Nuestros verdaderos referentes

Por: Toño Sánchez Jr.

Todo empezó en 1998 en el Colegio Inem de Montería (Km 3 vía a Cereté) cuando la que iba a ser su mamá salió embarazada de John Jairo, el novio de toda la vida colegial. Estaba en Sexto Bachillerato (Así se le seguía diciendo al Grado 11).

Bien barrigona recibió, con todo orgullo, su Título de Bachiller Académica – Promoción 1998 del Inem.

En Boca de la Ceiba, hermoso pueblito de Montería, a margen izquierda del Río Sinú, hubo una grandiosa celebración por la graduación de sus muchachos, en especial por Sandra Torres y John Jairo Licona.

A las pocas semanas de ese festejo nació una bebita que hoy tiene soñando a millones de colombianos con una Medalla Olímpica: Lina Licona Torres.

Esta mujer de Boca de la Ceiba saldrá el domingo 4 de agosto 2024 a correr por esa medalla en la modalidad de 400 metros planos.

Cuando niña no tenía ninguna inclinación por algún deporte. Solo montar en bicicleta y correr por el pueblo jugando con sus amigos y amigas.

Sus padres vieron que no había manera de salir adelante por su tierra, por lo que años después decidieron tomar un riesgo, irse para Bogotá. Un amigo de John Jairo, que estaba por allá hacía tiempo, lo convenció y le brindó lo que uno más necesita en estas arriesgadas decisiones, apoyo incondicional.

Se fue para Bogotá y comenzó a trabajar en Corabastos a descargar camiones. Eso le dicen por estas tierras cotero, bultero. Y desempeñaba su trabajo con entrega y disciplina. Después la vida le deparó cosas mejores en lo laboral.

Mientras que Sandra entró a una empresa a desempeñar oficios generales.

Mientras tanto, Lina estaba en el colegio. En la unidad donde vivía se hace amiga de todo mundo. Allí unas amigas la enseñan a patinar. Le encanta el patinaje y comienza a patinar con unos patines prestados. Todos los días en la unidad ponía a residentes en riesgo total. Como no controlaba del todo los patines, pero le gustaba la velocidad, estuvo a punto de mandar al hospital a varios residentes.

Hasta que su padre decidió llevarla al Salitre donde está el Centro de Alto Rendimiento y la metieron a una escuela de patinaje.

Un día un entrenador la ve con detenimiento y le dice que por qué no entrena atletismo. Le hace saber que su fenotipo no es para patinaje. Y la invita a que se haga el Test de Cooper. Ella, indecisa, acepta y los resultados fueron incontrovertibles y contundentes… Atletismo puro.

Se entristeció porque amaba el patinaje. Pero negoció. Unos días de atletismo y otros de patinaje. Y allí comenzó todo.

Un día alguien dijo que uno termina encontrando su destino en el camino que evitó para encontrarlo. Y parece ser que así es.

Comenzó a correr. Y lo hacía como si estuviera patinando.

La llevan a competir por primera vez. Sus padres se sorprenden porque la llevan a competir con gente más grande y con más tiempo.

¡Y ganó!

Desde allí comenzó con más disciplina, entrega y perseverancia.

Su padre, pedía días de compensación en su nuevo trabajo, para llevarla a los entrenamientos. Salía a mediodía, la recogía en el colegio, almorzaban y para la pista.

Hasta que se convierte en una atleta de alto nivel y de élite para Colombia.

La comienzan a seguir y proteger.

Todo iba bien, pero sale embarazada. Embarazo diagnosticado de alto riesgo.

Estuvo a punto de morirse esa noche en la clínica, sus padres solo se enteraron después por los médicos y enfermeras que la atendieron. Quedó excesivamente débil. Por lo que le tocó como una especie de reinicio, hasta que volvió a estar en forma.

Fue a un torneo internacional, le fue bien, pero empezó a sentir una molestia en uno de sus talones de Aquiles. Lo atribuyó a una pequeña incomodidad que pronto se le pasaría, se acercaba diciembre y con el descanso de fin de año todo estaría bien en pocos días.

Su mamá Sandra le comenzó a decir: “Tú estás caminando raro”.

No había dimensionado la lesión. Tuvieron que operarla y salió de las pistas por dos años. Tristeza, decepción y frustración llegaron a su vida.

Es aquí cuando el Comité Olímpico le presta todo su apoyo y acompañamiento sicológico.

Fueron días, semanas, meses y un par de años de incertidumbres, de muchas preguntas y hasta de miedo… de si iba o no poder volver. Pero es aquí donde descubrimos de qué realmente estamos hechos.

Y no me cabe duda de que las MUJERES SINUANAS están por encima de todo desafío. Lina Licona Torres es la prueba de ello y el referente que tenemos que tener.

Regresó a las pistas.

Pasó un tiempo y ya estaba en alta competición y lista para ganarse ese cupo que sueña todo atleta en el mundo… ir a los Juegos Olímpicos.

En Brasil rompe el record nacional de los 400 metros planos y queda a unas centésimas de lograr la meta de ir a París 2024.

Regresa a Colombia y comienza a entrenar para la próxima y definitiva cita: Quito, Ecuador.

Su mamá la llama y le pregunta en qué modalidad va a correr. Lina nunca le dice, se lo deja como una sorpresa para cuando termine.

Ese día que corría en Quito, su mamá, Sandra, la llama y le vuelve a preguntar y no le dice. La bendice y se despiden.

En el trabajo, Sandra, tiene el celular en un sitio por donde pasaba y miraba a ver si había alguna llamada. Por sus ocupaciones se olvida de él y una de sus compañeras llega y le dice: “Te está llamando tu hija”. Se le aceleró el corazón y elevó una plegaria de agradecimiento a Dios.

  • ¡Aló, hija! –Exclamó.
  • ¡Mamá! Lo logramos, clasifiqué a los Olímpicos. ¡Gracias a Dios!

Como cronista diera lo que fuera por ver ese instante.

Expreso mi ADMIRACIÓN PÚBLICA por estos padres y esta hija. Estos son los verdaderos referentes que hay que seguir y nos dan bellos e inolvidables ejemplos de vida.

Quiero decirle a la Familia Licona Torres que me siento Orgulloso de ser paisano de ustedes.

Y este domingo comienzan los últimos 400 metros para lograr la Grandeza.

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