas del Totumo, Cope, Tie y La Ceibita. Allí era recibido por unos sujetos apodados ‘Leonidas’, ‘Adonay’ y ‘El Ñato’; eran los enlaces de la guerrilla con los 48 narcotraficantes. Luego embarcaban los ‘fierros’ en las aeronaves en donde llegaba la droga. Para la época un fusil puesto en las playas de Urabá tenía un costo de $1’200.000 si era un AK-47, y de $1’500.000 para los Galil – SAR.
Otras veces la guerrilla exigía el pago con otra clase de ‘merca’ (víveres y avituallamiento) que llegaba en varios camiones doble troques a las zonas de acopio establecidas. Y otra forma de cancelar era con la ‘tula’, pero en pesos colombianos, no le gustaba mucho los ‘verdes’ porque se encartaba con ellos.
Los ‘narcos’ veían cómo la mayoría de las ganancias se les estaba yendo en las ‘comisiones’, por kilo enviado, que les debían pagar a la guerrilla, aunque esta última no se atrevía a extorsionarlos. El alto gramaje era visto como una forma de ‘vacuna’, que en muchos casos era peor que un secuestro. Además, ya se rumoraba que los iban a alzar28 a causa de que los ganaderos, comerciantes y agricultores habían huido de la región. Los que se quedaron estaban arruinados y no tenían más nada que quitarles… sino la vida.
Los mafiosos no se podían dar el lujo de interrumpir los envíos, debido a los compromisos adquiridos con sus ‘clientes’ en el exterior, en especial los de Estados Unidos de América.
Todas las pistas de Córdoba estaban trabajando con toda su capacidad. Y era tal la pérdida de la proporcionalidad de sus administradores, que a uno llegó a ocurrírsele el disparate de contratar controladores aéreos, para coordinar el excesivo tráfico. Con el fin de reducir los accidentes, como el acontecido en una ocasión en ‘Caballo Blanco’.
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A eso de las diez de la noche hizo su aproximación a la pista una Turbo Comander, piloteada por dos norteamericanos. El artesanal sistema de alumbrado estaba encendido. Pero el piloto perdió el control del aparato y cayó en picada en la cabecera de la pista.
28 Capturar a una persona para asesinarla o secuestrarla. También utilizan el término ‘levantar’. 49A la una de la mañana no había en la pista ni una tuerca ni una gota de aceite del avión siniestrado, ni restos de la tripulación. Y nadie podía hablar del asunto. Todo fue hundido en la ciénaga de ‘Las Marías’.
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Al Alto Sinú había llegado un sujeto que se ubicó en una finca que le compró al ganadero de Cereté, Róger Ballesta. La hacienda se conoció con el nombre de ‘Las Tangas’. Su nuevo dueño fue Fidel Castaño Gil.
Era amigo de Pablo Escobar Gaviria, pero no lo acompañó en la guerra contra el Estado, su lucha era contra la guerrilla. Sus modales y excesiva discreción lo llevaron a codearse con prestantes ciudadanos, dirigentes gremiales, políticos e importantes oficiales de las Fuerzas Militares y de
Policía, con los que se identificó en el sentido de coincidir en quién era el verdadero enemigo.
Fidel comenzó a ver los beneficios de las tierras cordobesas y empezó a buscar la manera de evitar que el Departamento se convirtiera en una guarida de guerrilleros y despachadores de droga.
Por tal razón empezó a buscar mecanismos para controlar lo que estaba sucediendo en la región. La forma de cómo lograrlo fue sencilla: atacar a su enemigo natural, la guerrilla.
Lo primero que hizo fue ordenar a su jefe militar ‘Doble Cero’ a que se infiltrara con 6 hombres al puerto de Turbo y ‘tumbara’ a toda la red que traficaba armas para el EPL. A los tres días regresó su lugartenien te con el reporte que todos los responsables cayeron en desgracia; además, llegó con varias bestias cargadas con costales llenos de fusiles y munición. ‘Leonidas’, ‘Adonay’ y ‘El Ñato’ ‘abandonaron’ para siempre el negocio.
Con el pasar de los días, en las zonas donde se daban las famosas ‘alianzas estratégicas’, se empezaron a romper. Un compañero de andanzas de Fidel recuerda que en una ocasión le dijo a una ‘comisión’ de narcoganaderos que fue a visitarlo: “o están contra la guerrilla o están contra laguerrilla”. Con ‘Rambo’ de por medio no tenían elección. 50 Ya para 1988 Córdoba era un hervidero. La situación de orden público estaba candente… por el calor del plomo que se repartía.
Los principales cuadros de los movimientos de izquierda y presuntos estafetas, en su mayoría profesores del área de sociales y abogados, empezaron a caer en las calles de Montería y del Departamento.
51“Esto es a punta de ‘martillo’ ”
Uno de los principales epicentros académicos del Ejército Popular de Liberación, EPL, fue la Universidad de Cartagena. Y fue muy cerca de esta ciudad en donde se realizó, para mediados de los años 60’s, ‘El Plenum de Turbaco’. Evento en donde algunos militantes del Partido Comunista oficializaron la idea de conformar un movimiento armado. Tiempo después iniciaron sus actividades en el Sinú. La ruptura que se produjo en el Partido Comunista Internacional, que los divide en marxistas- leninistas y kruchovistas, en lo que fue la línea Pekín y la línea Moscú, tuvo sus repercusiones en el Partido Comunista Colombiano, de cuya escisión nace lo que se llamó Partido Comunista / Marxista-Leninista, de orientación maoísta, a cuyo brazo armado lo denominaban ‘El Águila’, que no era otro que el conocido EPL.
Muchos ideólogos y simpatizantes de esta nueva tendencia viajaron a Sucre y Córdoba a vender su nuevo producto. En estas regiones encontraron adeptos por montón. Muchos militantes de las guerrillas liberales y del llamado MRL (Movimiento Revolucionario Liberal) pasaron a engrosar los cuadros del nuevo movimiento, como también los de la Anapo.
La fiebre de revolución que se apoderó de estos hombres era tan avasalladora que se creían estar en la Cuba de 1959. Tenían en Montería dos centros de reunión: uno era el Colegio Atenas, ubicado en la calle 30 con 7ª. Ahí fue donde se inventaron el cuento de que el ‘Che’ Guevara estuvo allí cuando iba para Bolivia. El otro punto de encuentro era un hotelucho de mala muerte en la calle 35 con 3ª.
Entre los más fervientes seguidores del Partido Comunista Marxista Leninista estaba Moisés Medina, quien llegó a Montería enviado por el Partido. Allí se unió a Carlos Cotes, gran dirigente del fútbol; después llegaron Geminiano Pérez, Antonio Mora, Joaquín Amarís, Boris Zapata, Alfonso Cujavante Acevedo, Jorge Rojas y otros.
Desde 1985 se desata en Córdoba y Urabá una persecución contra toda la izquierda.
En una reunión realizada en un restaurante de Montería, después de largas horas de discusión, el hombre que presidía la mesa, luego de tomar un sorbo de un exquisito vino tinto francés, tomó la palabra y dijo pausadamente: “Vea señores, esto se arregla, pero es a punta de martillo”. Los demás hicieron silencio y luego de unos segundos de reflexión respondieron: “Entonces, hágale”.
Montería y Urabá se convirtieron en un polvorín.
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La guerrilla sabía que quien estaba al frente de toda esta arremetida era el dueño de ‘Las Tangas’, Fidel Castaño. Y principalmente el EPL no iba a permitir que este sujeto les dañara el negocio… que era todo un holding.
Para 1985, por concepto de extorsiones, secuestro, boleteo y gramaje, a bananeros, ganaderos, agricultores, comerciantes y narcotraficantes, recogían mensualmente entre 300 y 450 millones de pesos, recuerda ‘El Marrano’, quien fuera financista de este grupo para aquella época en Urabá.
A estos ingresos había que agregarle otro nuevo frente de entrada: Vigilancia de cultivos de coca. En la vereda El Dos estaban cientos de hectáreas de coca, allí se presentaban los narcos a los comandantes guerrilleros a negociar por el kilo de pasta o base.
Ante la arremetida de Fidel, los comandantes ‘Betto’, ‘Cocoliso’, ‘Platón’ y ‘Jairo Chiquito’, del EPL, se reunieron con ‘Efraín Guzmán’, jefe del V Frente de las Farc, a discutir qué hacer con la gente que está en ‘Las Tangas’.
Llegan a la conclusión que hay que tomar por asalto la finca y “matar hasta las gallinas”. Acuerdan meter un grupo de 600 hombres para que no quede tabla sobre tabla. Aprovechan el encuentro para escoger una comisión de cinco subversivos, al mando de una mujer, para las labores de inteligencia. Debían comprobar si era verdad que la finca tenía, a varios metros a la redonda, un circuito cerrado de televisión y campos minados.
Según el DRAE es la sociedad financiera que posee o controla la mayoría de las acciones de un grupo de empresas. (En este caso secuestro, extorsión, boleteo y traqueteo).
53Uno de los seleccionados dice tener un conocido trabajando en una hacienda cercana, y que cree que su amigo no sabe que él es guerrillero.
Deciden que la inteligencia se inicie en diciembre de 1985, ya que para finales de ese mes Fidel hacía siempre los inventarios de ganado de todas las fincas que tiene en la región.
La reunión fue aprovechada por los comandantes para recordarles a los subversivos que los ‘tangueros’ tenían fama de mochacabezas, que como se vuelen de las filas se las cortan. Esta macabra práctica de algunos paramilitares contra los guerrilleros era el arma que esgrimían los líderes de la guerrilla para intimidar a sus hombres a desertar.
Terminan concluyendo que hay que empezar a golpear a los ‘tangueros’ en San Pedro de Urabá, Turbo y Apartadó –estos en Antioquia–; y en Tierralta y Montería, en Córdoba.
Los espías llegaron y se ubican en un tupido bosque que está al lado de una ciénaga, con el permiso del administrador, quien fue convencido por el conocido que iban a estar es pescando por dos días. Luego de buscar la manera de estar más tiempo sin dejarse notar del responsable se enteraron que Fidel no iba a ir ese fin de año a realizar los inventarios, por lo que se fueron y decidieron regresar a mediados de enero de 1986.
Fidel llegó a ‘Las Tangas’ en la noche del 26 de enero de 1986, de la manera que siempre lo hacía: Intempestivamente. Lo único que se habló esa noche por los radios fue la recomendación a todos los administradores de encerrar temprano los ganados.
Castaño llegó conduciendo un Toyota blanco corto, acompañado de un hermano y dos muchachos a la hacienda ‘Jaraguay’. No se dirigió a la Mayoría o al kiosco, sino que siguió a la pesebrera en donde tenía un hermoso semental de raza Holstein llamado ‘El Muñeco’. A un lado estaba un fino caballo, trotón y galopador, de nombre ‘Monarca’, que le habían regalado los Ochoa. Estaba acariciando y hablándole a sus animales y no se percató de las cinco personas que habían entrado por un costado de la finca, por donde están los corrales, iban con unas mochilas.
Su hermano desde la cocina vio a los sujetos y gritó a todo pulmón: “Ojo, que ahí van cinco hijueputas con unas mochilas”. Todos se llevaron la mano al cinto y comenzó la balacera. Los atacantes tiraron una granada que no explotó, luego se dieron a la fuga por en medio de los potreros.
Fidel salió para uno de los vehículos, se subió al timón y uno de sus escoltas lo acompañó. Cogió el radio y alertó a las demás fincas: “Ahí van tres tipos y dos mujeres huyendo, sálganles, los quiero vivos… oigan bien, los quiero vivos”. Dos de los guerrilleros se tiraron para los lados del río Sinú, allí varios hombres les salieron al paso y se entregaron. El otro grupo se dirigía, sin saberlo, hacia ‘Las Tangas’, varios carros se les atravesaron y se dio un intercambio de disparos, donde murieron dos de los perseguidos, un hombre y una mujer.
Los que quedaron vivos pasaron por un largo y sufrido interrogatorio. La guerrillera era la mujer de uno de los comandantes del EPL. Luego de confesar la acción fueron fusilados junto con el administrador de la finca donde se ocultaron.
La retaliación de Fidel no se hizo esperar en Turbo, Apartadó, San Pedro, Tierralta y Montería.
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Se trabajaba en varios frentes. Mientras Fidel con sus hombres “echaba gatillo corrido” en ciudades y veredas, a todo sospechoso de trabajar con la guerrilla; otra gente ‘traqueteaba’ por toda la geografía cordobesa.
Cuando la subversión se percató que eran sus antiguos patrones los que estaban respaldando toda la operación de eliminación de sus redes de apoyo en los campos y ciudades, ya tenían la soga al cuello.
Comenzaron a caer en Montería vendedores ambulantes -algunos trabajaban a la salida de la Brigada-, zapateros, sastres, comerciantes, ganaderos, maestros, rectores de colegios, estudiantes universitarios, médicos, abogados y pensadores o ideólogos. Entre estos últimos cayó Alfonso Cujavante Acevedo, coordinador Departamental de la Unión Patriótica y el Frente Popular, junto a Geminiano Pérez y Teófilo Rangel.
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La llegada de Cujavante Acevedo a Montería está llena de misterio. Muchos dicen que era un desertor del Ejército y que se vino para Córdoba con este nuevo nombre. Lo cierto es que llegó a Cereté y allí estudió. Al pasar los años apareció siendo abogado, políglota, profesor de idiomas y literatura. Algunos llegaron a decir que manejaba un discurso socrático.
Vivió con una dama que le decían la ‘Turca’ Chaljub. Comentan que tenía una sensualidad como la de Sonia Braga. Pero este parecido con la actriz brasileña iba más allá, ya que ejecutaba al pie de la letra el argumento de uno de los mejores libros del escritor brasileño Jorge Amado, del cual la Braga hizo un extraordinario papel.
Para marzo de 1988 Cujavante era visto como el principal ideólogo de las Farc en Córdoba.
Para la misma época había llegado al Alto Sinú un grupo de hombres cuya especialidad era el crimen selectivo, venía de ser entrenado por un ex comando israelí llamado Yair Klein. Se hacían llamar: ‘Los Magníficos’, entre los adiestrados estaban ‘El Pionono’, ‘El Negro’ y ‘Fercho’. El primero fue quien disparó contra el dirigente de izquierda y senador por la UP , Manuel Cepeda Vargas, el 9 de agosto de 1994. Crimen este, que según una fuente, fue una retaliación al asesinato del general Carlos Julio Gil Colorado, ocurrido el 19 de julio de 1994, en las afueras de Villavicencio, cuando al paso de su carro se activaron más de 100 kilos de dinamita. Las Farc fueron las responsables de este atentado terrorista. Minutos antes por el sitio de la explosión había cruzado el general Jorge Enrique Mora Rangel, quien tiempo después fue Comandante de las Fuerzas Militares.
Lo primero que hicieron ‘Los Magníficos’ al llegar a Montería fue dar a conocer una ‘lista negra’, en la que aparecían Cujavante, Geminiano Pérez, Jorge Enrique Rojas y Fermín Meléndez Acosta. Pérez se había salvado de un atentado en febrero del 88, en Cereté.
Alfonso Cujavante todavía disfrutaba del estruendoso triunfo que tuvo su movimiento político, la Unión Patriótica, en Córdoba. La lista que él encabezó al Concejo de Montería, con segundo renglón de Édgar Astudillo, sacó 2.146 votos, muchos más que aspirantes respaldados por movimientos tradicionales. Lo que le preocupaba era que desde el día de ayer, lunes 14 de marzo, le habían quitado la escolta.
El martes 15 salió a las 11:50 de la mañana al taller ubicado en la Avenida Circunvalar con carrera 8. a buscar su Volkswagen blanco, placas DB 2951. Llegó al lugar a las 12 y comenzó a hablar con el mecánico sobre el vehículo, y no vio cuando dos sujetos, Algiro Naranjo y otro de nombre Honorio, se bajaron de un Mazda 323, gris. Se le acercaron y lo impactaron 7 veces con pistola 9 mm. Los sujetos no corrieron, cruzaron la calle, se embarcaron y huyeron.
A los minutos una manifestación se formó en el sitio, llegaron seguidores con banderas del Partido Comunista. El alcalde tuvo que decretar toque de queda y ley seca.
Meses después Édgar Astudillo se salvó de morir en un atentado. Por su parte, Jorge Enrique Rojas, durmió en Montería pero amaneció en Bogotá.
Montería se asemejaba a un campo de tiro, todos los días moría alguien a bala.
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Pero los cordobeses no se imaginaban el golpe que se avecinaba y que conmovió a todo Colombia.
57Preparativos para la Fiesta de Resurrección Las fiestas patronales, los días santos, las corralejas o cualquier motivo que se inventen los habitantes de una región son válidos para festejar con un fandango. Los moradores de Mejor Esquina no eran la excepción.
Mejor Esquina es un caserío que está a 23 kilómetros del municipio de Buenavista, en el departamento de Córdoba, al norte de Colombia. Es como todas las veredas de la región del Sinú y del San Jorge: Polvorienta, sin ninguna clase de servicios públicos, abandonada y olvidada.
Está enclavada en medio de varias fincas. Para llegar hasta allá hay que atravesar una servidumbre de más de 20 kilómetros. Los moradores viven de cosechar productos de pancoger: Yuca, plátano, maíz, arroz y ñame. También trabajan como jornaleros en algunas haciendas vecinas. Otros se dedican a la cría de marranos y a la pesca en la quebrada ‘Carate’.
Es una región cubierta de una gran variedad de árboles y pastos. Cada 10 metros hay un palo de mango. La topografía es ondulada. El caserío está compuesto por unas 35 casas de tabla y techo de palma o zinc, que podrían considerarse las modernas. Las más viejas son de boñiga de vaca y techos de palma amarga. Todas tienen piso de barro y la misma distribución: Una salita, uno o dos cuartuchos y una hornilla. De las varetas del techo cuelgan los puños de arroz, los plátanos, la yuca, las varas de pescar y la atarraya.
Hay una plaza donde se puede jugar fútbol o sóftbol, y que para las competencias de carreras a caballo se acondiciona como meta. Aquí es donde acostumbraban a realizar los fandangos en Semana Santa. A un costado de la plaza están tres pequeñas aulas que conforman el colegio, en una de las paredes había un letrero inmenso en pintura negra que decía: “Viva el Ejército Popular de Liberación – EPL ”. Al frente de la escuela está un billar y al lado de éste hay una gallera.
No hay luz. Antes de las 7:00 de la noche la gente ya está recogida y apagados los mechones… pero para los fandangos de Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección no se apagaban, al menos así sucedía en años anteriores.
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Son muchos los escritores cordobeses que se han referido al origen del fandango, uno de ellos es Juan Santana Vega, oriundo de Sahagún, economista de la Universidad de Cartagena y autor del ensayo ‘El mundo de las corralejas’ y del ‘Diccionario Cultural de Córdoba’. En este último dice que el fandango es una “especie de danza que se baila en los pueblos de Córdoba y la Costa Atlántica. Este baile es una de las más importantes herencias culturales recibidas de los españoles durante el proceso de colonización en nuestra región.
(…) “En nuestro medio el fandango tiene una coreografía consistente en dar pasos hacia delante y hacia atrás, con cierto aire de garbo y galantería por parte de los ejecutantes, al tiempo que van avanzando en torno a una banda de músicos, que se constituye en el epicentro de dicho evento. La rotación se hace en sentido contrario a como lo hacen las manecillas del reloj. Por lo general el fandango se lleva a cabo en las plazas de los pueblos como viva expresión de alegría de las gentes y en las horas de la noche; de allí surge la creencia que el uso de las velas, que las bailadoras llevan en las manos y que enarbolan por sobre sus cabezas sudorosas, sean para iluminar la senda por donde se desplazan las parejas y no por ese sentimiento de religiosidad que algunos creen encontrarle”.
Narra también Santana Vega, que fue tal la influencia del fandango en el pueblo sinuano, que el obispo de la Diócesis de la Provincia de Cartagena, en 1769, los prohibió y amenazó con excomulgar a quienes se atrevieran a organizarlos. El Gobernador de la Provincia, previendo un desenlace fatal, intercedió ante el propio Rey de España, para que autorizara los fandangos, hecho que se dio tiempo después.
Si ese obispo hubiese visto a las hermosas mujeres sinuanas que bailaban en los fandangos y, en especial, a una llamada ‘María Barilla’, jamás se le hubiese ocurrido semejante ‘herejía’.
Para inicios del Siglo XX nació un porro llamado ‘María Barilla’, que sería motivo de muchas discusiones en el sentido de quién es el autor o autores.
Pero lo cierto es que a cualquier cordobés le perdonan no saberse la letra de su himno, lo imperdonable es no haber escuchado, bailado o, al menos, zapateado a ‘María Barilla’.
El porro es la expresión musical de Córdoba. Es un ritmo que acosa al campesino a divertirse y manifestar su alegría. La sangre se calienta y hay que echarse al galillo con urgencia un trago de ron. También el calor del día y el movimiento al compás del porro acalora de felicidad a los presentes. De allí en adelante todo es un carnaval de júbilo. La banda de músicos a cargo del fandango, entre pieza y pieza30, sólo puede descansar el tiempo que transcurre en pasarse todos los músicos la botella de ron. Y una tanda consta hasta de 15 piezas. Hoy las más famosas han bajado a la mitad sus presentaciones por tanda. Pero hay pueblos donde esa nueva medida es inaceptable y puede ser motivo hasta de trifulca.
Santana también nos cuenta en su valioso diccionario que, “el porro al principio de los tiempos se tocaba solamente con tambores y guaches, acompañados con palmadas al tiempo que los cantadores improvisaban versos.
Después el porro, como cuestión dinámica que es, fue evolucionando hasta llegar a lo que es hoy en día”.
El porro es un ritmo ejecutado por bandas de viento compuestas por 14 ó 17 integrantes que tocan instrumentos tales como: clarinetes, trompetas, trombones, bombos, bombardinos, platillos.
Su nombre -porro- tiene varios orígenes y discusiones. Y es Juan Santana Vega quien nos ilustra mejor sobre este tema: “Las de mayor acogida son las que sostiene Guillermo Valencia Salgado, ‘El Goyo’, quien nos dice que el nombre de porro viene de porrazo, de allí que, según la ejecución o actividad de la porra con que se golpea el bombo, se pueda tocar un porro tapao o palitiao; y la del investigador Aquiles Escalante, quien sostiene que el nombre proviene de un tamborcito llamado porrito”.
El porro tiene dos modalidades: el porro tapao o sabanero, y el porro palitiao o pelayero. “El porro tapao o sabanero llegó a Córdoba procedente de las sabanas de Bolívar, del Bolívar grande como lo llamaba Guillermo Valencia Salgado, ‘El Goyo’, para hacer referencia a ese pedazo de patria que hoy conforman los departamentos de Sucre, Córdoba y el mismo Bolívar. En cambio que el palitiao es autóctono de las tierras del Sinú, teniendo su cuna en la población de San Pelayo”.
Una ‘pieza’ es una interpretación completa de un porro. 60Pero todo el esplendor del porro no está en la melodía sino en el baile también: “La mujer menea la cintura hacia abajo llevando en las manos manojos de velas prendidas las que le ganan altura a su cabeza, al tiempo que gira sobre sí misma unas veces y otras adelantando y retrocediendo. El hombre por su parte abre los brazos, dobla las piernas a la vez que describe círculos en torno a la mujer sin tocarla. Por lo general el parejo lleva un sombrero vueltiao que a veces se quita para hacer alguna ceremonia con él, ya sea para abanicar a la mujer, golpear el suelo o colocárselo a su pareja en la cabeza”.
Los residentes de la vereda Mejor Esquina, si bien no pierden el tiempo en saber de los orígenes del porro, sí conocen a las mejores bandas, y para ese año, 1988, iban a contratar para su Fiesta de Resurrección a la mejor del momento en su región: ‘La Banda Tres de Mayo de Montelíbano’.
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Pedro Nel Quintero Ruiz quería ser director de banda, al igual que su papá. Nació en 1960 en Montelíbano y se crió en un hogar de músicos.
Era el noveno entre 11 hermanos. Desde pequeño acompañaba a su padre a todos los toques que podía.
En el colegio comenzó a leer música, con la ayuda de los demás miembros de la banda y con su papá perfeccionó lo aprendido. Se inclinó por el clarinete.
Todas las tardes, cuando el sol bajaba, empezaban en el traspatio de la casa los ensayos. Muchos curiosos se iban por la parte de atrás de la vivienda y desde la cerca de vareta miraban embelesados tocar a los músicos. Y en el pueblo sabían que cuando había ensayos era porque había llegado un contrato para un fandango, fiesta patronal o corraleja.
Muchos de los integrantes de la banda eran jornaleros en fincas vecinas de la región, macheteros, fumigadores o vaqueros.
A pesar de la inclinación de Pedro Nel por la música, su padre quería un mejor futuro para su hijo. Después de terminar el bachillerato lo matriculó en el Sena a un curso de Mecánica. Pero el clarinete terminó siendo la herramienta que mejor aprendió a manejar… y tocar.
61La prueba para el nuevo músico llegó un 20 de enero cuando murió su abuela paterna y le tocó ir a cumplir un contrato adquirido con la banda. Ese día vivió al mismo tiempo dos sentimientos opuestos: la tristeza y la alegría.
La mayor parte del año 1987 fue muy regular para la ‘Banda Tres de Mayo de Montelíbano’, pero todo cambió en diciembre para las fiestas de corraleja del pueblo que lleva el nombre de su banda.
Fueron varios los contratos que les llegaron y casi no les alcanzaban las fuerzas para cumplirlos todos. “Ese diciembre los pelaos (hijos) sí tuvieron un ‘Niño Dios’ con billete”, recuerda Pedro Nel.
Todo hacía presagiar que 1988 sería un excelente año… y empezó siéndolo.
Pedro Nel viajó a Barranquilla a finales de febrero, como es costumbre de los músicos de esta parte de la Costa Atlántica, para rebuscarse en los Carnavales de la ‘Arenosa’. Por lo general no viaja la banda completa sino unos cuantos, en especial los intérpretes de las trompetas, clarinetes y trombones.
Unos tienen la suerte de ir contratados, pero otros se van a aventurar. Estos últimos se alojan en unos hoteles que son conocidos por todos los empresarios musicales de Barranquilla, quienes llegan hasta allá a buscar lo que necesiten: Guacharaqueros, timbaleros, bongoseros, flautistas, trompetistas, saxofonistas, guitarristas, pianistas, coristas; para mejor decir, ahí se puede encontrar desde un animador o servidor de trago (cachetero) hasta un ingeniero de sonido.
Pedro Nel viajó por solicitud del empresario ‘Lucho’ Llanos. Tocó su clarinete con una banda que recorrió todas las casetas de los pueblos del Atlántico: Ponedera, Polo Nuevo, Galapa, Usiacurí, Soledad, Barranca, Sabana Larga… y por último en el templo del carnaval, Barranquilla.
Luego de semejante correría musical regresó al Alto San Jorge y se encontró que la ‘Tres de Mayo’ estaba contratada para las fiestas patronales de Uré, corregimiento de Montelíbano habitado en su mayoría por negros amantes del folclor. Tocaron tres días seguidos, el 19 de marzo de 1988 fue el último día de fandango en Uré.
Una semana después se presentaron a la casa de los Quintero, Ruperto Martínez y Luis Argumedo, con el objeto de contratarlos para tocar los días 3 y 4 de abril, en el caserío Mejor Esquina.
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El padre de Pedro Nel estaba con varicela y le tocó a su hijo firmar un contrato, por $120.000, que lo comprometía a tocar con su Banda el Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, en Mejor Esquina.
El Sábado de Gloria se iniciaba con una alborada, por tal razón la banda debía estar desde la noche anterior en el caserío. Pero la ‘Banda Tres de Mayo’ estaba comprometida a tocar en la Procesión del Viernes Santo en Montelíbano, por la noche. Ellos de todas maneras le aseguraron a los organizadores de las festividades de Mejor Esquina que apenas terminaran partían para ese lugar. Y así fue.
Luego de varias marchas y paso dobles durante la procesión, cogieron ‘El Bolso’ y ‘El Estuche’: En el primero va la hamaca y el uniforme; en el segundo, el instrumento. Partieron en dos vehículos, un viejo Nissan Patrol azul y un destartalado Jeep Willys, rumbo a Mejor Esquina. Salieron de Montelíbano a las 8:15 de la noche. Llegaron a Buenavista una hora después, siguieron derecho hasta el sitio Nueva Estación, allí, unos metros después del paradero ‘Donde Felipe’, doblaron a la izquierda rumbo a Mejor Esquina. Este último trayecto era por carretera destapada.
No era la primera vez que iban a estas fiestas. Tiempo atrás habían sido contratados cuatro años seguidos. Por eso cuando los invitaron nuevamente se sintieron complacidos y ensayaron varios días, porque a la gente de Mejor Esquina le gustaba los porros tradicionales, pero bien tocados… lo mismo que al ‘Viejo Rafa’, que siempre se presentaba por allá.
Entre las piezas que más habían ensayado estaban María Barilla, El Pájaro, Amor a Carolina, Vámonos Caminando, Fandango Viejo, El Sapo, La Espuela del Bagre, Soy Pelayero, El Conejo Pelao, La Butaca, Margento, El Binde, Manguelito, Ayapel, El Barrilete, La Vaca Vieja, Roque Guzmán y El Toro Negro, entre otros.
El programa de las festividades en Mejor Esquina arrancó el viernes en la noche con el anuncio de la llegada de los músicos. Esta parte era todo un acontecimiento, ya que la banda cuando confirmaba que estaba completa tenía que hacer lo que se llama un ‘Toque de Llegada’ a los habitantes de la vereda. Consiste en interpretar unas seis piezas recorriendo las principales calles del pueblo, en este caso una sola vía, para que los residentes sepan que la Junta organizadora cumplió. Este ‘saboreo musical’ no se cobra, va sin “taruya”, como llaman a la plata algunos campesinos en los campos cordobeses. Claro que estos cinco o seis porros se sazonan con unos tanganazos31 de ron, que para aquella época eran de Tres Esquinas, el más tomado por toda la región.
Al día siguiente empieza en serio la celebración.
La ‘Banda Tres de Mayo’ llegó a las 10:00 de la noche del 1 de abril de 1988. La gente los estaba esperando y bebiendo. Había personas de las veredas de Campo Bello, Arenoso, La Barra, El Anclar y de los municipios de Buenavista y Montelíbano.
La mayoría de los moradores de esta zona vive de la agricultura, ganadería y de los trabajos que consigue en las haciendas vecinas. Otros lo hacen a doble jornada, desempeñan labores propias del campo y la de estafetas del EPL.
Por lo estratégico, el caserío de Mejor Esquina era utilizado por el EPL para hacer reuniones y cobrar extorsiones y secuestros. Uno de los más asiduos visitantes era ‘El Viejo Rafa’, como también otros comandantes del grupo guerrillero. Por otra parte, muchos jóvenes, que tiempo atrás habían sido reclutados por el EPL, tenían a sus familiares viviendo en esta vereda u otras cercanas.
Había un rumor común en todo el Alto San Jorge, y que llegaba a otras partes de Córdoba, en el sentido de que Mejor Esquina era una ‘oficina’ del EPL y que, además, era el sitio de descanso del ‘Viejo Rafa’. Tal vez los residentes de esta olvidada vereda jamás dimensionaron el daño que tal comentario les hacía, con el agravante de que los mafiosos juraban que los habitantes de esta comarca sabían de las tulas de dinero que allí cerca cayeron y se extraviaron.
Trago o copa de licor.
Los ‘narcos’, sin ninguna prueba, estaban convencidos de que los habitantes de Mejor Esquina le entregaron las tulas a los del EPL… y eso no iba a quedar así.
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Las juntas organizadoras de este tipo de festividades son integradas por la misma comunidad. Cada año casi siempre son los mismos; como son familiares, entre ellos se rotan los cargos. El presidente en 1988 fue Ruperto Martínez, y el tesorero Oriel Sáenz. Dos personas muy apreciadas en la región.
Ellos fueron los que delegaron en Luis Argumedo la contratación de la banda, además, se encargaron del programa, que se inició con la llegada de los músicos el viernes 1 de abril. El sábado los festejos se iniciaban desde las cuatro de la madrugada con la alborada, el resto del programa era el siguiente:
• Viernes 1 de abril (Noche): Llegada de la Banda Tres de Mayo.
Toque de llegada.
• Sábado 2 de abril: 4:00 a.m. Alborada.
7:00 a.m. Visita a miembros de la Junta y amigos, recorrido por la calle principal.
1:00 p.m. Recepción.
3:00 p.m. Carrera de caballos
4:00 p.m. Peleas de gallos.
8:00 p.m. Fandango hasta el amanecer.
Todo iba de acuerdo con el programa, lo único que había cambiado era el sitio del fandango. Esta vez no se hizo en la plaza principal del caserío, como otros años, sino en el patio y traspatio de la casa de la familia Martínez, ubicada a mano derecha de la entrada de Mejor Esquina, a unos 300 metros de la vereda. La entrada se cobró a $200.oo. Cuando se hacía en la plaza de la vereda no tenía ningún costo.
Ruperto Martínez, presidente de la Junta y licenciado en matemáticas y física, propuso que se hiciera en la casa de su hermana Teresa. Como los miembros de la Junta no se ponían de acuerdo, Ruperto, que también era concejal para esa época, dijo que él asumía los costos y se llevó la fiesta para donde su familiar. Algunas personas al ver tanto problema llegaron a decir: “Dejemos esto quieto, de pronto es que va a pasar algo”. Por lo general los miembros de la Junta se desplazaban a las fincas vecinas en busca de colaboración, y el trago se fiaba en un depósito de Buenavista, pero esta vez no sucedió así.
La casa de los Martínez estaba ubicada en una loma rodeada de siete palos de coco, un inmenso palo de mango en la parte de atrás, y más al fondo varias matas de plátano. A la entrada, junto al alambre de púas, que está a la orilla del camino, había un inmenso campano. También rodeaban la humilde vivienda unos naranjos, un palo de limón, marañón, tamarindo y un guanábano. Perdido entre todos había unos palos de vaca vieja, cacao y achiote.
Era la primera casa que se encontraba a mano derecha antes de llegar al caserío. El alambre de púas estaba interrumpido por una pequeña puerta de golpe, al lado de un inmenso palo de campano que estaba dentro de la propiedad. Seguía un área despejada de unos 20 metros hasta llegar a la casa, que tenía la puerta al lado derecho y no al centro como es común, a la izquierda había una pequeña ventana. La vivienda estaba pintada de dos colores, hasta un metro del piso era de color rojo, de allí hasta más arriba, de blanco. Ventana y puerta también eran coloradas. El techo era de palma amarga.
Desde la entrada se veía lo que se conoce como la loma del cementerio. También se podía observar un pequeño puente que estaba a 300 metros.
A la derecha de la casa había una enramada de palma de coroza. En la parte de atrás estaba como especie de un kiosco en forma rectangular, donde se bailaba. Luego seguía otra enramada de coroza destinada para la banda. Al lado izquierdo estaba la hornilla y como una especie de cuartucho donde se guardaban el hielo y el ron.
Detrás del kiosco rectangular se levantaba un inmenso palo de mango, a un lado y al fondo unas matas de plátano que también hacían parte de la casa. A varios metros de la platanera estaba un chiquero con varios marranos. Al lado del plátano se había cavado un gran hueco para echar toda la basura del fandango… pero en su interior lo que se encontró fue cientos de vainillas de fusil R-15.
El domingo 3 de abril el programa arrancó a las 9:00 de la mañana con las carreras a caballo, siguió con las peleas de gallos. En la tardecita se hizo un baile para niños. En la noche, antes de las 9:00, empezó el fandango. Era el día de mayor público. Aunque muchos testigos dicen no recordar, los músicos aseguran que ‘El viejo Rafa’ llegó como a la 1:00 de la tarde, acompañado de otro guerrillero apodado ‘El Gallero’, de otras personas y de una pelá nuevecita32. Como a las 5:00 de la tarde decidió irse, algunos de sus acompañantes se quedaron.
En un pequeño cuartico montaron la cantina, en donde se vendía hielo, gaseosa y Tres Esquinas. A unos cuantos metros se ubicó la máquina o picó que funcionaba con una pequeña planta eléctrica de un caballo y medio de fuerza, eran suficientes para cinco focos y la ‘potente máquina’.
Los habitantes de Mejor Esquina sólo conocían y probaban el hielo en esta época, no existía servicio de energía, como tampoco acueducto, mucho menos alcantarillado, tampoco había un puesto de salud, mejor dicho, allí no había nada.
Las casas se alumbraban con mechones que sobresalían de un frasco lleno de gas líquido. En un día de semana, cualquiera, los mechones se apagaban antes de las siete de la noche… pero ese Domingo de Resurrección se iban a apagar un poco más tarde… y para muchos, por siempre.
Desde las siete de la noche empezó a sonar el picó con los mejores vallenatos de la época. Mujeres, niñas, niños y hombres llegaron con sus mejores atuendos. Era el último día de fandango y había que vestirse lo mejor posible. Además, era el Domingo de Resurrección… no era un día cualquiera.
Nombre con el que se refiere la gente del campo a las niñas que están entre la edad de los 13 y 15 años.
Así llaman los campesinos a un equipo de sonido o toca discos.
“Vamos por esos hijueputas”
A la misma hora, y en una cercana finca a Mejor Esquina, un grupo de hombres terminaba de aceitar y limpiar sus fusiles. Algunos prendieron un vareto para estar a ‘tono’ con la misión que se les encargó.
Un hombre de mediana estatura, negro, de gruesa contextura, como de 35 años de edad, pelo quieto, cara redonda, de hablado firme y actitud imperturbable era el que estaba al mando de los nueve ‘muchachos’ que iban a realizar la vuelta. Luego de dirigir una mirada de reconocimiento y comprobar que cada uno llevara pasamontañas, terciado el fusil R-15 y pistola al cinto, ordenó embarcarse en dos Toyotas Land Cruiser, uno era de color blanco. Y con un suave tono de voz, que reflejaba su pasmosa tranquilidad, y como si se estuviera despidiendo de un hijo dijo: “Vamos por esos hijueputas”.
Salieron de la finca para llegar a Buenavista. Allí desembocaron a la Troncal de Occidente y doblaron a la izquierda, vía a Caucasia. Pero al poco tiempo giraron a la derecha por un sitio que llaman la apartada de ‘El Burro’ y cogieron hacia la vereda Puerta Negra. Luego continuaronhacia Mejor Esquina, atravesando varias fincas. Todos iban dispuestos a perpetrar una de las mayores masacres de los tiempos modernos de Colombia, y con ella se reinauguraba un cruel accionar que tiene al pueblo colombiano a pocos pasos del abismo de la desesperanza y desilusión.
Los contratistas le habían asegurado al negro, que estaba al mando del grupo: “Todo lo que hay allí es guerrilla, hasta los puercos y las gallinas”.
“Lo más seguro es que ‘El Viejo Rafa’ esté bailando ahí. Cucharo que vean, cásquenlo”. Uno de los tipos que acompañaba al negro, luego de una gran chupada al tabaco de marihuana, respondió: “Como usted diga patrón”.
Era bien cierto que el líder del grupo criminal por su formación en las Farc estaba acostumbrado a cumplir las órdenes al pie de la letra, a veces dejaba que se le fuera la mano para granjearse el respeto de sus jefes. Pero Tabaco de marihuana.
Termino despectivo para referirse a una persona mayor o de edad. Cuando decidió cambiar de bando se convirtió en el mismísimo diablo.
Los que lo conocieron de cerca aseguran que puede ser el tipo que más guerrilleros, estafetas, auxiliadores y sospechosos de serlo… y también de inocentes ha asesinado.
Los carros se iban acercando al lugar indicado, eran las 9 y 30 de la noche. Como habían cogido por un atajo, que era más largo pero seguro, salieron a mitad del camino principal; allí doblaron a la izquierda, estaban en la vía destapada que viene de Nueva Estación a Mejor Esquina.
Llegaron a una bifurcación, que está metros antes de la finca ‘Bonaire’.
Cogieron nuevamente a la izquierda.
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Poco después de las ocho de la noche, Pedro Nel Quintero Ruiz, director de la ‘Banda Tres de Mayo de Montelíbano’, dio la señal para que los clarinetes y trompetas hicieran la introducción del porro ‘El Cebú’. Se iniciaba el fandango del Domingo de Resurrección en la vereda Mejor Esquina.
La gente empezó a bailar y a seguir bebiendo.
Al iniciar la primera pieza, los hombres lanzaron su grito de alegría. Cada guapirreo iba acompañado de un trago de ron. Era la mejor señal. El director de la ‘Banda Tres de Mayo’ ya estaba más tranquilo, había salido con todo. Los porros que le quedaban por interpretar en la primera tanda debían mantener ese entusiasmo para salir bien librado de la crítica. Y, lo más importante, para asegurarse el contrato del año entrante. Antes de finalizar interpretó el himno: María Barilla. El resultado fue el mismo que por años sigue a su ejecución: Alegría, deseos de bailar y echarse al galillo un trago de ron.
Al terminar, muchos se dirigieron a la mesa de fritos. Ya que el arroz apastelao que estaban preparando en la casa del fandango era para la madrugada.
Grito de alegría del campesino cordobés.
A la entrada del baile, al lado de un gran palo de campano, estaba la mesa de fritos. Allí estaba la señora Carmen vendiendo empanadas, carimañolas de queso y carne, patacón, chicharrón, asaduras de puerco y buñuelos de fríjol cabecita negra. La bebida indicada para bajar la jactura38 era el guarapo (agua de panela con bastante limón y hielo).
A los pocos minutos ya toda la fritanga se había acabado. Pero la señora Carmen Barragán había llegado bien preparada y sacó las dos masas que trajo de reserva, una para las empanadas y la otra para las carimañolas.
Mientras tanto, por el picó seguían escuchándose los más variados vallenatos de Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez y Los Betos. Por su parte, la ‘Tres de Mayo’ descansaba y bebía.
De pronto se silenció el picó… era la señal para que la banda reiniciara el toque. Los músicos se toman lo que llaman el ‘trago de salida’, comienzan a afinar sus instrumentos y a los pocos segundos arrancan nuevamente.
Pedro Nel reinició el toque con uno de los porros más viejos y hermosos del folclor costeño: La Vaca Vieja. Era el himno musical de las fiestas del11 de Noviembre, que se celebraban hace muchos años en Cartagena, Carmen de Bolívar y Magangué, la autoría se la atribuye el músico bolivarense Clímaco Sarmiento. Muchos dicen que él no es el autor, lo cierto es que cuando lo entrevistaron sobre el tema dijo: “Bueno, yo la vi suelta y lo que hice fue amarrarla”.
La pieza que siguió fue otra joya musical del folclor sabanero, El Sapo. Continuó luego el bello porro Roque Guzmán, este evoca la época dorada que vivió un millonario hombre que le gustaban en exceso las corralejas, los fandangos, las mujeres y el trago, este último lo compraba por bultos.
Era tanto el ganado que tenía, que había un estribillo muy famoso que decía: “uepajé no joda, las vacas pariendo y Roque Guzmán bebiendo”. Luego siguió el Toro Negro… porro que nunca será olvidado.
Nombre que se le da al marrano en el campo.
Llenura por excesiva comida.
Llegó ‘El Toro Negro’
… Los dos carros cogieron a la izquierda y pasaron frente a la Mayoría de dos fincas. El camino era ondulado. Se subían pequeñas lomas y luego se bajaba a largos valles. Después de pasar el último quiebrapatas había una cuesta. Al llegar a su cima se veía un pequeño bosque que esconde el camino y una quebrada, que parecía honda pero que aún no tenía profundidad, a pesar de que el invierno había empezado a mojar al verano. El guía, que iba sentado en el centro de la silla de atrás, alertó: “Ojo que ya estamos llegando”. Se escuchó al unísono el sonido característico de varias armas cuando son desaseguradas.
Al salir de la quebrada subieron nuevamente y giraron un poco a la izquierda. La trompa del carro quedó alumbrando al cielo y desde allí alcanzaban a divisar el cementerio. Las copas de los árboles de un lado y otro se entrelazaban en un largo trayecto del camino formando como una calle de honor… pero esa noche tal distinción estaba reservada a la muerte. El guía de un momento a otro se sobresaltó y gritó: “Hey, hey, hey, apaga las luces”. La orden no se hizo repetir. El vehículo que los escoltaba ya venía con ellas apagadas, en este tipo de incursiones sólo el primero las lleva encendidas. Continuaron despacio y al llegar al frente del cementerio se divisó a lo lejos el inmenso resplandor de cinco focos encendidos y varios mechones. Era tal el destello en esa oscuridad, que parecía una inmensa fogata, como si una parte del sol estuviera escondida allí. También se oían los acordes de un porro. El negro que iba adelante se rascó la nariz con el cañón de la nueve milímetros, se giró para ver a sus acompañantes que iban en la silla de atrás del Land Cruiser, y les peló los dientes en una tétrica sonrisa de satisfacción, sus ojos se alumbraron como los del mismo Satán.
Los camperos recorrieron muy lentamente los 400 metros que los separaban del puente. Allí se detuvieron, apagaron los carros y se bajaron rápidamente. Tres se fueron por el camino real y los siete restantes por el potrero, envolviendo a la vivienda. Estaban a trescientos metros de comenzar el sangriento episodio.
Rieles colocados de tal manera que impiden el cruce del ganado u otros animales de un potrero a otro, o a otra propiedad vecina. Pero que permiten el paso de los carros sin necesidad de bajarse a abrir puertas.
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La señora Anita vio lo que sucedió con los carros y un mal presagio llegó a su cabeza. Un cosquilleo de pavor le recorrió la espalda. Apretó la mano de su marido y le dijo: “Mira que allá venía subiendo un carro y apagó las luces”.
El ganado comenzó a correr, como si lo estuvieran espantando… o estaba asustado con lo que veía venir. El marido se giró y le dijo: “Anita, recoge a los pelaos y te vas para la casa, ya mismo”. Uno de los niños hizo un ruego: “Papito, vente con nosotros”. El papá responde: “Vete, que más atrás me voy yo, con el favor de Dios no va a pasar nada”.
Según el almanaque de Bristol, guía meteorológica y astral de los campesinos, debía ser luna llena, pero el pronóstico, como siempre, no fue el más acertado, había mucha oscuridad. Sin embargo, la poca luna que se mostraba alcanzaba a robarle color a la oscuridad.
Pero esa penumbra fue la que hizo que mucha gente viera cuando el carro apagó las luces… y también le salvó la vida a varias personas que de inmediato se fueron para sus casas o para el monte a esconderse.
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Dentro de la caseta, la ‘Banda Tres de Mayo de Montelíbano’ había comenzado a interpretar el porro ‘El Toro Negro’. Es una de las melodías clásicas del folclor sabanero que cuenta lo que acontece en una corraleja cuando sale ‘El Toro Negro’. La mayoría de porros no se canta, solo se interpreta su melodía, es aquí donde muchos conocedores dicen que los porros cantados son más bellos y sabrosos para bailar, por supuesto que otros afirman lo contrario. Pero a quienes les gusta los fandangos y fiestas con banda eso no les importa, ya que todas las agrupaciones los tocan se canten o no. Este porro empieza con un sensible y hasta nostálgico sonido de trompetas, que segundos después se interrumpe con la alegre sonoridad de los clarinetes y los tambores. Es un porro que obliga a salir a bailar. Y el kiosco que servía de pista de baile en la casa de los Martínez se llenó de bailadores y bailadoras… y era que estaba sonando ‘El Toro Negro’.
Eran las 10:20 de la noche.
Afuera, frente a la mesa de frito, el profesor Tomás Berrío Wilches, que se había despedido de su mujer e hijos, terminó de comerse una empanada y esperó. Uno de los sujetos cruzó por entre el alambre de púas y comenzó a patear las sillas que encontraba en su camino. El profesor Berrío trató de abordarlo, y como respuesta recibió un disparo en la cara. Era el primer tiro de la noche. La señora Carmen gritó y quedó paralizada, con las manos metidas en la masa de las carimañolas. Y así se quedó. Sonó otro disparo, y una mancha comenzó a envolver la masa que estaba entre sus dedos, se dobló lentamente y murió sobre la mesa.
Cuando sonó el primer disparo, los instrumentos de la ‘Banda Tres de Mayo’ perdieron la armonía y cadencia, con el segundo tiro se silenciaron. Los hombres que se habían adentrado por el potrero también comenzaron a disparar contra el patio de la casa en donde estaba la mayoría de los presentes.
La gente huyó despavorida a esconderse en los rincones de la casa. No se atrevía a salir, pero la muerte estaba intratable esa noche. Todo el que corría o se quedaba quieto, moría… Hasta las bestias. Los caballos y burros que se alebrestaron con los disparos recibieron también su ración de plomo.
En cambio de los guapirreos que se lanzaban con el sonido de los porros se empezó a escuchar la voz de un tipo que, fusil en mano, venía pateando sillas y gritaba: “Salgan para fuera partida de guerrilleros hijueputas”.
Eduardo Mercado pensó que si obedecían se podía hablar con esa gente y salió… Fue acribillado. Silvio Pérez, que estaba afuera, dijo: “No sigan disparando que aquí hay mucha gente inocente”, fue lo último que dijo en su vida. Uno de los criminales se le acercó: “Cállate la boca, hijueputa”, y le disparó varias veces a la cara. Huesos y carne quedaron pegados en la pared de la vivienda.
Otro de los asaltantes gritaba: “Aquí se van a morir, guerrilleros hijueputas”.
“El que me mire a la cara se muere”. Cada insulto era acompañado de un tiro y carcajadas.
Uno de los asesinos que entró por la parte de atrás de la casa se tropezó con uno de los asistentes a quien le decían ‘Quincho’. El sicario lo conocía porque aquél se la pasaba en ‘Caballo Blanco’. Lo cogió por el brazo y le dijo:
“Apártate ‘Quincho’”, y comenzó a disparar. A ‘Quincho’ no le dio tiempo de recomendar que no disparara contra su mejor amigo, que estaba cerca de él, cuando intentó abrir la boca ya su entrañable amigo caía muerto.
Uno de los criminales gritó de pronto: “Dónde está el malparido del ‘Viejo Rafa’”. Miró hacia el suelo donde estaban tendidos los hermanos Márquez Benítez, al no recibir respuesta disparó a sus cabezas y espaldas.
Algunos músicos, junto a otras personas, se metieron en el cuartico donde estaba el hielo, la gaseosa y el trago. Otros salieron al potrero. Allí, a uno de ellos se le cayó el instrumento, era el del bombardino, y trató de recogerlo. Una voz exclamó: “No coja ese instrumento, déjelo allí”. Pero el músico ya estaba agachándose cuando escuchó la orden. Primero recibió un planazo de machete en la espalda, después dos patadas. Quedó boca abajo. Otro de los matones que vio la escena, gritó: “Móchale la cabeza”.
Pero el verdugo decidió matar a otra persona que trató de ponerse de pie.
Luego miró al músico y se echó a reír. Los miembros de la ‘comisión’ criminal iban vestidos con prendas parecidas a la de la Policía; algunos llevaban sombreros y otros pasamontañas.
A los minutos, que parecían días, los asesinos sacaron al resto de víctimas que se refugiaba en la casucha y lo tendió boca abajo. A los músicos los arrodillaron, y los instrumentos tenían que estar alzados y la cabeza mirando al pasto.
“El que se pare o trate de mirarnos se muere”.
