Por: Toño Sánchez Jr.
Me encanta narrar Historias…
Un año y ocho días antes de irse de la Casa Blanca, por ordenar grabar a los Demócratas, que estaban acuartelados en el complejo hotelero llamado Watergate, en Washington, Richard Nixon, había declarado lo que llamó ‘La Guerra Contra las Drogas. Allí nació, el primero de julio de 1973, la Drug Enforcement Administration, DEA (Por sus siglas en inglés). La Administración para el Control de Drogas.
Ya en Estados Unidos el problema de la heroína era muy serio por la Guerra de Vietnam. Soldados eran enviados en ataúdes que traían, debajo de la mortaja, algunos kilos del opiáceo. Droga excesivamente adictiva. (Recordemos que los opioides son sintéticos).
Mientras, que desde Medellín, Cali, Bogotá, Barranquilla y Bucaramanga llegaban centenares de ‘mulas’ a los aeropuertos de Miami y Nueva York cargadas de otro ‘producto’ que ha hecho famoso a este país: Cocaína.
Mientras que en Colombia se dio una trinca entre ‘empresarios’, que se apuntaban, a los envíos de los narcos; en México, florecía una ‘alianza estratégica’ entre narcotraficantes y clase política.
Mientras que los narcotraficantes en Colombia querían ser presidentes, en México, solo les interesaba entregarles la ‘feria’ (Así le dicen al dinero del negocio), y no meterse en ese oscuro mundo de la política.
Para inicios de los años 80 del Siglo XX ya estaban definidos, de facto, dos carteles de la droga en Colombia: El de Medellín y el de Cali.
En México, en el bello Estado del Tequila, los Mariachis y las Tapatías, Guadalajara, se conformaba el más temible cartel de las drogas que se conociera en ese momento y desde donde todo nació: El Cartel de Guadalajara.
Que estuvo al mando de ‘El Jefe de Jefes’, Miguel Ángel Félix Gallardo; seguido de Ernesto Fonseca Carrillo, alias ‘Don Neto’ (Tío de Amado Carrillo Fuentes, el ‘Señor de los Cielos’); y Rafael Caro Quintero. Cartel que tiempo después se desmembró y de sus ruinas nacieron todos los temibles carteles, que se conocen hoy en día en México.
Bajo ninguna circunstancia podemos olvidar el mapa Geopolítico del Mundo. Acordémonos que estamos en plena ‘Guerra Fría’. Y Ronald Reagan es el Presidente del Imperio, USA.
Nicaragua había caído en manos de los ‘Sandinistas’, apoyados por la Unión Soviética y Cuba.
Hoy, todavía uno de esos sandinistas, un tal Daniel Ortega, -acompañado de la bruja de su esposa- sigue haciendo estragos en ese país centroamericano, peor del que hicieron todos los Somoza juntos.
Tampoco podemos olvidar una orden que se llamó la ‘Enmienda Boland’. Que no es otra cosa que la prohibición del Congreso de los Estados Unidos de “apoyar, directa o indirectamente, las operaciones militares o PARAMILITARES llevadas a cabo en Nicaragua…”. (Mayúsculas son mías).
El Director de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, por sus siglas en inglés, era William Casey, un tipo, como dicen en Repelón, Atlántico, sin agüero para las operaciones encubiertas o clandestinas, y no se iba a quedar con los brazos cruzados.
Necesitaban creatividad e improvisación. Y para eso está la ‘Compañía’, la CIA, que se las trae.
Necesitaban a un enlace… o varios.
El primero que encontraron fue a un hondureño, que tenía muy buenas relaciones y negocios con los narcotraficantes colombianos… y con Miguel Ángel Félix Gallardo.
Además, tenía una buena fachada, una empresa de aviación llamada SETCO.
Nos referimos a un personaje muy conocido por la sociedad monteriana, como ‘Don José (José López Rojas), pero en realidad era Juan Ramón Matta Ballesteros.
Llegó a Montería, Córdoba, Colombia, para inicios de los años 80, a ‘invertir’ en todo, en especial en tierras. Llegó a tener más de 12 mil hectáreas. Como fachada de ‘negocios varios’ montó una concesionaria de carros Toyota, que solo vendía una referencia de ese vehículo que la llamaban ‘Anfibio’. El cuento era que siempre estaban los mismos carros en exhibición, como si nunca se vendieran. El almacén quedó en la Carrera 4 con calles 46 y 47 (Allí funcionó una cadena de mercados llamada Justo & Bueno).
Esa ‘vuelta a la manzana’ de Montería fue bien caliente. Allí tenían oficina los dos mafiosos más grandes de Colombia y del mundo en ese momento: Juan Ramón Matta Ballesteros y Don Hernando Restrepo, el famoso ‘HR’.
Tenemos que conectar todo esto a Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. A donde estaba el patrón de patrones, Don Roberto Suárez. El Hombre que se sentó en un hotel de Panamá con el Coronel Oliver North. (Leer libro de la viuda Ayda Levy, ‘El Rey de la Cocaína’).
El emporio de Roberto Suárez en Bolivia fue conocido como “la General Motors del narcotráfico”. Fue socio de Pablo Escobar, de Rodríguez Gacha, de ‘Los Caballeros de Cali’ y hasta de Fidel Castaño Gil, por no decir que, de todos los narcos de Colombia, ya que era el único proveedor, al por mayor, del insumo necesario para armar la ‘panela’ que sacarían para los Estados Unidos.
Dos hermanos de Fidel Castaño mueren en un accidente en una avioneta que despegó de Bolivia, de una de las haciendas de Suárez, desde donde despachaban base de coca para Colombia (Historia narrada al detalle en el libro HERMANOS DE SANGRE. Editorial Intermedio Editores). @IntermedioCol
Don Roberto Suárez, después de reunirse con la gente de la CIA, en un exclusivo hotel en Panamá, le afirmó a un amigo: “Vamos a enseñarles a estos gringos como se teje a ‘tres puntá’”. Y se los enseñó.
Ese mismo, Don Roberto Suárez, era quien mantenía trabajando a toda máquina el más famoso y gigantesco laboratorio de cocaína que se conociera en Colombia y el mundo: TRANQUILANDIA.
Estaba ubicado en zona selvática de Colombia, en los Llanos del Yarí, entre los Departamentos del Meta y Caquetá.
El entonces Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que atravesaba por un escándalo en el Congreso de Colombia, por un cheque que le dio el mafioso Evaristo Porras; y el Coronel Jorge Ramírez Gómez, un aguerrido e incorruptible oficial de la Policía Antinarcóticos, se unieron con la DEA, para asestarle el más duro golpe a los narcos colombianos: Tomarse Tranquilandia. Y así sucedió un 5 de marzo de 1984.
Mientras Ministerio, DEA y Policía celebraban en Bogotá; en una finca de Pacho, Cundinamarca, convocaban a todos los mafiosos del llamado Cartel de Medellín a una reunión ‘extraordinaria’.
La suerte y vida de Lara Bonilla y del Coronel Ramírez estaba echada.
Todos dos serían asesinados por el Cartel de Medellín. El primero, en la noche del 30 de abril de 1984. El segundo, un 17 de noviembre de 1986.
El país se consternó simplemente, pero nada cambió. Ni ha cambiado.
Como dato curioso, de lo acontecido en el operativo que acabó con Tranquilandia, allí encontraron un helicóptero Huges 500 de matrícula HK-2704, que estaba a nombre de un señor Uribe, que el parecer era el padre de un Presidente de Colombia. Son datos sueltos. Que se han prestado para todo tipo de interpretaciones. Pero los paisas siempre han sabido lavar los platos sucios y ‘semisucios’ en cocina cerrada herméticamente.
En fin, William Casey quería pasarse por la faja la ‘Enmienda Boland’. Y se la pasó.
¡Aaaah! No olvidemos lo que pasaba en Irán.
El tal Sha Reza Pahlevi, impuesto por Estados Unidos y Londres, tiene que salir huyendo de su país, un 15 de enero de 1979. Con su escape de Irán, se hace una realidad el regreso del Ayatollá Komeini el 1 de febrero de 1979, después de un exilio de 15 años en Francia. La Embajada de los EE.UU. es asaltada. Allí el mundo es notificado que el verdadero fundamentalismo ha llegado a Irán. En noviembre 4 de 1979 una turba de iraníes se toman la sede diplomática de los Estados Unidos y secuestran a varios funcionarios.
Todo no ha terminado allí. En diciembre de 1979 los rusos invaden a Afganistán. Y a finales de 1980 el lrak de Saddam Hussein ataca e invade parte de Irán.
Esa región del mundo es todo un hervidero. En especial el área del Golfo Pérsico por donde pasa el 72 % del petróleo del mundo. El Estrecho de Ormuz son solo 34 kilómetros, que quien lo cerrara ponía en riesgo a la industria y economía mundial.
Todo se agrava para los EE.UU. cuando en Beirut, terroristas hacen explotar un camión en el aeropuerto donde estaban acantonados los Marines. Mueren 241 soldados norteamericanos y 58 franceses.
A todo esto, se suma que un grupo terrorista chií, que se hace llamar ‘el Partido de Dios’, Hezbolá, apoyados por Irán, secuestran a varios ciudadanos norteamericanos en el Líbano.
Dicen que los Estados Unidos no negocia con terroristas, pero eso está por verse o existe una ‘diplomacia’ subterránea para el terrorismo.
Y comienzan unas ‘negociaciones’ o ‘conversaciones’ secretas.
Para no ponernos extensos la jugada fue así.
Estados Unidos le vendía armas a Irán (Por debajo de la mesa) que estaba en guerra con Irak, la contraprestación era que Irán intercedía para la liberación de los secuestrados americanos.
Pero de dónde salía el dinero…
Aquí entra la gente que lo tiene. Y una región del Caribe colombiano, idónea para almacenar y despachar la ‘mercancía’… Córdoba.
El billete estaba en manos de Roberto Suárez, el Cartel de Medellín y de Cali, Juan Ramón Matta Ballesteros y el As de Oros (Baraja Española): el Cartel de Guadalajara.
Se acerca la desgracia para todos.
Juan Ramón Matta Ballesteros se pone en contacto con el Cartel de Medellín y de Cali para comprarle cientos de toneladas de cocaína que se llevarán a un rancho en Veracruz, México. Y de allí salían para Estados Unidos. Del producido del ‘trueque’ salía una parte de dinero para comprar las armas que se le venderían a Irán a escondidas. Y otra parte del ‘producido’, para la compra de pertrechos y armamento para la Contra Nicaragüense.
Cocaína colombiana por armas.
Este negocio empoderó a los mafiosos de Colombia. Creyeron que por estar negociando con los gringos los haría intocables a futuro. Qué engañados se encontraban. Estaban por conocer cómo Estados Unidos termina o cierra sus operaciones encubierta o clandestinas.
Todo iba bien, era un éxito total, la alianza: carteles – CIA. Hasta que un 8 de noviembre de 1984 el Ejército mexicano, junto con la DEA, se les dio, por una investigación hecha por Enrique Camarena, allanar el Rancho Búfalo, en Chihuahua, México. Allí había miles de hectáreas sembradas de marihuana, sembradío que empleaba a más de cinco mil personas, llegaron a decir que hasta diez mil trabajadores, en condiciones de esclavitud estuvieron allí.
La ‘mota’ (Nombre de la marihuana en México) decomisada, unas 5 mil 500 toneladas aproximadamente, fue avaluada en 6 mil millones de dólares.
Todo ese sembradío de ‘mota’ era de Rafael Caro Quintero.
Era el decomiso más grande de la DEA, después del de Tranquilandia, en Colombia, acontecido el 5 de marzo de 1984.
Pero alguien tenía que pagar por ese gigantesco decomiso.
Y toda la responsabilidad cayó sobre el agente de la DEA, Enrique ‘Kiki’ Camarena.
El jueves 7 de febrero de 1985, como a las dos de la tarde, cuando salía a encontrarse con su esposa Mika, para almorzar en el restaurante preferido de los dos, es abordado en todo el frente del Consulado de la Embajada de los Estados Unidos en Guadalajara, por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, DFS.
Vinieron 36 horas infernales de tortura para Camarena y el piloto que lo ayudó a dar con el Rancho El Búfalo, Alfredo Zavala Avelar. Todo aconteció en la Casa 881 de Lope de Vega de la colonia Jardines del Bosque en Guadalajara.
El médico ginecólogo, Humberto Álvarez Machaín, fue el encargado de mantener con vida a Camarena, mientras lo torturaban.
Pero en ese interrogatorio aparece un misterioso personaje, Max Gómez, quien no es otro que Félix Rodríguez, operador de la CIA. Quería saber qué sabía Camarena de la operación de drogas por armas con la ‘Contra’ nicaragüense.
Rodríguez, quien se hizo famoso por estar en la foto con ‘Che’ Guevara en Bolivia cuando lo ejecutaron, siempre ha desmentido haber estado en Guadalajara para esa época.
Lo cierto es que, con la muerte de Enrique Camarena, todos los agentes de la DEA compraron un seguro de vida… de por vida. Nadie se atreve a tocarlos en el mundo.
Y la historia de la guerra contra las drogas quedó como una de las farsas más grandes de los Estados Unidos.
Por su parte, Juan Ramón Matta Ballestero se convirtió en el mayor terrateniente de Córdoba, junto a Fidel Castaño Gil, quien era también su socio, pero al pasar el tiempo se distanciaron.
*** Matta Ballesteros fue detenido en una lujosa casa de Bocagrande en Cartagena, Calle 9 con Cra 3ª esquina, el lunes 29 de abril de 1985.
Ofreció 60 millones de pesos si lo dejaban en libertad.
Así, uno a uno iban cayendo todos los implicados en el asesinato del agente Enrique Camarena. El 4 de abril del mismo año había caído en Costa Rica, Rafael Caro Quintero. Y el 7 de abril Ernesto Fonseca Carrillo, alias ‘Don Neto’, es capturado en Puerto Vallarta, en una lujosa casa de ese balneario, autoridades afirmaron en su momento, que era del Gobernador del Estado de Jalisco.
Juan Ramón Mattta Ballesteros se vuela de la cárcel La Modelo de Bogotá entre la noche del martes 18 de marzo de 1986 y la madrugada del 19.
Hasta que el martes 5 de abril de 1988 fue capturado en Honduras y subido a un vuelo comercial a Santo Domingo. En espacio aéreo internacional lo capturan agentes de la DEA y le leyeron sus derechos. Ya en el aeropuerto internacional de Quisqueya lo montan en un vuelo comercial de Eastern, el 928, que lo lleva hasta el aeropuerto JFK de Nueva York.
Y allá está en una cárcel de los Estados Unidos pagando una larga pena.
Mientras que sus tierras en Córdoba no se saben en manos de quién están. Como tampoco se sabe a quién le rinden cuesta sus testaferros.
Es así, que Córdoba fue una ‘despensa’ y ‘despachadero’ de cocaína a inicios de los años 80 del Siglo XX, para dar cumplimiento al plan de intercambiar cocaína por armas para la contra nicaragüense y para Irán.
Por eso es que en Córdoba se han definido muchas cosas para Colombia y para el mundo de las drogas.
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*** Historias tomadas del Libro Hermanos de Sangre y Crónicas de un país herido: Crónicas que da miedo contar.
*** Libros recomendados para conocer más de estas historias: La CIA, Camarena y Caro Quintero, J. Jesús Esquivel. Los Señores del Narco, Anabel Hernández. El Rey de la Cocaína, Ayda Levi.
