“Yolanda y Manuel, piérdanse que los van a matar”.

Por: Toño Sánchez Jr.

Nota del Autor:

Esta es una Crónica Roja (Así se le decía antes a la Crónica Judicial de los periódicos), que he decidido escribir para dar a conocer cómo sucedieron estos hechos y tratar de entender el por qué. No se trata de un informe judicial ni nada de eso. Ni de acusar a nadie, ese no es mi trabajo como Periodista. Yo solo les voy a Narrar Historias. Esta narración fue soportada en fuentes que quisieron contar su versión. Aunque es sabido que pueden cambiar sus versiones para reducir su responsabilidad en los hechos contados y para no contradecirse con lo que narraron en la Fiscalía, Juzgados, Tribunales y Corte. También nos apoyamos en apartes de expedientes a los que tuve la fortuna de conocer, por lo que estoy obligado a guardar la reserva sobre esas fuentes. Voy a narrar solo lo que pude documentar. Y lo hago para que, a líderes como esta señora, Yolanda Izquierdo, no las sigan matando, solo porque no nos gusta el trabajo que hacen. Y para que también esos mal llamados líderes sociales no abusen de su investidura civil.

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Aquí matan más por problemas de tierra que por infidelidad o deudas.

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No hay duda que el tema de la tierra en Colombia es un problema irresuelto. Que ha traído –y seguirá trayendo- más muertos.

Pareciera que ese movimiento literario que se constituyó a inicios del Siglo XX, para adentrarse en lo que se conoció como la Novela de la Tierra estuviese viviéndose todavía hoy en Córdoba y en Colombia.

Con Rómulo Gallegos tuvimos a la cruel ‘Doña Bárbara’ que hacía engrandecer sus propiedades utilizando la violencia y la ilegalidad. En Colombia tenemos a muchos ‘Don Bárbaros’ que hacen lo que sea por quedarse con tierras de gente indefensa.

El asesinato de Yolanda Izquierdo fue un lunes 31 de enero de 2007, como a las 6:30 de la tarde. Pero se comenzó a gestar -como centenares de crímenes más-, desde el 14 de enero de 1990 con un hecho acontecido en un mísero caserío de Turbo, Antioquia, llamado Pueblo Bello.

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Era finales de 1989, ‘Don Jaime Fajardo’ estaba en su finca, donde iba a pasar fin de año. Lo primero que hizo fue llamar por radioteléfono a la hacienda que tenía en el Chocó llamada ‘Tanela’, en donde llegó a tener más de dos mil vacas paridas. Allí estaba su pie de cría de ganado, que cuando crecía lo sacaba para sus otras fincas del Urabá antioqueño.

Las hembras se quedaban en Tanela y los machos los mandaban en un Bongo gigante que tenía Fidel, al que le cabían más de 250 terneros. Cruzaban el Golfo y atracaban en Turbo, desde allí decenas de camiones los llevaban a sus fincas Las Tangas y Jaragüay.

‘Don Jaime Fajardo’, que no era otro que Fidel Castaño, traía de manera legal, mucho ganado Brahman Americano (Se lo mandaban de Texas), y lo desembarcaban en el Chocó, que era zona libre de aftosa para aquellas épocas. Toda esta importación de ganado era para mejorar la raza y la productividad. Fue así que llegó a construir el más gigantesco hato ganadero que se conociera en Córdoba y Urabá.

Casi todos los ganaderos de esas dos regiones tenían cargados sus potreros con ganados marcados con el hierro CF (Fidel Castaño al revés), tiempo después lo cambió por el 85, así aparecen registrados en el ICA.

La empresa que manejaba los ganados de Fidel se llamaba CAECA y tenía sus oficinas en Montería.

Ganaderos de la capital cordobesa, que la guerrilla los tenía casi arruinados, se salvaron de la quiebra gracias a la ayuda de Fidel que los surtió de ganado a partir utilidades con el porcentaje 55/45%. Castaño les financiaba la sal, los purgantes, las vitaminas y las drogas.

‘Don Jaime Fajardo’ tenía tres frentes de trabajo: Su sociedad con Pablo Escobar. Combatir a la guerrilla junto al gatilleo a la UP. Y la ganadería extensiva.

Todo iba bien con respecto a este último quehacer, hasta que sucedieron dos hechos que desencadenaron una tragedia que se vino para estas dos regiones –Córdoba y Urabá- y para toda Colombia.

El primero, fue un secuestro, acompañado de tortura y asesinato de su administrador, Humberto Quijano, junto a otro trabajador. Sucedió en la mañana del miércoles 29 de noviembre de 1989 en un paraje llamado El Limón, del corregimiento El Tres, en comprensión de Turbo, Urabá antioqueño.

Quijano, que era oriundo de Salgar, Antioquia, era una persona muy querida por Fidel Castaño. Y tenía que quererlo mucho, porque era amante de su hija.

A Quijano, después de torturarlo, le disparan y lo pican los del EPL.

El segundo, también aconteció en Turbo, pero a inicios de diciembre de 1989, por los lados de Alto de Mulatos, ya llegando a un pueblito del que se hablará por siempre, Pueblo Bello.

Se acercaba una terrible Navidad para esta comunidad que jamás ha olvidado lo que allí pasó y demostró la crueldad a que se puede llegar en esta guerra que vivió –y vive- este país.

De la hacienda ‘Tanela’, en el Urabá chocoano, despacharon 43 terneros en un bongo, que ese mismo día llegaron al puerto de Turbo. Allí, seis camiones Dodge 600 recogieron a los animales. Era un poco más del mediodía.

En un sitio de esa casi intransitable vía estaba un retén del EPL. Los guerrilleros decidieron robarse todos los terneros.

Fidel Castaño al enterarse del robo del ganado tomó una decisión que pondría una impronta sobre él de lo que era capaz de hacer en esta guerra. Hecho que lo perseguiría a él y a su apellido toda su vida.

Por eso, a muy baja voz, se decía en Medellín que Pablo Escobar Gaviria le temía a Fidel y a Carlos Castaño, pero más al primero. Lo mismo que Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’, quien profesaba un inmenso respeto y temor por Fidel.

Ya en las Tangas todo se sabía por el radioteléfono.

Fidel convoca a una reunión en el quiosco de ‘Las Tangas’.

Había un silencio que asustaba.

Allí se congregaron todos los hombres de su más entera confianza.

Toma la palabra y le ordena a Manuel Salvador Ospina Cifuentes, alias ‘Móvil 5’, que coordine y dirija la acción que se propone.

Exige que sea lo más rápido posible. Por lo que escogen la noche del domingo 14 de enero de 1990 para perpetrar la despiadada acción.

Fidel decide cobrar una vida humana por cada ternero: 43 x 43.

“Me traen solo a hombres y en especial a ‘Asdrúbal’”: Este era el carnicero del pueblo.

Los cuatro camiones, también Dodge 600, salen de ‘Las Tangas’ con aproximadamente 60 ‘Tangueros’. Fidel los ve partir.

En el trayecto, de ida y venida, tenían que pasar por el centro de San Pedro de Urabá, por una pequeña Base Militar y por un retén del Batallón Vélez.

Todos llevaban pasamontañas y pañoletas rojas y rosadas en el cuello para identificarse y no confundirse.

Aproximadamente a las 8:30 de la noche comenzó ‘la recogida’. Tumbaron puertas, incendiaron locales y casas, en especial todo lo de ‘Asdrúbal’.

Solo había miedo, gritos y llanto por parte de las mujeres y niños de Pueblo Bello.

Qué ironía… llamarse Pueblo Bello y vivir este infierno.

Uno de los conductores de los camiones grito: “Traigan más que no hemos completado el embarque”.

A todos los amordazaron, pero aun así se quejaban y se oía.

En la parte de adelante del primer camión iba Rogelio de Jesús Escobar Mejía, alias ‘Relámpago’, era de Amalfi, Antioquia, conocido por todos los Castaño. Era común que estos trajeran toda la gente de confianza de este municipio de donde eran oriundos.

Una decisión de ‘Relámpago’, semanas después, daría un cambio total a todo lo que pasó esa tenebrosa noche en Pueblo Bello, que aún no había terminado para las 43 personas que ‘levantaron’.

En la madrugada los camiones entraron a ‘Las Tangas’ y allí estaba Fidel Castaño. Cuando vio a toda esa gente bajar de los camiones se quitó la gorra y se rascó la cabeza.

–      Llévenlos para los lados de la playa, en Jaragüay. – Ordenó

Allí comenzó el verdadero dolor para esa gente.

Una retroexcavadora iba cavando, un grupo iba ejecutando y otro iba enterrando.

Se demoraron todo un día en esa faena.

Confiaron en que el río Sinú hiciera su parte… pero ese río se negó…

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Continuará…

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