Por: Toño Sánchez Jr.
Ayer 3 de abril, cuando viajaba para Mejor Esquina, en Buenavista, Córdoba, para hacer un trabajo periodístico, comencé a preguntarme cómo me enteré de esta terrible masacre. Por lo que quiero iniciar este artículo con ese duro recuerdo, que me persiguió durante muchísimos años y que terminó siendo uno de mis libros.
Trabajaba en el Diario El Tiempo de Bogotá. Como estaba a penas empezando en esto del Periodismo llegaba muy temprano y me iba para la sala de teletipos donde llegaban todos los cables de las agencias internacionales de noticias y de la agencia Colprensa.
Fue allí cuando el responsable de esa dependencia me comentó, mientras leía un cable de Colprensa, que solo tenía dos párrafos, que estaban escribiendo que en Córdoba había ocurrido una masacre. Que había que esperar más detalles.
Ya para las 10 de la mañana los periodistas, responsables de judiciales, tenían más información y el sitio donde ocurrió la masacre.
Oí cuando gritaron: “Llamen a Toño Sánchez”. Yo creí que era conmigo y me paré, abrí mis brazos, como diciendo ‘qué pasó, aquí estoy’.
- No es a usted, es a su papá en Montería, gritó ‘Pacho’ Santos, Jefe de Redacción, quien vivía con mucha pasión y energía las noticias, más cuando eran de incidencia nacional y mundial.
En ese tiempo estaban de moda las infografías, para detallar sitios de los cuales no se tenía fotografía alguna. Cuando la vi, supe que yo tampoco conocía a Córdoba. Era la primera vez en mi vida que escuché hablar de Mejor Esquina y saber donde quedaba.
Esa misma mañana salieron para Montería un veterano cronista del periódico y un fotógrafo. Llegarían por la tarde.
Ya el periodista Toño Sánchez Charry, mi padre, y su fotógrafo, se fueron en un carro expreso para Mejor Esquina.
Era 1988 no existía la tecnología de hoy.
El Tiempo tenía 3 ediciones. La primera, se cerraba a las 5 de la tarde. La segunda, a las 8 de la noche. Y la última, a la una de la madrugada.
Por lo que el fotógrafo tenía que regresarse de primero para revelar los rollos y escoger las fotos que mandaría para El Tiempo, en Bogotá.
Ya reveladas debía llegar a Telecom, en la calle 33 con carrera segunda esquina en Montería, para solicitar un servicio, que era el arriendo de un equipo, por donde se podía enviar el material fotográfico.
En El Tiempo, en Bogotá, había una máquina receptora que estaba alimentada con papel fotográfico, que, al conectarse, recibía las fotos enviadas.
Dieron la orden que la prioridad para recibir material fotográfico la tenía Montería, debían llegar antes de las 5 de la tarde. La primera página ya estaba diagramada con foto a cuatro columnas y el pase a la página interior también, era una página completa.
La fuente de toda la información que estaba llegando era de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y el DAS.
Como a las dos de la tarde comenzó a repicar uno de los teletipos de los corresponsales en Colombia, era el de Montería.
Esos equipos se llamaban Télex, eran grandes, funcionaban con una línea telefónica y corriente eléctrica, tenían un fuerte sonido peculiar.
En la sala de los teletipos había varios periodistas viendo lo que se escribía desde Montería. Todo se reproducía al mismo tiempo en otro equipo acá, pero más moderno, alimentado con un gran rollo de papel blanco.
El encargado arranca del teletipo la noticia enviada y se la lleva al subjefe de Redacción, Guarino Caicedo, el único negro que trabajaba en El Tiempo, quien se encarga de corregirlo. De allí lo envía a una sección donde estaban unas mecanógrafas que lo transcribían y lo despachaban a producción.
Cuando llegó a esta sección fue cuando pude saber lo que pasó en Mejor Esquina la noche de ese Domingo de Resurrección de 1988, de manos del corresponsal de El Tiempo en Montería.
Las fotos que llegaron eran desgarradoras. Escogieron las que encajaban en el estándar del Manual de Estilo y Ética del periódico.
Como si el tiempo no hubiese pasado
Llegar a Mejor Esquina es comprobar que el tiempo sí se detiene, que hay lugares donde todo es igual, nada cambia.
El olvido de este golpeado corregimiento es humillante. Tanto de la Alcaldía de Buenavista, como de la Gobernación de Córdoba.
Yo entiendo que todos los corregimientos, veredas y caseríos tienen que ser iguales para un gobernante, pero hay algo que se llama, excepción. Y Mejor Esquina, como otros pueblos, deben tener un tratamiento especial. Allí asesinaron a sangre fría a 27 seres humanos.
Creo que es suficiente razón para tener una especial consideración con esa comunidad, estoy seguro de que el resto de Córdoba no solo lo entenderá, sino que lo apoyará.
Es degradante que haya familias que no han sido si quiera reparadas. Ya con este punto, podemos ver como ha sido el tratamiento excluyente con estas víctimas.
La última obra que hicieron allá fue hace 12 años que construyeron dos planchas para el colegio, le hicieron un encerramiento y lo pintaron.
Miren eso, 12 años sin pintar un colegio y sin hacerle mantenimiento a los salones.
Cada vez que un político o gobernante se aparece por allá le ruegan por una cancha para hacer deporte, porque la plaza polvorienta donde juegan es la misma vía que tienen que coger los carros y camiones.
En fin, pobre Mejor Esquina. Se quedó fue con viudas, huérfanos, dolor y olvido.
