Por: Toño Sánchez Jr.
Ponga usted el orden en que considere debe ir el título de esta Columna de Opinión. Lo cierto es que en esos tres ejes se está moviendo el presente de Colombia, que millones de personas se niegan a ver, más bien, descalifican y atacan a todos aquellos que se atrevan a mostrar esta dura y desesperante realidad.
El pasado martes 4 de junio Netflix estrenó un excelente documental sobre la Segunda Guerra Mundial, para conmemorar los 80 años del desembarco a Normandía, un 6 de junio de 1944. (Con todo afecto y respeto invito a miren todo este trabajo histórico). Al verlo uno constata como desde el odio, el resentimiento y el miedo se construye una ideología que lleva a los más terribles actos con tal de quedarse en el poder.
“Las revoluciones son posteriores a la toma del poder, no antes”, así cuentan los historiadores que le dijo Adolf Hitler a Ernst Röhm, comandante de los ‘Camisas Parda’, un grupo que se dedicaba a crear el caos y el vandalismo cuando había manifestaciones del partido Nazi. Una versión más moderna puede ser lo que se conoce en Colombia como ‘la primera línea’.
Después de esta reunión entró en escena un macabro jefe de propaganda, Joseph Goebbels, que logró a que se acuñara aquella máxima, hoy todavía vigente en esta nación: “Una mentira repetida constantemente puede convertirse en verdad”.
“Lo principal es que hablen de nosotros”, decía Goebbels. Pero su estrategia estuvo enfocada en “maquillar la imagen pública de Hitler para que se viera como el salvador de la nación alemana”, describe un historiador del documental.
“Cuando la gente no puede mantenerse así misma se va a los extremos, al partido nazi o al partido comunista”, señalaba otro analista de la serie.
Goebbels comenzó con una campaña de descrédito y ataques contra todo contradictor político, oposición, empresario o ciudadano que cuestionara sus ideas o llegara a controvertir al Führer.
También graduaron de demonios a los judíos, las personas de color, los discapacitados y hasta los gitanos, otros más.
Hoy en este siglo, en el año 2024, los demonios son los demócratas, los de centro, los de derecha, los exitosos empresarios –aunque los que se han entregado les quitan el diploma de demonios-, los ricos, los periodistas que cuestionan y no replican su ideología, los ganaderos, los grandes hacendados, los cultivadores, los gremios que no ‘afinen’. En fin, todo ciudadano que no acepte que el ‘cambio’ llegó y que ellos lo encarnan.
Por eso, cuando no logran que haya una entrega de toda la sociedad a su discurso comienzan a vociferar que los están persiguiendo, atacando y que no los dejan lograr el gran ‘cambio’ que se proponen, que no es otro que reventar en mil pedazos la Constitución y perpetuarse en poder.
Recuerden que la ‘revolución’ viene después de la toma del poder y que ya tiene nombre: Constituyente.
Esta es la palabra mágica para ocultar tanta corrupción – violencia – e incertidumbre.
Y al igual que los Nazis en 1935 había que construir una narrativa ideológica que neutralizara a todo opositor.
Paralela a esa narrativa había que tener una fuerza paramilitar que allá se llamaron los ‘Camisas Pardas’ y las temidas SS (Schutzstaffel) comandadas por el terrorífico Heinrich Himmler.
Guardando las proporciones –eso estará por verse- acá pueden ser las disidencias de las Farc, el mismo Eln, los pueblos farianos que se crearon con tantos años de guerra, la ‘primera línea’ -y las que faltan-, el ‘poder constituyente’ (El proletariado, la masa, la base), los sindicatos (Los que se consideran ‘propias tropas’) y lo que llaman ‘fuerzas vivas’. Muchos no necesitan de un arma física como tal, solo la voluntad de subvertir el orden, tomarse las calles, desacreditar y atacar a la autoridad legalmente constituida. Y ya está listo el coctel.
Este ‘manual’ es viejo de haber sido elaborado, publicado y aplicado. Dio resultado en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Ecuador, entre otros. Solo falta la cereza del pastel, Colombia.
Al ver el documental de Netflix uno queda impresionado de cómo todo un país, como Alemania en este caso, ignoró todas las advertencias de lo que se vendría con Hitler a la cabeza del partido Nazi y todos sus colaboradores.
Esta es otra cosa, los colaboradores. En la serie queda claro cómo competían por quien era el más perverso para estar al lado y cercano al Führer. Se desacreditaban entre ellos para evitar que otro fuera el preferido del dictador. Cerraban el paso a toda persona, fuera de su círculo, que quisieran llegar a Hitler.
Solo lo adulaban y le decían lo que quería oír. Nunca le llevaron la contraria.
Hoy, más de 80 años después, también ignoramos todas las advertencias que nos hacen de lo que puede suceder en Colombia.
Deidre Van Ayk, nieta del periodista norteamericano William L. Shirer, quien cubrió el ascenso de Hitler, como corresponsal para varios medios, narró que su abuelo la alertó para que tuviera siempre presente lo que pasó en Alemania porque eso se podría repetir muchos años después. “Lo que pasó allá puede pasar acá, no pueden ser complacientes”.
Tal vez no de la misma forma, pero ya hemos visto a los Sadam Hussein, Muamar el Gadafi, Hugo Chávez, Manuel Antonio Noriega, entre muchos.
Pareciera que tener una sociedad resentida, ignorante, enfermiza y pobre es el estado ideal para estas ideologías progresistas… o de izquierda que es lo mismo.
Dijo Goebbels en un discurso al pueblo alemán: “Elijan entre la paz o la guerra”.
Los alemanes eligieron a Adolf Hitler y ya sabemos todos como terminó eso.
Fue como una especie de ‘locura colectiva’.
